El Milagroso Altar Blasfemo y el debate sobre género en el Ecuador

El pasado sábado 29 de julio se inauguró la exposición “La intimidad es política” en el Centro Cultural Metropolitano de Quito (CCM), curada por Rosa Martínez, con obras de Regina José Galindo, Marina Abramovic, Santiago Sierra, Zanele Muholi, Juana Córdova, Santiago Reyes, las Guerrilla Girls, Saskia Calderón, Nora Pérez, Cristina Lucas, Sandra Monterroso, Priscilla Monge, Amal Kenawy, testimonios de mujeres y hombres de comunidades indígenas zapatistas de Chiapas, entre otras.

Aunque la mayoría de propuestas expresa una posición crítica frente a las problemáticas de género, como el femicidio, la violencia, el acoso sexual y la discriminación, la obra que más controversia ha causado es el Milagroso Altar Blasfemo del colectivo boliviano Mujeres Creando. Un mural emplazado en la terraza del CCM, en la pared contigua a la Iglesia de la Compañía, que se apropia de símbolos culturales del catolicismo para interpelar críticamente el legado colonial del patriarcado. El altar propone una nueva simbología que incluye a la Santísima Virgen ni Hombre ni Mujer, la Virgen de los Ovarios que protege los abortos, La Dolorosa que llora por las asesinadas, y muestra aun Cristo de rodillas, atado a la cúpula de una iglesia por el miembro viril.

Estas imágenes provocadoras, que expresan la postura política del movimiento feminista liderado por María Galindo, han desatado diversas reacciones en el medio local. La Secretaría General de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana ha emitido un comunicado que expresa su malestar, pero también se han pronunciado académicos y actores culturales interesados en debatir sobre el tema y evitar la censura por parte del Municipio de Quito, de quien depende el Centro Cultural Metropolitano.

Es importante señalar el cuidado que ha tenido el CCM (y en eso reside su responsabilidad social) de ubicar varias advertencias sobre la madurez requerida para manejar el contenido del trabajo desalentando su encuentro para personas cuya sensibilidad no pueda manejarlo.

Paralaje.xyz presenta diversos puntos de vista sobre esta polémica a cargo de Edgar Vega Suriaga, Rodolfo Kronfle Chambers, Santiago Roldós, María Guadalupe Álvarez, Susan Rocha, María Amelia Viteri y Gabriela Chérrez. Invitamos a la reflexión y rechazamos cualquier forma de censura que impida generar una discusión necesaria sobre la capacidad del arte para incitar debates, y la libertad del mismo.

 

Ana Rosa Valdez

 

En nombre de muchos cristianos queremos manifestar la gratitud a todas las personas que, independiente de su posición social, política y religiosa, han levantado su voz con firmeza y claridad para expresar su inconformidad por tan grotesca burla a los símbolos religiosos.

 

SECRETARÍA GENERAL

CONFERENCIA EPISCOPAL ECUATORIANA

Fuente: http://www.conferenciaepiscopal.ec/index.php/comunicados-y-boletines/684-urgente-obispos-del-ecuador-ante-exposicion-la-intimidad-es-politica

 

HACERSE CUERPO

Por Edgar Vega Suriaga


“La intimidad es política” pone al día en el campo del arte local ecuatoriano aquellas máximas feministas de que lo privado es político y de que la mujer y lo femenino no existen como verdades anteriores sino como resultado de relaciones de poder desiguales dentro del patriarcado. Desde ese horizonte, la muestra revela la heterogénea, tensa y prolífica construcción de subjetividades que las mujeres, los cuerpos femeninos y feminizados operan dentro de un régimen patriarcal de poder. Régimen que ante lo femenino y ante la posibilidad de autonomía de aquellos cuerpos, resuelve su misoginia constitutiva desde la violencia y el escarnio, que son el telón de fondo de gran parte de las obas expuestas.

El emplazamiento público, como desafío al silencio patriarcal y a la obediencia mítico/religiosa, desplaza a estas subjetividades del lugar del “otro”, de la transgresión, del “secreto/revelación”, a la misma abyección, aquella que afirma negativamente al sujeto moderno y al mismo proyecto civilizatorio. Por tanto, el trabajo de Amal Kenawy, Cristina Lucas, Guerrilla Girls, Juana Córdova, Katia Sepúlveda, Marina Abramović, Mujeres Creando, Mujeres y hombres de comunidades indígenas zapatistas de Chiapas, Nora Pérez, Núria Güell, Priscilla Monge, Regina José Galindo, Sandra Monterroso, Santiago Reyes, Santiago Sierra, Saskia Calderón y Zanele Muholi, no es un trabajo que se resuelve en lo anecdótico. Todo lo contrario, se trata de un trabajo que se arriesga a poner imágenes, formas, texturas a lo indecible, a aquellas dimensiones de lo real que el poder patriarcal subsume en las cavernas uterinas, en la sombra del delito. Pero además, son trabajos que cuestionan la lógica del espectáculo y los oropeles del hiperrealismo, para permitirnos tocar, perturbar, estremecer aquellos lugares que siempre incomodan a la heteronorma que nos configura como sujetos.

El respetuoso trabajo de curaduría a cargo de Rosa Martínez pone a dialogar formatos, protagonismos y procesos diversos y variados, en un registro casi planetario que informa del lugar incómodo que para el patriarcado siempre ha tenido el cuerpo y su materialidad, y aún más el cuerpo de las mujeres y de lo femenino. Junto a esta impecable curaduría, la excelente resolución formal de las obras, y la decidida gestión de Pilar Estrada al frente del MET, ofrecen a la escena artística local una oportunidad única para contemporizar iniciativas, y para ligar ciertas dimensiones del trabajo artístico a una prácticas organizativas de colectivos que hacen justamente de lo estético, político. Tal es el caso del diálogo fructífero que Mujeres Creando sostuvieron con el colectivo Marcha de las Putas Ecuador y el Proyecto Transgénero.

De ahí que esta muestra se resuelva tanto dentro de los márgenes de las obras y de las instituciones culturales, así como desde lo extra-estético. Es justamente en este último lugar, en el de la apelación, en donde la acción transgresora del con-tacto, del proceso y de lo relacional se cumplen sobradamente.

 

 

Entrevista a Rodolfo Kronfle Chambers (crítico y curador de arte) sobre la exposición. Viernes 28 de julio de 2017.
Lo que más pondero y aplaudo yo sobre una exposición así en un museo público, en este caso regentado por el Municipio de Quito, es la voluntad política de situar en la esfera pública temas urgentes que tienen que ver con el avance de los derechos en las sociedades que se dicen libres. La muestra es un ejemplo extraordinario de cómo el arte puede estimular el pensamiento, retar las convenciones establecidas -y en ese tensar de nuestros propios mundos- hacernos entender de que existe un otro que puede sufrir por lo que uno considera la “normalidad”. El arte en ese sentido nos conduce a ser más sensibles.
Hasta instituciones que por décadas han tenido un perfil conservador y hasta retrógrada como el Municipio de Guayaquil han mostrado recientemente señales de tolerancia hacia la visibilización de realidades diversas: pasaron de censurar obras de arte hace diez y más años a dar espacio al movimiento LGBTI iluminando con los colores del orgullo el monumento más emblemático del Malecón. Luego del período represivo que ha atravesado el país, donde la libertad de expresión ha sufrido muchísimo, el Municipio porteño se habrán dado cuenta que lo importante es situar los debates para la reflexión comunitaria por más polémicos que puedan resultar los temas. En ese sentido el gesto de la Dirección de Cultura del Municipio de Quito es de inmenso valor.
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Comentario de Santiago Roldós (Muégano Teatro)
A propósito del escozor ante el mural del colectivo boliviano Mujeres Creando, incluido en la magnífica muestra del Centro Cultural Metropolitano “La intimidad es política”, curada por Rosa Martínez, una de las comisarias más serias y acreditadas de los últimos lustros: no cabe duda de que lxs católicxs de Quito -y del mundo entero- tienen todo el derecho de cuestionar lo que se hace con sus impuestos. Lo que no pueden hacer es exigir una censura, y peor aún sin debatir ni ofrecer otro argumento que el de su propia susceptibilidad, más allá de lo legítima y respetable que sea su indignación.

Desde los tiempos de Esquilo y Eurípides, hasta los de nuestro Michelena y el apátrida colombiano Fernando Vallejo, herejía y blasfemia han convivido con lo sagrado, unas son la contraparte de otra, y lo que distingue a una sociedad democrática es la no aplicación de fatwas ni inquisiciones. A Occidente le encanta remarcar la locura del islam, a cambio de no asumir sus propios integrismos y fanatismos.

Mujeres Creando y “La intimidad es política” han logrado ya uno de los cometidos fundamentales del arte: movilizar el agua estancada de la vida, e impulsar un debate absolutamente contemporáneo, en el mejor y menos formal de los sentidos: ¿por qué una imagen nos sigue pareciendo más santa e importante que un cuerpo real? ¿Por qué un símbolo religioso nos toca más que millones de cuerpos de mujeres ultrajados y vejados cada día? ¿Cuál ha sido el papel histórico e institucional de la Iglesia Católica en particular, y de otras entidades religiosas, en la naturalización e institucionalización de esa violencia y de los atropellos contra las mujeres?

Ahora bien: la fe católica y la islámica y la protestante, tienen distintas derivas, tantas que, a día de hoy, es posible encontrar sacerdotes y monjas que consideren completamente legítimo el derecho al aborto, por mencionar solamente uno de los más álgidos temas. Eso es la vida real.

Expuesto en una primera versión en 2016 en el mismísimo Museo Nacional de Arte de Bolivia, el Altar Blasfemo de Mujeres Creando, para cuyo acceso el Centro Cultural Metropolitano dispuso con antelación una serie de hasta tres filtros, advirtiendo lo controversial que podía resultar para determinadas personas, es tan sólo una de las decenas de magníficas obras que integran una de las exposiciones de mayor nivel que se hayan realizado nunca en Ecuador, y cada una de sus piezas constituyen un fragmento inacabado de un diálogo y relato que el espectador y la espectadora deben terminar de construir, en el ejercicio del libre albedrío de su ciudadanía y de su integridad humana. En todos esos sentidos, lxs quiteñxs pueden estar tranquilxs: su dinero ha sido magníficamente invertido, y su centro cultural alberga una de las muestras más interesantes que hoy se puedan visitar en el mundo.

Una de las más sencillas y conmovedoras piezas de este diálogo/rompecabezas proviene de otro colectivo: Mujeres y hombres de comunidades indígenas zapatistas de Chiapas. Se trata de la fotografía de un humilde bordado de dimensiones variables, con la leyenda “Cuando una mujer avanza, no hay hombre que retroceda”. Ojalá que el Municipio de Quito y su alcalde estén a la altura de este, por otro lado, interesante desafío. Cuando una blasfema avanza, ningún católico retrocede.

 

 

Comentario de María Guadalupe Álvarez, teórica, crítica y curadora de arte. Docente de la UArtes.

Aunque no he ido a la muestra “La intimidad es política” he estado al tanto del estremecimiento que esta ha causado en el sector pacato de la población quiteña. La verdad y lamentablemente, no esperaba otra cosa de esa masa  bastante numerosa que en Ecuador todavía protesta porque imparten educación sexual en las escuelas, que aborda temas de identidad de género omitiendo olímpicamente la diversidad o que perpetua la hipocresía inscrita en el seno de la familia para preservar lo que piensan que es moral y ejemplo de las buenas costumbres.

Ante un evento de esta naturaleza cuando leo comunicados y convocatorias a movilizaciones masivas, no puedo evitar la pregunta que se hacen muchxs… ¿Por qué el arte ofende y la realidad no? ¿Por qué sigue siendo mejor la opción de ojos cerrados, el típico modo del avestruz cabeza en tierra negándose a enfrentar el peligro ante eso que no tolera, lo que teme?

La respuesta podría ser obvia. El arte señala, magnifica, concentra el significado en su dimensión sensible. Su poder está ahí.

La muestra “La intimidad es política” hurga en esa llaga desde su afirmativo título.  Nos acerca a la zona de la blasfemia de modo intimidante. Descoloca el pecado de su cómoda presencia en el cotidiano y lo pone “peligrosamente” en nuestro rostro. Hay que ser fuerte y reflexivo para andar a su lado sin “contaminarse”. Al pecado está asociado el tabú, la prohibición. Los que creen en él seguramente pedirán purga, censura,  exorcismo a esas “mujeres sin dios”, “masonas bolivianas”    y a quienes las ayudan  a ser visibles como cimas de iceberg de otras tantas excrecencias. Espero que el tino se imponga en nombre de tantas mujeres muertas, acosadas, violentadas  en todos los órdenes. Espero que el tino se imponga en nombre de las víctimas de crímenes de odio y que las autoridades puedan convocar a un diálogo maduro que pondere y establezca que no hay más agresión que la que se vive cada día, la que está entre nosotros y en la que debemos incidir sin tregua.

En la mañana viajaba en un taxi hasta mi trabajo. Tenía clases y estaba atrasada. El taxista inconsciente –seguramente piensa que es su derecho- tenía a toda voz una “canción” que sobre el texto vociferaba:- Y dónde están los MACHOS!!!  Y dónde están las mujeres!!!  Y continuaba:- me la agarro bajando, me la agarro bajando…

 

 

Comentario de María Amelia Viteri, Ph.D. en Antropología Cultural con una concentración en raza, género y justicia social. American University, Washington D.C.

El Milagroso Altar Blasfemo es una apuesta por la reflexión y el diálogo en materia de la violencia estructurada que permea el contexto global y Ecuatoriano. Dicha violencia estructurada tiene no sólo cara sino nombres y vidas detrás de ellas: niños, adolescentes y mujeres abusadas psicológica, física y sexualmente por alguien de su círculo íntimo que les dijo les amaba.

El arte ha sido utilizado históricamente con fines de transmitir emociones, ideas e ideologías. El cuadro titulado “El Infierno” que se encuentra en la Iglesia de la Compañía de Jesús en Quito, por ejemplo, transmite miedo y la idea de control sobre algunos cuerpos cómo los de las mujeres y de los indígenas.

Mujeres Creando, ante el silencio de las diferentes instituciones ante tanta violencia, encuentran en el Altar tradicional latinoamericano una forma no solo de pregunta ante esa impavidez, sino de resignificación propia, imaginando, entre otras, una virgen dolorosa que llora por las mujeres asesinadas por ser mujeres, convertidas en sus ángeles.

En tiempos de incremento de las violencias tales como el femicidio, la homo/lesbo y transfobia, el racismo, las creencias religiosas deben estar marcadas por la justicia social, una que se sorprenda e indigne ante tanta violencia estructural y que organice comunicados y procesiones en contra de la misma. Una que condene estas violencias y actúe para reducirlas hasta eliminarlas. Si es el Ilustre Municipio de Quito a través del Centro Cultural Metropolitano quien ha tomado la posta para llamar al diálogo y la reflexión contra tanta violencia, enhorabuena.

La violencia estructural va más allá de las creencias tanto políticas como religiosas, todo esfuerzo para combatirla es necesario e imprescindible. Es incluso una responsabilidad como Quiteños y habitantes de esta carita de Dios.

 

No violarás. Regina José Galindo. Instalación en la terraza del Centro Cultural Metropolitano.
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Comentario de Susan Rocha, Historiadora y crítica del arte, Directora del Museo Universitario de la Universidad Central del Ecuador “MUCE”

“La intimidad es política” plantea un discurso crítico que genera reflexiones sobre las violencias visibles e invisibles que han pesado históricamente sobre la mujer, y que continúan presentes en la actualidad. Es, sin duda, un espacio para el disenso, para que se presenten diversas formas de habitar el mundo y de generar lugares de disputa sobre el sentido de la diversidad GLBTI y de lo femenino. Así, la exposición pasa a ser el lugar desde el cual se puede hacer política. Hay varias obras que podrían desatar reflexiones profundas sobre estos temas, y ojalá, abrir nuevas formas de mirarnos y de relacionarnos. Una propuesta es precisamente el deconstruir los referentes históricos que han construido una subjetividad sobre lo femenino, que han naturalizado la violencia y la discriminación.

Esta es la apuesta del colectivo activista Mujeres Creando con el Mural Blasfemo que se encuentra en el último piso del Centro Cultural Metropolitano. Las autoras firman como “Herejes confesas”, es decir, que pueden deconstruir discursos y prácticas que comprenden y que han experimentado, pues el hereje, para la iglesia católica, es quien conoce los dogmas de fe, y conociéndolos decide creer otra cosa. Esa creencia distinta se encuentra textualizada en  el mismo mural: “Ave María, llena eres de rebeldía”, al proponer la necesidad de resurrección de las mujeres. Creen entonces en formas de resistencia hacia las formas de control sobre el cuerpo femenino, como depositario del honor colectivo, resistencia hacia la representación de una costilla que se deja engañar por una culebra y con una manzana termina con el paraíso. Esa resistencia plantea, sobre todo, el derecho a decidir sobre el propio cuerpo.
Pero la imagen no solamente habla de lo femenino, también evidencia como la masculinidad puede ser una cruz pesada llevada a cuestas, como una imposición que se imita, en sus formas más violentas.
Por otra parte, la imagen plantea preguntas sobre las distancias que existen entre los discursos y las prácticas eclesiásticas. Lo más evidente sería contrastar el voto de castidad con los múltiples casos de pedofilia, el voto de pobreza con las lujosas iglesias barrocas y las propiedades que poseen, etc.
Una  obra así debe generar espacios de disenso, de debate, no de un consenso que legitime aquello que se pretende deconstruir, pues se trata de una propuesta de un colectivo activista que puede activar diversas reacciones y reflexiones.
 

Comentario de Gabriela Chérrez, artista visual, docente de la Universidad de las Artes

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La obra Milagroso altar blasfemo, como dice María Galindo, quién es parte de Mujeres Creando, es más urgente que el pan de cada día. Yo diría, además, que es necesaria en un país que desde hace algunos años habla de decolonialidad, pero que hasta el día de hoy utiliza los parámetros que se usaban en la época de la colonia para decir quiénes son los buenos y quienes son los malos. No olvidemos que dentro de la iglesia de la Compañía está ubicada la réplica del cuadro del Infierno de Hernando de la Cruz -que, particularmente, me encanta– cumpliendo una función pedagógica: se representan los castigo que se recibirán dependiendo del pecado que se cometa. Por ejemplo, a los borrachos se los castiga dándoles de beber lava hirviendo, escena me recuerda la campaña contra el consumo excesivo de alcohol que salió en el 2013, casi al mismo tiempo en el que hubo un femicidio en Quito. La campaña incluyó un video que mostraba a una chica en estado de embriaguez, vestida con mini falda roja, quién termina subiéndose en el auto de unos desconocidos. El mensaje era muy claro: si eres mujer, borracha y puta, te van a matar. No quiero morir por puta, por eso creo que esta obra es necesaria, tal y como es necesario abrir el debate sobre este tema.

PRENSA:

http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/cultura/7/a-la-conferencia-episcopal-le-molesta-muestra-que-cuestiona-abusos-de-la-iglesia

http://www.la-razon.com/la_revista/espectaculos/Bienal-Bolivia-La_Paz-cubren-mural-Mujeres-Creando_0_2580941940.html

4 comentarios en “El Milagroso Altar Blasfemo y el debate sobre género en el Ecuador

  1. Bárbaro, audaz, tremendamente ilustrador de la
    Humanidad pene céntrica, de una sociedad exenta de placer y de sometida y esclarecedora del dolor. Sin embargo, tengo mucho que compartir. Y este no es el medio

  2. Felicitaciones! Parece que estamos los ecuatorianos abriendo la mente, des-generando, des-colonizando, des-patriarcalizando. Que buena estrategia de las colegas bolivianas, tomar los más emblemáticos símbolos del barroco andino, de los que por tanto tiempo hemos estado orgullosos para ahora deconstruirlos! que gran cosa! Esto no es un acto de blasfemia ni de pose, sino es propio ya de nuestras sociedades contemporáneas cuya misión es desmitificar lo que la sociedad mogigata y patriarcal, avalada por nuestros ancestros curuchupas católicos, ha enconado en cada uno de nosotros desde muy antaño, haciéndonos reacios al cambio, llenándonos de prejuicios para otras razas y otras orientaciones sexuales. Estoy feliz de que me haya tocado vivir en esta generación que va a tumbar a la intolerancia, ¡no más sesgos por favor!, no más falocentrismo del gobierno y de la iglesia, no mas violencia contra el hombre tampoco a quién se le ha encargado la dura tarea de llevar ese estandarte de esa masculinidad ideal así como a nosotros, el de esa femineidad ideal. Los tiempos ahora son otros, a estas alturas, sería raro que las sociedades, los gobiernos y las iglesias que aspiran al pluralismo y la democracia no cambiaran, esto es parte del proceso evolutivo tanto socio- cultural como biológico-espiritual del planeta. No hay vuelta atrás. En la incoherencia y la deconstrucción se atisban los cambios y nacimientos de nuevas sociedades.

  3. El rol de la iglesia ha sido más que nefasto en la historia de nuestro continente y de nuestros pueblos. La “espada y la cruz” fueron instrumentos de dominación desde el inicio mismo de la conquista y acompañaron la labor colonizadora.
    La Conferencia Episcopal debería primero preocuparse de elevar su rol, develar su historia y castigar -por la justicia ordinaria- los terribles casos de pedofilia- para, de esta manera evitar las justificadas críticas de personas, colectivos o de artistas sensibles frente a una sociedad en la que la violencia, el machismo y la discriminación son el pan nuestro de cada día.
    Basta de hipocresías y oscurantismo trasnochados

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