Más vale renunciar: Pedro Dávila en los ochenta

Esta puesta en valor de la figura de Pedro Dávila, un artista que había perdido visibilidad y que venía operando fuera del radar de la escena, acercó un cuerpo de obra prácticamente desconocido a varias generaciones de artistas y público jóven. La muestra deja claro que la década de los ochenta y la aparición de impulsos contemporáneos en ella es un territorio que aún requiere mayor estudio y atención. La investigación sobre la cual se asentó la curaduría -recogida en una publicación aparte- comienza donde siempre se debió enfocar los inicios de La Artefactoría y atempera el tono mitificante de la escritura en torno al grupo: analizando la obra temprana y dinámicas creativas que generó una camada excepcional de artistas precoces en Guayaquil desde fines de los años setenta. La exposición recoge aquellos años de producción inicial donde se hace evidente un entorno de simbiosis creativa, un conjunto de propuestas figurativas donde temas, dejos estilísticos e iconográficos compartidos daban cuenta tanto de vivencias como de influencias comunes, previo a la dispersión de estas.

Pedro Dávila / Autorretrato / c.1978

La revisión que se hace del trabajo de Dávila durante la década descubre obras harto sugerentes por fuera de las categorizaciones que se han hecho del período, añadiendo complejidad y riqueza a la narrativa del arte local, a partir de uno de aquellos artistas que desde su inicio se planteó un itinerario de intereses personalísimos.  

Eduardo Jaime / Retrato de Pedro Dávila / 2013

Este post reproduce el guión museográfico de la exposición realizada en el mes de septiembre de 2018 en la Casa Cino Fabiani. La investigación más detallada que acompaña la muestra se encuentra publicada en un catálogo disponible en PDF en la siguiente dirección:

https://www.academia.edu/37741300/Más_vale_renunciar_Pedro_Dávila_en_los_ochenta

TEXTOS / INVESTIGACIÓN / CURADURÍA: Rodolfo Kronfle Chambers
FOTOGRAFÍAS: Ricardo Bohorquez, David Rojas, Rodolfo Kronfle
PRODUCCIÓN: GYE Arte, Universidad Casa Grande

Más vale renunciar:

Pedro Dávila en los ochenta

Este pequeño proyecto revisionista gestionado por la Universidad Casa Grande, centrado en la figura de Pedro Dávila (Guayaquil, 1959), forma parte de aquellos relatos dejados al margen y prácticamente olvidados, ausentes por completo de las genealogías difundidas y las cartografías de imágenes reconocidas en la historia del arte ecuatoriano. En sintonía con la tendencia mundial en este campo, que tiene como objetivo rescatar movimientos regionales, esperamos esta puesta en valor del artista ayude a reconfigurar las convenciones cronológicas, narrativas establecidas y perspectivas reduccionistas que han configurado nuestro campo cultural.

La obra de Dávila se caracteriza por la ilustración detallada de un mundo interior que apela a las realidades metafísicas de quien se abstrae en un estado de conciencia paralelo. Muchas de sus imágenes se caracterizan por rasgos del surrealismo, como la libre asociación de elementos que remiten a lo fantástico o a la evocación de un estado de ensueño. Sus composiciones presentan visiones sobrenaturales que fluyen del subconsciente y se perciben como metáforas herméticas, donde el cuerpo humano se convierte en una entidad que se transforma y muta, generando en reiteradas ocasiones juegos antropomorfos y de escala, acciones cíclicas o progresivas que se dirimen en un plano intermedio entre lo terrenal y espiritual, e imágenes-espejo que obligan al escrutinio pausado y segmentado de sus distintos pasajes.

Al repasar el conjunto de trabajos reunidos para esta exposición podremos concluir que los caminos hacia “lo contemporáneo” en la década de los ochentas resultan mucho más complejos que las miradas limitadas (centradas principalmente en el uso de nuevos medios y soportes) con que se fue definiendo ese cambio de paradigma en Ecuador. La producción de Dávila no contó con un acompañamiento especializado que pudo haber enfocado su manera de incorporar tradiciones filosóficas orientales, su empleo de guiños y citas, o inclusive su anacrónica obsesión con técnicas pictóricas del pasado, como evidencias claras de algo que escapaba los impulsos creativos e intencionalidades que perfilan el arte moderno en el país. La distancia generada por la postura del artista frente a posturas dogmáticas que no encontraban eco en su vivencia íntima, o incluso rasgos de su personalidad ermitaña, contribuyeron tal vez a que su figura se vaya ubicando progresivamente por fuera de los focos de interés de la escena. Valga entonces esta oportunidad para revisitar un cuerpo de obra que -incomprendido como desfasado- tempranamente reivindicó un repliegue hacia las poéticas íntimas de una identidad personal, y a un entendimiento del arte como herramienta  de autoconocimiento, por sobre la filia a las tendencias y movimientos de su tiempo.

RODOLFO KRONFLE CHAMBERS

CURADOR

El audio a continuación contiene una entrevista realizada al curador de la muestra por Alexander García de Diario El Comercio durante el montaje de la muestra el día 21 de septiembre de 2018.

SALA 1:

EL COLEGIO DE BELLAS ARTES Y LA ARTEFACTORÍA

Este repaso de la figura del artista apunta a engrosar y añadir complejidad al relato de la figuración en el arte de los ochenta. Para ello urge un estudio detallado de los consumos culturales, vivencias y experiencias formativas que modelaron el pensamiento no sólo de él, sino del grupo de artistas más relevante de las últimas dos décadas del Siglo XX en Guayaquil, aquel de los amigos de la escuela secundaria de Bellas Artes entre 1976 y 1979 -Pedro Dávila (n.1959), Jorge Velarde (n.1960), Flavio Álava (n.1957), Marcos Restrepo (n.1961) (de la misma promoción) y Xavier Patiño (n.1961) (un año atrás que el resto)- que luego se conocería, al sumarse Marco Alvarado (n.1961) y Paco Cuesta (n.1953) a fines de 1982, con el nombre de Artefactoria. Si bien se han recogido los momentos más visibles de lo que estos artistas hicieron a partir de la segunda mitad de la década, no se ha realizado un estudio detallado en función de reconfigurar, documentar y difundir el micro movimiento de figuración que desarrollaron aquellos cinco primeros del grupo pre-existente entre 1977 y 1985.

Esto es relevante ya que el tipo de pintura, y los cientos de dibujos y acuarelas que produjeron, tienen características discernibles dialogantes, que luego -en la mayoría de ellos- se transformaron para dar paso a los intereses y poéticas fluctuantes de cada quién en sus etapas más maduras. Velarde ha llegado a especular que este movimiento, de haberse sostenido en el tiempo y legitimado su valía, hubiese derivado en una genuina e influyente “Escuela de Guayaquil”.

El trabajo en cuestión se situaba por fuera de una agenda de intereses socio-políticos, y empleaba una gramática de estilo alejada de los lenguajes expresivos y gestuales más reconocidos por aquel entonces en Guayaquil, enarbolados por los pintores que surgían y destacaban (Zúñiga, Villafuerte, Aráuz, Roosvelt Cruz, Carreño) y el de los modernistas ya establecidos (Rendón, Araceli). La distancia que el grupo tomó no era la de un rechazo generacional, sino más bien impulsada por una búsqueda -sin norte ni intencionalidad definida- que los distinga del resto de la escena local.

Las obras que produjeron desafían -aún hoy- el encasillamiento dentro de las categorías esquemáticas preestablecidas que definen el arte del siglo XX en Ecuador, mientras que la mayoría de estas -algunas más próximas a ciertas vertientes de ilustración- no encajan tampoco dentro de las narrativas de figuración expresiva que se configuraron en los ochenta y que se proyectaron durante la siguiente década en el país. Hasta nuestro tiempo subsiste la percepción de que son “rarezas”, ya que su eclecticismo subjetivo es mayormente desconocido y muy poco estudiado.

Marcos Restrepo

El cielo es una red cuajada de peces

Al revisar los trabajos de los compañeros de Bellas Artes detectamos varios puntos de contacto: algunos manierismos, recursos visuales e iconografías que se replican que permiten generar asociaciones, al punto que la autoría de algunos de los dibujos puede resultar confusa para los no iniciados. El repertorio visual del grupo incluye imágenes goyescas, otras que recuerdan a Brueghel y muchos elementos bizarros -embudos, peces que tragan o expelen, etc.- que nos remiten al Bosco.

1983
Marcos Restrepo

Vieja empollando el huevo

1983
Flavio Álava

Amoríos

c.1982
Pedro Dávila

Guillermo Tell

1981
Flavio Álava

Título desconocido

1984
Flavio Álava

Apúrela señor cura

1982
Xavier Patiño

Domingo de ramos

Bufones de Dios

1985
Jorge Velarde

Sin Título

1979
Jorge Velarde / Pedro Dávila / Marcos Restrepo MESA 1 – EL COLEGIO DE BELLAS ARTES

Jorge Velarde / Retrato de Pedro Dávila / 1977

Marcos Restrepo / Retrato de Jorge Velarde / 1979

Pedro Dávila / Retrato de Jorge Velarde / 1979

La obra que produjo el grupo de compañeros del colegio desde 1977 hasta mediados de la década de los ochenta evidencia un entorno creativo de máxima proximidad y de una implícita comunión de ideas. Entre ellos se generó una comunidad de sentidos -al menos por un tiempo- que derivó en un momento significativo que aún permanece ausente en la narrativa cultural local. Sobre esta etapa Flavio Álava también comenta:

…sobre todo Pedro Dávila, ese era muy inquieto, muy creativo y siempre quería hacer cosas y nos motivaba a los otros. Y de allí comenzamos con él a ser más inquietos; nos contaminó.

Aquel grupo que egresó del Colegio de Bellas Artes “Juan José Plaza” -como reflexiona Velarde- fue un lunar, un fenómeno insular dentro de una institución que hacía mucho tiempo no graduaba una generación destacada. En esta mesa se reúne un conjunto de retratos de la etapa escolar que habla de la proximidad del grupo.

Pedro Dávila y Pancho Valverde

El Bufón  

Durante el período de la escuela se cohesiona aquel grupo de compañeros -Velarde, Restrepo, Álava y Dávila-, quienes por su cuenta iban a pintar a sitios como los astilleros. La conciencia colectiva fue tal que llegaron a hacer dibujos en conjunto donde uno continuaba las líneas de otro y eran firmados en las partes correspondientes por cada autor. Este ejemplo es firmado por Dávila y Pancho Valverde, otro compañero del colegio  allegado al grupo.

1980

Flavio Álava / Título desconocido / 1986

Marcos Restrepo / Por algo ha de ser / 1981
Pedro Dávila

Título desconocido

1981
Marcos Restrepo

Familia desagradable

1981
Pedro Dávila

Título desconocido

1981
Marcos Restrepo / El ocio produce monstruos / 1981
Pedro Dávila

Título desconocido

1981

 

Pedro Dávila

Comiéndose en la sinagoga

Pedro Dávila -aunque sostiene ser un autodidacta- ingresa a la Escuela de Bellas Artes en 1976, donde destacaría desde temprano y culminaría los últimos tres años de bachillerato a punto de cumplir 19 años. En un principio le impresionan artistas como Van Gogh (por sus colores) y Gauguin, y más tarde queda fascinado por Bruegel, a más de “la magia que se siente” en la obra rica en simbolismos de William Blake, incluida su poesía visionaria. En ese entorno parece haber calado la fijación por los maestros antiguos, al punto que ya habiéndose graduado trabajó pinturas donde los reversionaba, como en este óleo realizado a partir de un pequeñísimo detalle del grabado “Los judíos en una sinagoga” (1648) de Rembrandt.

A los 20 años de edad, gana el Segundo Premio del Salón de Julio de 1979 con su versión de un cuadro de Rubens, cuyo título trocó por “Mi rapto de las hijas de Leucipo”. Esto suscitó el disgusto de los pintores más establecidos, al ver que un recién salido de Bellas Artes era galardonado.

1980
Marcos Restrepo / Título desconocido / 1981
Pedro Dávila

Título desconocido

1981
Pedro Dávila

Título desconocido

1981

Pedro Dávila / ST / 1981

Flavio Álava / Santa Gema Galgani / 1986
Jorge Velarde

Santa Lucía patrona de los ciegos y las costureras

1984
Jorge Velarde

Ecuestre

1980

 

Jorge Velarde

Sin Título

1978

Flavio Álava / Pedro Dávila / Marcos Restrepo / Jorge Velarde / Xavier Patiño

MESA 2 – LA PROTO-ARTEFACTORÍA

El apunte de Álava de un árbol recuerda las frecuentes salidas a dibujar en grupo para lo cual, inclusive, los compañeros solían evadirse de clases. Dos tempranísimos dibujos de Dávila de 1977 ya anuncian su inclinación por lo fantástico y se pueden relacionar, inclusive, con pinturas realizadas en este siglo. El trío de bocetos de Velarde, Patiño y Restrepo también evidencia el gusto compartido por una figuración bizarra.

 

Pedro Dávila Sin Título c.1981
Flavio Álava

Sin Título

1980
Pedro Dávila

De paseo la cabeza

Este boceto sirvió para el diseño del plegable que acompañó su primer muestra individual en la Galería Artes de Quito en 1982. En ella exhibe también piezas de cerámica, un medio que ha cultivado desde temprano.

1982
Pedro Dávila

Sin Título

c.1981

Pedro Dávila

Vista de la ventana del taller en Santa Elena y Huancavilca

1979
Pedro Dávila

Pensamientos de invierno en un día de verano

Luego de graduarse en 1979 Pedro Dávila, Marcos Restrepo, Jorge Velarde y Flavio Álava instalaron un pequeño taller en un piso alto en las calles Santa Elena [Lorenzo de Garaicoa] y Huancavilca, donde todos trabajaban y eran frecuentados por Xavier Patiño -vecino de Álava- quien se encontraba una promoción más abajo en la escuela. El paisaje urbano que aparece en el fondo de la pintura está basado en la vista desde la ventana del taller que registró en el óleo de 1979.  

1984

SALA 2:

LA MIRADA EN FUGA

El trabajo de la década de los ochenta parece partir de una percepción de carácter órfico (una cosmogonía renovada del ser humano y su destino tras la muerte), en la cual se filtra una misteriosa visualidad propiciada por el misticismo y en donde, aparentemente, resuenan además las estéticas características del afichismo hippie y la psicodelia. El artista describe así su proceso:

Me dejo llevar libremente, sin razonar, yo no trabajo alrededor de una idea o un concepto. Siempre he dicho que lo hago de manera similar a como uno hace un psicoanálisis y voy jugando con las líneas. Con los años me comenzó a pasar que yo cierro los ojos y veo formas, no veo toda la obra completa pero veo partes y dibujo esas partes; una vez que termino eso cierro los ojos, veo esa parte que terminé y otros pedazos más y sigo avanzando así. Es como que copio de lo que veo en mi interior. [La obra] viene del subconsciente… yo lo que sigo desde niño es una espontaneidad.

Insumos fundamentales que modelaron su pensamiento e informan directamente varias de sus obras son los textos del filósofo chino Lao-Tse y el I-Ching o “libro de las mutaciones”. Numerosos trabajos se pueden interpretar como representaciones personalísimas de algunos de sus pasajes oraculares, al punto que en algunos casos, inclusive, incorpora citas textuales de estas fuentes. Otras obras parecen hablar de una armonía cósmica y las causas que la perturban, donde el motivo reiterado del doble aparece como una suerte de yin y yang.

Otro mundo de ideas influyentes se deriva de su involucramiento desde 1980 con el movimiento gnóstico. Aquí estudiaba las corrientes sincréticas filosófico-religiosas que se mimetizaron con el cristianismo, siendo la fusión de oriente con occidente uno de los aspectos que más le atrajeron. Entre los conocimientos adquiridos (“te enseñaban a salir en astral, cosas así, prácticas que todavía hago…”) desarrolló el de lograr registrar e interpretar sus sueños (“casi todos los días sueño dos o tres veces”) describiéndolos con detalle en cuadernos llenos de su escritura. Algunos de estos episodios oníricos concretos han informado sus cuadros.

Pedro Dávila

Como perros de paja

Me gustó tanto el Tao Te King que me lo aprendí de memoria y comencé a ilustrarlo, muchas cosas que hice son ilustraciones de aquello, de una filosofía que comenzaba a asimilar… después comencé a comprar libros orientales [que no contenían imágenes], de la India por ejemplo, de cosas tibetanas… ciertos estampados si pueden ser influencia en los tapices de fondo que hacía detrás de mis personajes, que ya son una mezcla de oriental con occidental…

Esta pintura se inspira en el verso V del Tao Te King de Lao Tse que  inscribe en la superficie:

El universo no tiene sentimientos; todas las cosas son para él como perros de paja. El sabio no tiene sentimientos; el pueblo es para él como un perro de paja. El universo es como un fuelle, vacío, pero nunca agotado. Cuanto más se mueve, más produce. Quien más habla menos le comprende. Es mejor incluirse en él.

1980

Pedro Dávila MESA 3 – DÁVILA: la mirada en fuga

Varios de estos dibujos muestran la influencia de conocimientos adquiridos por Dávila en su involucramiento con la gnosis: en uno podemos ver un personaje que se desdobla y tiene una salida en astral mientras duerme.

La marca que dejaron textos como el I-Ching se puede ver en el dibujo titulado “Herido por un escéptico”, donde aparece un personaje que sostiene aquel libro en la mano y es interpelado por otra figura muy sutil, que casi no se nota por lo delicado del trazo.

Lo propio ocurre con el Tao Te King de Lao-Tse que en ocasiones Dávila ilustraba, como en el dibujo arriba de esta ficha en cuyo anverso anotó uno de sus versos, y cuya primera línea da título a esta exposición:

Más vale renunciar antes que sostener

en la mano un vaso lleno

sin derramarlo.

La espada que usamos y afilamos

continuamente

no conservará mucho tiempo su hoja.

Una sala llena de oro y jade

nadie la puede guardar.

Quien se enorgullece de sus riquezas

atrae su propia desgracia.

Retirarse de la obra acabada,

del renombre conseguido,

esa es la ley del cielo.

Libro del Tao – Verso IX

1980- 1986

 

Pedro Dávila

En la olla

Habiendo ido a vivir a Quito por algo más de dos años el artista retornó a Guayaquil a fines de 1983; en noviembre de ese año todo el grupo de La Artefactoría participó en la primera y única edición del Salón Nacional Vicente Rocafuerte, ideado por Juan Castro “para jóvenes creadores de las artes visuales”. Aunque la convocatoria puso un acento en la libertad de medios Dávila presenta esta pintura, descrita con comentarios elogiosos por el crítico Rodríguez Castelo. Se hace evidente que el artista se manifestó un espíritu de evasión con respecto a las ideas que comenzaron a movilizar a algunos de sus compañeros hacia la producción de un arte con acentos políticos o crítica institucional en la segunda mitad de los ochenta. Su rechazo y distancia hacia aquellos temas era evidente:

No [me interesaba la política], para nada, que asco. No quería ver ni las noticias, era una cosa demasiado sucia toda la farsa de los políticos… Me pasé, incluso, años sin ver televisión y sin ver el periódico. Yo solo tenía mi música y no quería saber nada de la política…

1983

 

Pedro Dávila

Sin Título

El dibujo es un intento de simbolizar la conciencia a partir de una lectura de un libro de la gnosis.

1987
Pedro Dávila

La verdad subjetiva

Este óleo, que data de 1992, se realizó a partir de un dibujo de 1981 y por ello el artista lo ha fechado de esta forma. Las inscripciones son textos del mismo artista.

1981 – 1992

Pedro Dávila

El Clan

Esta composición representa una suerte de árbol genealógico familiar. Con este lienzo Dávila  obtuvo una “Mención Especial” en el Salón de Julio de 1980: había sido escogida como Primer Premio, pero -según le refirió un miembro del jurado- las bases impedían premiar dos años consecutivos al mismo artista.

1980
Pedro Dávila

La pagana familia

Esta pintura se encuentra basada en un boceto de 1979, y rememora alguna reprimenda de sus padres en su juventud. La obra obtuvo una Mención de Honor en el Salón Mariano Aguilera de 1985.

1985

 

SALA 3:

NUEVAS VIVENCIAS / NUEVAS ESTÉTICAS

Desde mediados de los ochenta Dávila ocupó varios espacios en el barrio Las Peñas, finalmente mudándose a vivir con su pareja a pocos pasos de aquí, donde actualmente funciona La Casa del Artista Plástico de la Asociación Cultural Las Peñas. En ese lugar permanecería alrededor de diez años, un período que incluyó una profusa producción de pequeñas acuarelas con elementos de su entorno (escenas domésticas e interiores con las chazas, balaustradas, las nubes, el río, el gato). A pesar de diferenciarse del trabajo previo por tener un encanto “ingenuo e infantil” el artista también las siente como parte importante de su obra: “no se si es porque nacieron mis hijos y eso me llenó bastante… también era mi nota”.

  

Hacia la década de los noventa Dávila se dedicó también a pintar representaciones más directas, y se puede decir que a partir de ahí su trabajo manifiesta dos aproximaciones distintivas, según si sus escenas son reflejo del natural -filtradas por su percepción- o si parten de la visión interior, como su trabajo ya característico. En su clasificación él las define así: la una que copia de “fuera hacia adentro”, y la otra de “adentro hacia afuera”. El artista desarrolló además una extensa producción de arte objeto que escapa el enfoque de esta exposición. Todo el período posterior a los ochentas fue muy influido de sus interpretaciones del Tratado de la Pintura de Leonardo de Vinci, el cual estudió a conciencia experimentando con rudimentos técnicos que aplicó a estas dos maneras:

 

 

Obras 1998-1999

La primera vez que lo leí -y no lo entendí para nada- habrá sido por el año 1983, la segunda vez que lo leí, por 1996, que me divorcié [de mi segunda pareja] y me quedé solo, dedicado a estudiar, hice el esfuerzo de entenderlo. Me acordé de una frase de Borges que decía que para memorizar un libro había que leerlo siete veces, así que me leí el Tratado de la Pintura siete veces. Pero era difícil por el tipo de traducción. No es que me interesaba la pintura de Leonardo, me interesaba el procedimiento: que me hablen de la sombra, de la luz, perspectiva, eso de lo cual yo no sabía nada…

 

Jorge Velarde

Retrato de Pedro Dávila

Hoja de contactos de fotografías de Jorge Velarde

1999

 

Pedro Dávila

Autorretrato

Resulta interesante que dos de los compañeros de la Escuela de Bellas Artes -tanto Velarde como Dávila- presentan en su pintura episodios de repliegue hacia un estilo realista-naturalista que pondera los valores de la tradición. Jorge Velarde ha sido, desde temprano, un defensor de la obra de Dávila: acá se muestran por primera vez juntos  un retrato que le hace en 1999 aparejado de un autorretrato de su amigo, este último en un estilo similar a otro más ambicioso y de gran formato con que ganó el Salón de Octubre ese mismo año.

Yo no compartía esa idea de lo conceptual y se lo decía abiertamente [a Juan Castro]…. Y después, más aún cuando me metí a estudiar el Tratado de la Pintura, yo sentía que estaba sacando de la tumba todos esos conocimientos que los han menospreciado. Esas cosas ya no las enseñan, al contrario, las han sepultado (no aquí en el Ecuador porque somos seguidores, sino los gringos y europeos) …no es que soy académico, tengo influencias que aplico, pero yo sigo lo mío…

1999

Pedro Dávila

Autorretrato

1982

 

 

 

 

Pedro Dávila

Sentando cabeza

Yo no tengo definidos los significados de mis símbolos, ni yo tengo la última palabra. Para mí es como un psicoanálisis: termino de hacer el dibujo para el cuadro, que lo he hecho sin un boceto y ahí comienzo a analizarlo, a ver de qué se trata, a ver qué podría significar. Y algunas veces refleja cosas íntimas mías que me doy cuenta, y tantas cosas que no me doy cuenta y le doy una interpretación. Y viene otra persona y le da otra interpretación, y no necesariamente la mía es la acertada; yo hasta me puedo equivocar, puedo estar “mal-analizándome” y otro, externamente, hacerlo mejor. Y muchas cosas no se lo que significan, ni me preocupan. Y si bien puedo repetir en otros cuadros ciertas cosas, las voy repitiendo siempre con variantes, hasta que va desembocando en otra cosa que la sigo puliendo y repitiendo hasta que desemboca en otra, y en otra, y me va llevando a otras cosas. Hay como un caos y un orden dentro de ese caos.

1984

 

Pedro Dávila

Tótem

Esta obra fue enviada al XXXVII Salón de Octubre, en el reverso de la tela se encuentra la siguiente inscripción que aporta claves a la representación:

Los 5 colores ciegan la vista.
Las 5 notas ensordecen el oído.
Los 5 sabores pierden el gusto.
Demasiada actividad altera la mente.
Lao-Tse

Aunque el artista enfatiza que su modo de pintar ya lo había desarrollado antes de leer a Lao-Tse, luego de hacerlo comenzó a tratar de ilustrar lo que él hablaba “siguiendo su método”. Resulta curioso en todo esto que el libro del Tao le fue obsequiado por un amigo a quien sus dibujos le parecían tener influencias orientales.

1995

 

Pedro Dávila

Título desconocido

La composición representa el interior del taller de Las Peñas con una escena inspirada en el recuerdo de su  hermana.

1987
Pedro Dávila

Los Amantes

Este cuadro data del tiempo cuando el artista se muda a vivir con su pareja al barrio Las Peñas. El artista reflexiona así sobre sus fluctuantes estéticas:

A mí no me interesan las ideas de los demás, a mí me gusta disfrutar de lo que hago, complacerme a mí mismo. Puede sonar egoísta o lo que sea, no me importa, yo lo que hago tiene que gustarme a mí y poco me importa si les gusta a los demás, me tiene sin cuidado. No busco eso. Trato de hacer colores armónicos desde mi criterio, para mí el arte es la búsqueda de la belleza, pero según mi punto de vista, no el de otros. Para mí el arte sirve para recrearse… Yo no pretendo -y pienso que es errado pretender- despertar conciencia política con el arte… Eso no va a ocurrir, olvídate, el arte no es para eso. Yo busco despertar emociones superiores, digamos así… Y eso hago, darme gusto.

1985
Pedro Dávila

Sin Título

La escena está inspirada en el nacimiento de la hija del artista en el año del dragón del horóscopo chino.

1989

 

Pedro Dávila

Sin Título

Abril 1992

 

Pedro Dávila

Sin Título

1987

 

Pedro Dávila MESA 4: 1978-1985

Esta selección de dibujos abarca el período entre 1978 y 1985. El uso del sombreado en los más tempranos  fue dejado a un lado por otra manera de hacerlos caracterizada por una línea sencilla. Según Velarde su gramática de estilo resultó ser bastante influyente en el grupo de compañeros del colegio:

En Bellas Artes Pedro era el que más llamaba la atención, siempre fue más destacado y hábil que yo. La forma de dibujar que adoptamos nosotros, tan característica, -no te lo puedo asegurar- pero para mí viene de Pedro: es un dibujo de una sola línea y vas siguiendo los contornos. Esa forma de dibujar ayudó a que toda la producción del grupo de un salto, nos ayudó muchísimo. Pasábamos dibujando todo el día y pienso que Pedro lideraba todo aquello porque era el más obsesivo y neurótico; tenía una compulsión y aquello nos generó una competitividad que nos ayudó.

1978 – 1985

 

Pedro Dávila

Sin Título

1989

 

 

Pedro Dávila / Sin Título / 1987

Pedro Dávila / Sin Título / 1986

Rodolfo Kronfle, Pedro Dávila, Xavier Patiño, Jorge Velarde y Marcos Restrepo

Invitación de exposición en La Galería, muestra colectiva de Flavio Álava, Marcos Restrepo, Xavier Patiño, Pedro Dávila y Jorge Velarde, 1999

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *