Exposición “Cero postales”: Jugando con temporalidades otras

Por Guillermo Morán

“La fotografía es tiempo”. Más enriquecedor resulta tomar esta sentencia de Gonzalo Vargas, fotógrafo quiteño, como tropo y no como definición. La fotografía es tiempo porque metonímicamente se alimenta de él, porque, aunque ocupa un lugar en el espacio, es siempre un pedazo de tiempo el que se guarda para sí. El tiempo se manifiesta de distintas maneras, una de ellas puede ser el trazado de una trayectoria producto de una digestión lenta producida en el propio mecanismo fotográfico en Paisajes del fotógrafo argentino Esteban Pastorino (largas exposiciones capaces de dibujarnos el camino de una estrella). Pero una trayectoria también puede ser solo insinuada entre las mujeres retratadas de espaldas en el metro de México y el espacio público que atraviesan a diario como sucede en Conocer de María Fernanda García.

Si bien el movimiento es uno de los indicadores más evidentes del paso del tiempo, éste también puede ser sugerido por el motivo, especialmente cuando alberga las huellas de un pasado. La mirada hacia edificios erosionados, al punto de convertirse en parte integral de un ecosistema, se nos muestra en Geología de Gonzalo Vargas, mientras que Belén Bejarano captura ese tiempo suspendido entre lo que fue y lo que todavía no es en Con o sin muebles.  Finalmente, una pugna entre el tiempo del progreso y esos otros tiempos que son devorados por éste, como el presente de los ceibos en el bosque seco y también los restos arqueológicos ocultos tras capas de sedimentación, son los elementos que se disputan la mirada  del guayaquileño Ricardo Bohórquez en Entierro de bosque.

A continuación quiero reseñar brevemente la muestra titulada “Cero postales” (título que pretende anunciar un distanciamiento fotográfico frente a una tendencia comercializante y superficialmente embellecedora) que actualmente se exhibe en el segundo piso del Centro Cultural Carlos Fuentes,  hasta el 31 de marzo. En este recorrido, además esbozo ideas acerca del tiempo como hilo conductor de las obras que la componen. La reseña se alimenta medularmente de una conversación mantenida con Gonzalo Vargas, realizador de la muestra.

El trabajo en conjunto de Vargas y Pastorino data del proyecto de encuentros artísticos Lugares de tránsito (2011), donde los artistas tuvieron la oportunidad de conocerse y de compartir experiencias.  El más concreto antecedente de esta exposición es una versión previa realizada con el mismo título en Cuenca ( 2013), en la que Pastorino y Vargas exhibieron a dúo sus trabajos  teniendo como tema central el paisaje y el territorio, con la intención de descolocar las tradicionales imágenes turísticas y ofrecernos otra mirada de Quito y del sur de España.

Para la nueva edición de la muestra Cero postales se adscribieron  Belén Bejarano, Ricardo Bohórquez y María Fernanda García. Gonzalo Vargas sostiene que el criterio de selección para reunir a los fotógrafos fue evidenciar el trabajo de artistas no tan visibles en el medio (Pastorino sería una excepción a la regla) y que tengan un trabajo consistente. Vargas también manifiesta que la reunión de los fotógrafos parte de criterios y visiones similares respecto a lo que es la fotografía, incluso hay un componente afectivo que fue también un punto de partida para la reunión de los artistas, ya que existe una relación de amistad entre ellos.

Esteban Pastorino, Serie Paisajes
Fotografía. Ricardo Bohórquez

Las no postales

El trabajo fotográfico de Pastorino inicia mucho antes de hacer clic. Considerando que su obra se caracteriza por utilizar cámaras inventadas por él mismo (tomemos en cuenta que el artista estudió ingeniería mecánica), además pone en práctica herramientas de la historia de la fotografía a su servicio. El resultado es una mirada que percibe el tiempo, la luz y el movimiento de formas anodinas para el ojo humano.

La serie Paisajes, llevada a cabo en el sur de España, consiste en cuatro fotografías que, gracias al formato película y a las largas exposiciones, nos llevan a invertir el sentido del paisaje. La trayectoria de las estrellas en el cielo y de los automóviles dibujan un tiempo que no es el nuestro, la luz dibuja un instante largo, por decirlo de alguna manera, mientras que el paisaje, en reposo, parece inmutable, atemporal. Respecto al trabajo de Pastorino, Vargas, quien es muy cercano por las múltiples veces que han trabajado juntos, dice: “Realmente implica otro tiempo realizar este tipo de fotografías porque debes elegir bien el lugar antes de tomar la fotografía, poner el filtro, la cámara, el lente, la placa, componer. Ese proceso dura al menos 10 minutos por fotografía, sin considerar el tiempo de exposición”.

Gonzalo Vargas, Geología
Fotografía. Ricardo Bohórquez

La serie de Gonzalo Vargas, titulada Geología, muestra un trabajo realizado hace 10 años, durante su estadía en Buenos Aires. Allí, en cierto momento, el artista relata que  “necesitaba ver algo de naturaleza”, tan acostumbrado como estaba a tener en su campo de visión al volcán Pichincha, una tregua a la monotonía citadina. Fue en esa búsqueda que dio con la Reserva Ecológica Costanera Sur. Al respecto, Vargas explica que en la década de 1930, la Costanera era el límite de la ciudad y allí había un balneario, que posteriormente entró en decadencia, principalmente por la contaminación del río. Para ganarle espacio al Río de la Plata, se usaron los escombros de las edificaciones del lugar.

“La misma naturaleza se cobró el espacio.  Allí hay diversos animales, aves, capibaras, perros salvajes. La reserva se encuentra en una de las zonas de mayor plusvalía de la ciudad, entonces las inmobiliarias en verano le prenden fuego al sitio para boicotear el lugar y desarrollar proyectos habitacionales”, explica Vargas. Ese espacio fue donde desarrolló su tipología, inspirada en las series fotográficas de la pareja alemana Bernd y Hilla Becher.

El conjunto despliega una catalogación o recolección de restos de edificaciones que han pasado por un proceso de erosión lo suficientemente marcado como para convertirse en parte del paisaje. Geología, a través de 21 fotografías, nos remite al Antropoceno (idea de que el ser humano ha creado una nueva era geológica irreversible) y cómo la obra de los seres humanos poco a poco se va sedimentando a escala planetaria.

Belén Bejarano, Con o sin muebles 
Fotografía. Ricardo Bohórquez

De estas obras que se alimentan del paisaje exterior, nos vamos al anverso con la intimidad que propone Con o sin muebles.  Belén Bejarano trabaja en el mundo inmobiliario y es así como conformó la colección expuesta. Su lente es un testigo privilegiado de aquellos inmuebles que se desocupan para luego ser ofrecidos comercialmente. La mirada de Bejarano hace un paréntesis y se dirige hacia las huellas de un pasado inmediato: objetos, manchas, rastros, son capturados para evocar una intimidad ya disuelta. Aquí los protagonistas son un peluche viejo, una caja de botones (a lo Amelie), una tina de baño. Las fotografías, recolectadas a lo largo de seis años, no tienen sentido si las usamos para comercializar el inmueble, tampoco pueden ser fotografías forenses, aunque su estética lo insinúe un poco; no hay crimen detrás. En cambio, Bejarano es testigo de una pequeña sociedad familiar extinta, un tiempo en la edificación cuyo valor comercial está todavía en suspenso, un tiempo inútil, el tiempo del abandono.    

Ricardo Bohórquez, Entierro de bosque (con la colaboración de la Arq. Amelia Sánchez)
Fotografía. Ricardo Bohórquez

Las disputas territoriales enmarcadas en la oposición progreso vs. ecologismo tienen como paradigma en el Ecuador al Parque Nacional Yasuní, y quizás últimamente las concesiones mineras en ciertas poblaciones tanto de la Sierra como de la Amazonía. Sin embargo, hay otros espacios invisibilizados, o visibilizados únicamente a través de la tradicional retahíla del progreso, territorios que son ecosistemas también y además albergan sedimentos de historia bajo tierra. Ricardo Bohórquez, en colaboración con la arquitecta Amelia Sánchez nos presenta en Entierro de bosque una serie de catorce fotografías ambientadas en donde se pretende construir la emblemática Refinería del Pacífico, presentada en tres distintos formatos: Uno de ellos nos remite a la tradición de la literatura de cordel mientras que otro, con una disposición en la que el visitante debe bajar la mirada, tal como si estuviera mirando el suelo, nos presenta dos fotografías de restos arqueológicos que nos invitan a pensar cómo ciertos proyectos emblemáticos invisibilizan la majestuosidad de los ceibos o las historias que nos narran las ruinas de otras civilizaciones. Con una vocación política clara, Bohórquez enfrenta dos temporalidades: la del progreso, que quiere mirar hacia adelante aplastando el pasado, versus la del presente de los seres vivos que habitan ese territorio y el pasado que se camufla bajo su tierra. Cabe anotar además que las fotografías narran el vacío de un proyecto que se planificó en un costo de 15 mil millones de dólares pero que todavía sigue siendo invisible.

María Fernanda García, Conocer
Fotografía. Ricardo Bohórquez

Finalmente tenemos el trabajo de María Fernanda García cuya propuesta con respecto al resto de las obras resulta distante, en primer lugar, porque es el único conjunto que muestra retratos, aunque sean de espaldas, además de que su anclamiento en el presente es menos sugerente en cuanto a temporalidades. Este trabajo se llevó a cabo en la ciudad de México, y consiste en el seguimiento, casi al estilo de espionaje, de mujeres en el metro. A diferencia de la obra de Pastorino, en donde las trayectorias son dibujadas y expuestas desafiando el modo de ver del ojo humano, aquí la relación entre el metro y los espacios cotidianos de las mujeres está implícito. La mirada de la artista está condicionada por una realidad específica, y es la relación conflictiva de las mujeres con el espacio público, considerando que en México, desde el 2004, existen vagones específicamente para mujeres con el fin de evitar el acoso sexual.

Cero postales resulta una muestra particular en el sentido que, debido a las características del espacio no se utilizaron fotografías de gran formato, lo que se traduce en una muestra íntima, cuyo recorrido puede tomar un breve tiempo. Parte de la decisión de Gonzalo Vargas fue no colocar un texto curatorial de la muestra central, sino dejar que el título y los textos de los mismos artistas, refiriéndose a su obra, hablen. Las cédulas presentan un problema de lectura puesto que se encuentran en una posición muy inferior a la mirada y la letra es pequeña. Vargas lo hizo así para dejar que la obra hable primero y aquellos más curiosos lean el texto posteriormente.

Si bien este texto se centró en el tema de las temporalidades, hay múltiples aspectos que pueden discutirse acerca de la muestra fotográfica, que vale la pena visitar, ya que los espacios de una fotografía artística, alejada de lo comercial, es muy escasa en comparación a las gigantescas imágenes que quieren vendernos un estilo de vida.

Registro visual de las obras y textos de los artistas

Alrededor de Con o sin muebles

Las casas quedan inmóviles cuando las abandonan. Pero no olvidan. En el aire encerrado persiste el perfume de la vida que hubo.

A veces hay reliquias. Camas matrimoniales como escenarios vacíos. Objetos que nadie se lleva ni arroja a la basura. A veces son recuerdos: extraños objetos que guardan la voluntad de no olvidar cuando sus dueños han sido olvidados.

Antes de que alguien abra las ventanas y todo se disipe, espiaremos la descolorida intimidad de los extraños; sus fotos de veraneos lejanos, el rastro de sus gustos, el fantasma de estrategias para impedir la indiferencia y el olvido. Por eso si lloramos lo haremos por nosotros, como siempre, y también por desconocidos.

Belén Bejarano

Historias – Entierro del Bosque

Es un ensayo corto a partir de la colaboración con la Arq. Amelia Sánchez, en áreas de Manabí donde se realizaban trabajos paralelos a la Refinería del Pacífico, proyecto emblemático de la Revolución Ciudadana. Estas zonas son remanentes del Bosque Seco Tropical, desconectadas del imaginario colectivo. Entre la destrucción del bosque, la construcción de grandes proyectos que reencausarían el progreso del Ecuador, aparecían restos arqueológicos destruidos por la maquinaria con los que se trata de recomponer una historia que no está escrita.

Ricardo Bohórquez

Geología

Gonzalo Vargas M.

20 fotografías digitales, toma directa. Realizadas en Buenos Aires, Argentina. 2008.

Geología es una serie fotográfica que realizada en Buenos Aires durante los años 2007 y 2008. Esta serie está realizada en la “reserva ecológica” de la ciudad de Buenos Aires la cual limita con el Río de la Plata, el exclusivo barrio de Puerto Madero, sus parques y el popular barrio porteño de La Boca el cual albergo en su llegada a la mayoría de inmigrantes italianos durante las oleadas de migración europea de los siglos XIX y XX.

La historia de la construcción de la reserva ecológica data de finales de los años 50 en que el balneario de la costanera sur cayo en decadencia mayormente por la contaminación del río. A comienzos de los años 70, en los años de la cruel dictadura militar argentina, se empezó con el proyecto de desarrollo urbano que consistía en ganar tierras al río, es así que  los terraplenes de la reserva fueron construidos con materiales provenientes de los derrocamientos realizados por la construcción de las modernas autopistas que hoy cruzan la ciudad.

La construcción se terminó hacia el año 1984, en los que los planes de situar en ese lugar un nuevo centro administrativo de la ciudad fueron desestimados.

Desde ese momento la naturaleza espontáneamente empezó sus ciclos en el lugar, poblándose primero de plantas y luego de animales de las zonas aledañas. Hacia 1986 el gobierno de la ciudad declara zona protegida al área.

Mi interés en estos fragmentos es el ver, como si se tratasen de restos arqueológicos o de un estudio geológico, fragmentos de la historia reciente de la ciudad. Una historia trágica marcada por los acontecimientos del gobierno militar del país en los años 70 – 80 y una historia de esperanza al ver el resurgimiento de la naturaleza de entre los escombros de la ciudad derruida.

 

Es parcialmente conocida la anécdota de la apuesta que llevó, allá por  1872, al magnate Leland Stanford a contratar al fotógrafo Eadweard  Muybridge  reconocido por sus paisajes del oeste americano. La razón de dicho encargo era probar el punto que Stanford afirmaba y que el ojo desnudo es incapaz de percibir: existe un instante  del galope del caballo en el cual sus cuatro patas están en el aire.  Muybridge no solo cumplió con su encargo, probando el argumento  a Stanford, sino que a partir de entonces realizó decenas de estudios  fotográficos sobre el movimiento que permitieron extender la percepción por medio de la fotografía, a la vez que aceleraba la carrera por lograr capturar instantes cada vez más cortos. Esto parecería estar alejado de los paisajes que Muybridge fotografió en sus inicios, sin embargo, la naturaleza subyacente de la fotografía era la misma.

El grupo de imágenes aquí presentado aborda esta aparente disparidad de usos de la fotografía.  De noche, a la tenue luz de la luna, cuando el ojo es incapaz de percibir color, el paisaje se nos presenta en una amplia gama de grises que remite a la fotografía en sus inicios. La película fotográfica nos devuelve, gracias a la capacidad de registrar de forma acumulativa la luz que sobre ella incide, los colores del paisaje que la penumbra niega a nuestra vista.

Esta capacidad acumulativa, no solo registra el color, sino que expande los límites del instante.  Aquí el movimiento, a la inversa de los estudios de Muybridge, no se representa como una sucesión de imágenes instantáneas de los cuerpos en movimiento, sino como trazas de luz que declaran su paso por el espacio que ha sido confinado por la construcción humana. Autovías, carreteras, caminos, definen la dirección, sentido y velocidad del movimiento de manera predecible, que a igual a que el de las estrellas,  es lo único que da cuenta del  paso del tiempo en el paisaje estático.

Esteban Pastorino

Conocer

La búsqueda de lo ajeno a partir  del espacio público nace de esa necesidad por descubrir un espacio habitado por primera vez. A partir de esa mirada curiosa por los seres anónimos que esperan, que se movilizan, que recorren la ciudad  en sus rutinas, en sus vidas que se repiten día a día nace Conocer en la ciudad de México, una enorme urbe llena de historias. La multitud, la espera, el encuentro, son palabras recurrentes en el metro de esta ciudad, un lugar de tránsito que provocó en mí la necesidad de conocer el recorrido de una mujer, y así fue como empecé a seguir a mujeres hasta donde ellas se bajaran, lo que hice fue retratarlas, sin que ellas me vieran, de espaldas, o de perfil, esperando; en palabras del artista mexicano, Rafael Hernández Víquez,  “…las historias individuales de las mujeres que surgen diariamente, pensativas, arregladas, apuradas o resignadas, captadas en los pequeños instantes, a veces los únicos instantes en el día, que la espera del transporte colectivo nos regala para reflexionar. Posiblemente tomando decisiones importantes en esos momentos, quién sabe? para después sumergirse nuevamente y perderse en esta gran ciudad.”  Las mujeres bajan del metro en distintos escenarios que nos muestran pedazos de la ciudad, unos fascinantes, otros caóticos, otros habitados, otros solitarios.

mariagarcia.portfoliobox.net

www.jirafica.com

Fotografías y textos de artistas: Cortesía de Gonzalo Vargas, artista organizador de la exposición.

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