Pablo Barriga: Hilvanando la inmaterialidad de su obra

Por Guillermo Morán

El desafío radica en la puesta en escena de la trayectoria de un artista que ha cubierto sus propias huellas. Ya sea por una necesidad de vigencia absoluta, por el anhelo de ser rigurosamente consecuente  —al mismo tiempo autocrítico y volátil cuando necesita cambiar de rumbo—, curar la obra de Pablo Barriga implica trabajar con un proyecto artístico que nunca buscó ser conservado, que huyó del aura de la obra de arte y de cualquier tipo de condecoración institucional. ¿Cómo valorar en una exposición antológica la trayectoria de un artista que constantemente se negó a la institucionalización de su arte?

Hasta el 28 de febrero, la muestra antológica de Pablo Barriga estará expuesta en el Centro de Arte Contemporáneo como parte del Premio Nacional de Artes Mariano Aguilera a la Trayectoria Artística otorgado en 2015. La muestra está conformada por tres núcleos: “Pintar”, “Actuar” y “Leer”, propuestos por la curaduría de Pamela Cevallos. La sala número dos está dedicada a Pablo Barriga como pionero en el ámbito de las acciones artísticas. A través de su propia voz escuchamos la narración de sus más emblemáticas acciones, en las que aprovecha distintos espacios públicos (parques, la calle, un redondel, entre otros) para evidenciar cómo el artista siempre necesitó estar en contacto con la gente: democratizar el arte, hacerlo parte de la vida cotidiana. La tercera sala responde principalmente a la compleja  relación que tiene Pablo Barriga con los libros. Por un lado, él mismo es escritor y ha publicado varias obras; por otro lado, ha usado los libros (incluso los de su propia autoría) para convertirlos en objetos artísticos.

En el Pabellón uno cabe prácticamente toda la obra pictórica que queda: es el remanente de un proceso artístico que inició en los setenta y que no ha parado hasta hoy. Barriga decidió que la mayor parte de sus obras podía dejar de existir, o comenzar a existir de otro modo. La mayor parte de las obras realizadas fueron transformadas o destruidas como un gesto de autorreflexión y crítica.

Pabellón Uno de la Exposición: “Pintar”. Créditos de la fotografía: Centro de Arte Contemporáneo / Pablo Jijón

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Lo que queda de su obra pictórica, cabe recalcar, tampoco obedece siempre a la decisión del artista. Varias piezas sobrevivieron porque forman parte de colecciones ajenas a la injerencia del autor. A veces ni por eso consiguieron salvarse. Pongamos como ejemplo el caso de Cumpleaños, proceso artístico en el que Pablo Barriga decidió pintar de gris sus obras anteriores, en una práctica de reciclaje que el autor ya propugnaba claramente desde los noventa. Al menos uno de aquellos lienzos ya no le pertenecía, pues formaba parte de la colección de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Cuando el lienzo volvió a manos de la institución, la obra ya estaba transformada.

Para hablar de su trayectoria, por lo tanto, hay que mirar a otro lado, o mirar muy atentamente a lo que queda. Porque si estamos hablando del Premio Mariano Aguilera, eso es precisamente lo que tenemos que ver, su trayectoria. Una itinerario dinamitado por el propio artista, en este caso. Al hacer una mirada panorámica, es difícil hallar continuidad en la obra. Desde el arte figurativo con temas muy cotidianos (un parque, su esposa), damos un salto a obras que dialogan con el expresionismo abstracto, o incluso con el relato de la historia del arte, para luego regresar a la figuración y finalmente culminar con el regreso a la abstracción. ¿Cómo entender de qué va esta exploración cuando faltan tantas piezas?

La estrategia que encontraron Pamela Cevallos y Pablo Barriga para contextualizar la obra fue disponer de una mesa que atraviesa el pabellón y que, idealmente, lleva a quien recorre la sala a moverse en forma de zig-zag. Esta mesa, cubierta por una vitrina, exhibe documentos del archivo del artista, nunca pensados para ser expuesto a los demás. Allí se ven recortes de periódicos, fotografías, invitaciones, oficios, manifiestos, catálogos, en fin, una serie de pistas que procuran recrear el entorno en el que las obras de Barriga habitaron. Estas pistas evidencian que su propuesta artística siempre tuvo un diálogo con su contexto —incluso ese contexto pasaba a formar parte de la estrategia artística— procurando una especie de simbiosis.

Pongamos como ejemplo los recortes de periódico que aluden a las obras de Barriga. En varios casos es el mismo artista quien aprovecha su trabajo como escritor para hacer convocatorias, reflexionar sobre el arte o sobre su propuesta artística en específico. “Pablo anuncia sus muestras de formas muy particulares, escribiendo el boletín de prensa. Sus textos periodísticos no tienen firma, no le interesaba eso”,  refiere Pamela Cevallos, quien además aclara que estas producciones textuales son parte del total de su obra.

Otra dimensión de la obra de Pablo Barriga que el archivo nos ayuda a evidenciar es la relación que tiene su trabajo con la mercantilización del arte. Es célebre el remate que realizó en “Homenaje a Van Gogh” de su propia obra, tomando como precedente el hecho de que en 1987 la obra Girasoles de Vincent Van Gogh fue subastada al precio récord de 39,9 millones de dólares, dato que al mismo Barriga le llamaba la atención, considerando que Van Gogh murió vendiendo un solo cuadro y en la pobreza. Su subasta inversa consistía en reducir progresivamente el precio de sus propias obras y venderla a aquel que logre argumentar de mejor manera por qué la obra debería valer tan poco. Aunque las obras de Pablo Barriga hoy tienen un avalúo — un requisito para su exhibición en el Centro de Arte Contemporáneo—, este artista siempre cuestionó la mercantilización del arte, que sea el dinero lo que finalmente establezca el valor de la producción del artista.

Pabellón Dos de la Exposición: “Actuar”. Créditos de la fotografía: Centro de Arte Contemporáneo / Pablo Jijón

Pabellón Dos de la Exposición: “Actuar”. Créditos de la fotografía: Centro de Arte Contemporáneo / Pablo Jijón

Un aspecto clave que descoloca la producción artística de Pablo Barriga del espacio del museo es su voluntad por sacar al arte del espacio institucional, colocándolo, en primera instancia, en el parque. Para poder dar cuenta de este proceso, la muestra exhibe fotografías en donde se ve el proceso del colectivo artístico Arte en la calle que, liderado por Barriga, usa como galería las piletas del parque o el mismo césped. Su objetivo era “establecer una comunicación directa entre la obra artística y el pueblo, para que nuestro trabajo sea comentado, y a la vez, motive a que sea el propio pueblo quien cree sus propias manifestaciones artísticas”. Según Pamela Cevallos, este proceso culminó con la expulsión de Barriga de su propio colectivo, que llegó a abarcar a alrededor de 60 artistas, pues éste movimiento desembocó en una práctica con fines comerciales y de una índole más artesanal, lo que hoy es la feria artística permanente de El Ejido. ¿Se puede decir que el presente de este parque es parte de la obra de Barriga, una obra que no se sale de manos de su creador sino que marcha en dirección contraria?

No es esa la única ocasión en la que se puede observar que un proceso artístico se sale de sus manos. Es destacable considerar, por ejemplo, que en 1995, antes de que el edificio del Antiguo Hospital Militar sea rehabilitado y convertido en un centro de arte contemporáneo, Pablo Barriga utilizó el pabellón más precario como galería para exhibir su obra. Pero esa no fue su primera intervención en el espacio. De hecho fue Barriga el primer artista en trabajar en el Antiguo Hospital Militar con fines artísticos, ya que lo utilizó como taller en 1991, antes de que el ala norte sea recuperada para lo que vendría a ser el Taller San Andrés. No fue hasta el año 2008 cuando este edificio pasó a convertirse oficialmente en un espacio destinado, entre otras funciones, a la exhibición de obras artísticas. Ocho años después, la misma obra de Pablo Barriga —aunque nunca es la misma, por la reinvención constante a la que está sujeta—  ocupa nuevamente aquel espacio. Este palimpsesto nos obliga a considerar: ¿qué tan cómoda se siente la obra de Barriga luego de este salto en el tiempo? ¿Qué tan bien le sienta la recuperación de ese espacio, este nuevo diálogo, esta conversación entre viejos amigos que se vuelven a ver luego de tantos años?

Esta interacción con el espacio es un elemento clave para entender la trayectoria de Barriga, y por ello durante el recorrido por el Pabellón uno, dedicado al eje curatorial Pintar,  es importante seguir la trayectoria zig-zag, para entender cómo cada obra pictórica tiene un momento y un porqué que sobrepasa a los lienzos. En el archivo desplegado podemos encontrar, por ejemplo un oficio dirigido al doctor Henry Guerra, Director del Hospital San Lázaro, en 1999. Allí Pablo Barriga da cuenta de su trayectoria, y le explica que desea exhibir “una serie de cuadros con el tema de montañas” durante dos semanas en ese espacio. Pablo Barriga al hacer esta exposición, quería tener como público a los pacientes del San Lázaro, aunque la muestra también se abrió al público general. Su idea incluso era permitir que los residentes intervengan en la obra, pero el director del hospital no aceptó la idea pues todo podría “salirse de control” como cuenta Pamela Cevallos. Ese salirse de control quizás ansiado en el fin del milenio. En una nota publicada por Diario El Comercio el 29 de diciembre de 1999 (y que forma parte del archivo exhibido), Pablo explica que la relación entre el San Lázaro y las montañas reside en que “el desencanto de lo humano deja como recurso el amparo en la naturaleza o en el manicomio. La sinrazón de una sociedad fallida como la nuestra no puede entenderse sin la existencia de las montañas con vida o de las personas encerradas por no conjugar la normalidad de otros”.

Al dar cuenta de todos estos procesos, podemos ver cómo la obra de Pablo Barriga se ha conjugado con la historia de la ciudad, que su trayectoria se extiende mucho más allá de lo que puede caber dentro de un lienzo. Tiende tentáculos inmateriales incluso en la materialidad de lo que hoy es el Centro de Arte Contemporáneo, por poner un ejemplo. Así podemos ir jugando con todas sus piezas, que como parte de una trayectoria siempre dan cuenta de un presente que ya no existe, pero cuyo diálogo aún no se agota si sabemos restituir los pasos de un artista que dejó huellas que ya no pudo encargarse de borrar.  

Pabellón Tres de la Exposición: “Leer”. Créditos de la fotografía: Centro de Arte Contemporáneo / Pablo Jijón

Pabellón Tres de la Exposición: “Leer”. Créditos de la fotografía: Centro de Arte Contemporáneo / Pablo Jijón

 

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