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Archivo Visual Amazónico

El Archivo Visual Amazónico es un proyecto dirigido por la historiadora Elena Gálvez, quien ha emprendido una labor de búsqueda y conservación de imágenes de la memoria amazónica junto a Omar Bonilla, historiador e investigador de esta región, y Andrés Soto, artista y editor. Esta propuesta busca difundir estos acervos por medio del acceso en medios digitales: https://www.archivovisualamazonico.org/

Hasta el momento el archivo cuenta con cuatro fondos: “Clínica Ambiental”, “Activismo Global / Land is Life / Hahku”, “Iván Castaneira” y “Laura Avilés Azuga”, y se están gestionando materiales fotográficos de Perú, Bolivia y Brasil. Este repositorio puede ser consultado y utilizado por personas dedicadas a la creación artística, el activismo y la investigación académica.

Compartimos en Paralaje un ensayo de Elena Gálvez sobre el Archivo Visual Amazónico, una selección de imágenes y una Carta de Adolfo Maldonado escrita a propósito de la presentación de sus fotografías de la Clínica Ambiental en la exposición “Plantasia Oil Co.” del artista Adrián Balseca, realizada en la galería N24.

 Fotografía: Adolfo Maldonado, Clínica Ambiental

Archivo Visual Amazónico: Del extractivismo al Antropoceno

Por Elena Gálvez 

La Amazonía es un gran espacio geográfico que incluye en la actualidad cinco países, miles de ecosistemas, bosques de distintas alturas y características. Es el territorio de pueblos indígenas, algunos de los cuales son los últimos pueblos en aislamiento voluntario del planeta (nombre genérico que reciben aquellos grupos humanos) que continúan, después de siglos de colonización, resistiendo su “incorporación” a la modernidad capitalista. 

Esta modernidad se ha empeñado en ver en la Amazonía un espacio destinado a la explotación de sus riquezas, las cuales, desde esta perspectiva, son solamente accesibles a través de la destrucción de aquello que llamamos sin comprender “naturaleza”. Desde la llegada de los españoles con el “descubrimiento” de la Amazonía, se inició un proceso sistemático de saqueo que sigue en marcha: maderas, oro, quina, caucho, recursos forestales, especies animales, conocimientos botánicos, petróleo y minería han sido los objetos de interés sobre este espacio; el extractivismo ha marcado de manera permanente la historia de la Gran Amazonía. 

A la par de este proceso extractivo, se inició también la construcción imaginaria o simbólica de la  Amazonía. Occidente puso sobre ella sus miedos más profundos, los tabús universales de la poligamia, el canibalismo, la desnudez; en una palabra, la existencia del “salvajismo” ha sido el tópico impuesto sobre este territorio, un salvaje que acecha en los márgenes de la civilización occidental y cuya existencia en este sentido debe ser intervenida. 

 

Fotografía: Activismo Global / Land is Life / Hahku

De esta forma hemos sido testigos de procesos de colonización, cruzadas civilizatorias y misiones evangelizadoras que reeditan el mito del salvaje según el ciclo extractivo del momento y, con ello, un largo proceso de “codigofagia” o cómo un código cultural dominante “engulle” a otros códigos y reduce sus significados diversos a la existencia de los así llamados “recursos naturales”. Este proceso ha transmutado el valor de absolutamente todo en la Amazonía a dinero. 

Como correlato de este proceso, las luchas de defensa territorial y resistencia cultural son voces cada vez más importantes. Los pueblos indígenas son el actor permanente en la defensa territorial y en la conservación ambiental, así como organizaciones ecologistas y de Derechos Humanos.

Una de las formas en las que estas voces y miradas se han materializado a lo largo del siglo XX es la fotografía, la cual ha sido usada para poner en evidencia el paso de las industrias extractivas por los territorios. No es que no exista otro tipo de fotografías sobre la Amazonía, sin embargo, el Archivo Visual Amazónico se nutre de los archivos de las organizaciones y personas vinculadas a la lucha ambiental, que consideramos importantes objetos de la memoria amazónica. Son miradas críticas a los procesos de “progreso” y “desarrollo” con base en los cuales se justifica la devastación ambiental y el saqueo de los recursos del bosque amazónico. 

Fotografía: Ivan Castaneira, foto periodista mexicano. Su  trabajo se enfoca en derechos humanos, ecologismo, movimientos sociales. Ha   trabajado para agencias de noticias nacionales e internacionales. Actualmente trabaja en la agencia ecologista  de noticias Tegantai. Estas imágenes documentan el derrame petrolero de abril del 2020 en el  Río Napo y el Río Coca. Sitio web del fotógrafo: http://www.ojosdelatierra.com/castaneira.html 

El AVA intenta agrupar algunas de esas miradas con el fin de construir una memoria y una narrativa de la Amazonía que cuestione el fin teleológico de la historia del capitalismo en los territorios definidos como espacios para el sacrificio dentro de un sistema global; buscamos que este archivo esté compuesto de imágenes fotográficas, trabajos artísticos en torno a la Amazonía, mapas y paisajes sonoros que nos permitan acercarnos a él, entender su historia de contacto con occidente y la memoria de resistencia de los pueblos amazónicos y de agentes externos que hemos adoptado a la Amazonía como un espacio propio de utopía. 

 El acervo documental de las representaciones amazónicas es rico: fotografías, películas, dibujos, acuarela, gráfica, mapas y propaganda son materiales que han servido para representar este territorio. Estos documentos se encuentran ligados al desarrollo de distintos ciclos históricos en los cuales la región amazónica ha vivido de utopías modernizadoras, actividades extractivas y depredación socio-ambiental.

A pesar del inmenso interés que genera la región y de la abundancia de documentos que la describen, los archivos amazónicos se encuentran dispersos, y la gran Amazonía se ve reducida a regiones locales. Los ciclos extractivos de distintos bienes para el mercado mundial: quina, oro, caucho, petróleo, madera, no se explican si no como hechos desconectados, a pesar de su evidente continuidad. Parecería que la gestión de la memoria amazónica por parte de los Estados ha tratado de ocultar deliberadamente los rastros que permiten explicar las diferentes modalidades que ha adquirido la devastación capitalista y que, a pesar de los importantes esfuerzos de la sociedad civil por documentar estas afectaciones, no se ha logrado integrar un repositorio común.

Fotografías: Laura Aviles Azuga, fotógrafa feminisita y ecologista. Se involucró con el activismo  como parte de su acercamiento a Jasy Renyhe,  organización de mujeres en Bolivia. Ha sido una de las representantes de la organización en la COP 25 en Madrid, España, 2019. En la actualidad se dedica a la fotografía y promoción del turismo responsable y sostenible en áreas aledañas a la Amazonía. 

Buscamos construir e integrar un archivo visual en línea que sirva para dar cuenta de las actividades que desembocaron en el Antropoceno (o capitaloceno). De este modo iniciamos nuestro recorrido con la fotografía cauchera y culminamos con los incendios de la Amazonía Boliviana y Brasileña. Se expondrán los efectos de actividades petroleras, mineras y madereras; los registros visuales de los habitantes locales indígenas y colonos; las intervenciones de los agentes externos como los Estados y las iglesias; los materiales, las mercancías extraídas y la representación de la riqueza; la flora, la fauna, los ríos, las lagunas y todos los elementos que nos permitan acceder a esta memoria. 

Nuestro objetivo trata de exponer estos registros, así como otros materiales visuales tales como propagandas, mapas, gráfica y lenguajes amazónicos emergentes. Buscamos que este ejercicio permita una difusión que, a su vez, nutra a investigadores, ecologistas, comunidades indígenas, pobladores locales y a todas las personas e instituciones que tengan interés por la historia amazónica y la forma en que ésta se fue retratando. 

Fotografía: Activismo Global / Land is Life / Hahku

El corte temático que proponemos para este trabajo es cronológico-objetual. Es decir, tomamos los materiales que nos hablan de los distintos objetos que fueron extraídos de la Amazonía a lo largo de los siglos XX y XXI. Asimismo, nos interesan aquellas imágenes que dan cuenta de la transformación física de estos territorios y sus paisajes: carreteras, urbanización salvaje, oleoductos, mecheros, hidroeléctricas, represas y piscinas de desechos.

Las instituciones de poder que han intervenido a la Amazonía han presentado a los sujetos amazónicos como seres salvajes, agrestes y homogéneos. Es decir, seres genéricos accesorios a los territorios, y la mayoría de las veces poco agradables. Al mismo tiempo se ha creado un discurso de las selvas como lugares “vírgenes” y “baldíos”, discurso que invisibiliza la existencia de pueblos indígenas, comunidades colonas y pueblos en aislamiento voluntario, por lo que también nos interesan los testimonios visuales de estos sujetos. Esperamos que este esfuerzo contribuya a la decolonización de la historia amazónica, a la crítica fundamentada de la forma en que se ha concebido la región y que nos permita construir narrativas críticas al desarrollo de la historia del capitalismo en en  la Amazonía.

En su aún muy reciente existencia, el Archivo Visual Amazónico ha sido abordado desde los espacios de construcción artística con gran interés. Las propuestas para trabajar con los documentos visuales de este archivo son una posibilidad de construir una narrativa distinta sobre la Amazonía, de volver la mirada hacia la historia, pero no a partir de narrativas literales sino de ejercicios reflexivos e interpretativos donde el arte es una ventana privilegiada para abordar este espacio. El AVA busca también propiciar esos encuentros.

 Fotografía: Adolfo Maldonado, Clínica Ambiental

Carta de Adolfo Maldonado

A propósito de la presentación de su archivo fotográfico de la Clínica Ambiental en la exposición Plantasia Oil Co. de Adrián Balseca

Las fotografías de la exposición creo que hablan por sí solas, no necesitan un marco para presentarlas, aunque quizás no les venga mal un poco de historia. Fueron hechas con una cámara reflex, con objetivos de 35 y 200mm. Esa cámara me fue donada por ASPA (Asociación para la Solidaridad y la Paz de Andalucía) a quien me había acercado para compartir el sueño de este viaje largamente acariciado. Quería fotografiar lo micro a través del microscopio de mi abuelo y acabé fotografiando lo macro a los pasos agigantados de cómo me fue creciendo la conciencia, durante esos años de voluntariado. Las fotografías no son de calidad, nunca hice un curso de fotografía; son por tanto intuitivas, son el instante de una mirada ingenua y sin pretensiones pero que se asombra y sorprende con lo que ve. Son, por tanto, fotografías del asombro de un extranjero ante la magnitud de una selva, de una exuberancia y de una diversidad con la que jamás pensó ni hubiera podido imaginar. 

Son, también, las fotos de una naturaleza a la que se le prende fuego, se le meten máquinas, se le cavan pozos, se le llena de aceite sus ríos y se confronta el metal con la madera y el fuego con la vida. Son las fotos de su tortura. La gente caminaba horas por estrechos senderos que se tapizaban de troncos para poderlos conservar, sin poder admirar la belleza, porque solo se miraba el suelo para no resbalar mientras sacaban el peso de su trabajo sangrando un sudor imposible. En esta primera etapa no hacía fotos para la denuncia, realmente fueron miradas íntimas, formas de fijar en la memoria el momento y sus circunstancias o, en cierta manera, de ampliar la memoria, de no permitir el olvido, pero sobretodo, recordar el momento que la lente captaba. 

Estas fotografías fueron cuidadas, protegidas de los hongos, sistematizadas y pulcramente archivadas para ser colocadas en un estante donde ni siquiera mi hijo las ha visualizado en sus 19 años de vida. Son fotos que van desde 1987, el año del terremoto y erupción del Reventador, a 1992. A unos 500 años de la conquista española, pero apenas a 20 años de que comenzara la colonización de la selva en Sucumbíos y Orellana, con las comunidades todavía esperanzadas en poder mejorar su vida, sin saber que ese crudo era el que se las arrancaba, y que la tortura de la naturaleza era la de los allegados también. Esas miradas fueron las que apoyaron un estudio en las comunidades con promotores de salud, que se publicaría como “Culturas bañadas en petróleo” y que fue el primer trabajo en esta Amazonía que recogía, desde la gente, el dolor propio ante una vida que se esfuma a base de tanta enfermedad. 

Elena y Omar sacaron las miradas del armario. Allí estaban, más cerca del olvido que de la conciencia que ayudaron a construir, como si ya no fueran necesarias, como si su ciclo ya se hubiese cumplido, como si ya permitieran cerrar los ojos. Así que no me queda más que dar las gracias a ambos, y a Andrés, por permitir que nuevamente sean atravesadas por la luz para intentar que la conciencia aflore, que lo hagan de esta manera en que, como martillo, se repiten y repiten para que el mensaje llegue, y lo haga en una instalación como ésta en la que Adrián ha conseguido reproducir este efecto de metales que contienen y naturaleza que se expande, como metáfora de lo que la selva es, en un juego de luces y sombras que emociona. Gracias a los 4 por este esfuerzo, por esa dedicación creativa y por esta aventura que recupera el rumbo del sueño y el atrevimiento. 

Adolfo Maldonado 

3/02/2021

 Fotografía: Adolfo Maldonado, Clínica Ambiental 

Portada: Adolfo Maldonado, Clínica Ambiental

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