Pablo Cardoso y la llave del mandala: entre la diarística y las estéticas ecológicas

Por Rodolfo Kronfle Chambers

Empiezo este diario con pocas certezas.

Sé que busco una obra personal, un autorretrato amplificado.

Un conjunto que congele las horas en esta casa, en este taller donde

espero pasar poco tiempo más.

La estructura de los últimos meses del 2016 y del primero de

este año se ha vuelto cacofónica, y a momentos desespero al percibir

que no consigo insertar una nota distinta o una pausa. Los mismos

actos, el mismo ritmo.

Pablo Cardoso

Anotaciones en su diario, 16 de enero de 2017

Vista con distancia, organizándola sobre una línea de tiempo, la producción de Pablo Cardoso acusa una fascinante cualidad: la de moverse con fluidez entre el comentario crítico que opera de lleno en la esfera compartida de lo público, y los contrapunteos que exploran aspectos cotidianos de su mundo privado, atravesados por cavilaciones íntimas sobre lo rutinario.

Dentro de estas últimas, convertidas en operaciones pictóricas introspectivas, han aparecido -a manera de bodegones- vestigios de sus “mesas consumidas”, o también los pliegues rugosos de sus “sábanas”, transformados en misteriosos panoramas. Ha dado cuenta a su vez de diversos traslados, que, como derivas, recogió como una progresión de instantáneas para reconstruir sus caminatas, así como los varios apuntes emotivos de su entorno, como si fuesen micro-paisajes, que ha coleccionado como “notas al margen”. Aquellas series, entre otras, parecen partir de momentos de abstracción y reflexión sobre el aparentemente nimio devenir de lo corriente dentro de un flujo de circunstancias vivenciales cuya densidad emotiva lo dota de dimensiones significantes y poéticas.

Esta cuestión sólo puede ocurrir manteniendo un estado de alerta permanente, como si la voz interna del artista narrara meticulosamente el evento aparentemente trivial que se desenlaza frente a él, lo congelase con todo el detalle de una imagen fotográfica, y lo convirtiese –a través de una alquímica traducción con pinceles- en un solemne memorial de la experiencia del momento.

 

 Organizar frutas. Bodegones. Sandía.

Mañana soleada sin viento.

Todo el día sol intenso y por la tarde vientos fuertes. Tomé fotos del viento en las hojas.

La posibilidad de Ayampe se acerca y aleja sin compasión.

Hoy conversamos en el banco sobre un préstamo: muy difícil de sostener la carga.

A pesar de todo, la luz es más blanca hoy que ayer.

Gris pálido con notas laca de garanza.

El sol es constante, pero el viento lo supera hasta meterse en los nervios.

Anotaciones en el diario, 17 de enero de 2017

 

En esta nueva serie parecen converger cuestiones similares: por un lado un ánimo sensible frente a la inminencia de abandonar su casa-taller de casi veinte años en Cuenca –una mudanza que resuena como una decisión de carácter existencial que tiene como propósito refugiarse, junto a su pareja y su pequeño hijo, en un lugar remoto de la costa-; y, por otro, el contacto con los escritos del biólogo David George Haskell sobre la comprensión conservacionista derivada tras la observación profunda y detallada de un metro cuadrado de bosque, el cual es figurado por el científico como un mandala, para convertirse, en clave budista, en un portal para desentrañar el universo.

Hoy: luz, oscuridad. Oscuridad, luz. La luz, pastosa, tímida.

La oscuridad, tampoco muy resuelta, como la que precede a la noche.

La luz llegó al pico cuando Yaku vino a visitarme y repasamos

las páginas de “Secret Knowledge” de Hockney como si se tratara de un cuento de aventuras.

Anotaciones en el diario, 19 de enero de 2017

Cardoso traslada el componente lírico de este ejercicio de “estéticas ecológicas” a su microcosmos hogareño, aplicándose al de su hábitat con una “apertura sensorial, intelectual y corporal” –como lo describe Haskell-. En medio de esta encrucijada experiencial, y abocado al análisis de lo que entra y sale del entorno personal, comenzó a producir, a inicios de este año, un diario repleto de pensamientos y observaciones del diario vivir que conecta de formas muy tangenciales con las pinturas que ha producido. Sus polípticos, tan fragmentados como las anotaciones en sus cuadernillos, articulan así una poética que evade la ilustración directa para lograr representaciones que serán evocativas para el receptor, pero que al mismo tiempo no se desprenden del afecto que él ha impreso en su vinculación íntima de imagen y memoria.

 

A media tarde apagón. Duró hasta las 19h30.Tomé fotos camino a la panadería.

Dolor en la espalda y cansancio. Mañana me costará levantarme.

Anotaciones en el diario, 4 de julio de 2017

De esta forma la casa de la esquina por la que pasa a diario para comprar el pan, los ventanales de su taller, la película de ciencia ficción que algún rato vio, el cuadro de Vermeer que lo persigue desde un libro, o las transformaciones de su cuadra (aquel lugar que ha sido el origen de todo), vista en los diversos registros satelitales históricos del archivo de Google Earth, van hilvanando una narrativa meditativa del día a día. Aunque Cardoso se muestra reticente a las mutaciones aceleradas que convirtieron el otrora ambiente de pueblo en ciudad, el trasfondo de estas representaciones, al igual que el contenido de su actividad diarística –lo anodino o profundo que pueda resultar- no es de vital importancia para acercarnos al trabajo: solo basta conocer el impulso de su génesis para abrir camino hacia la especulación interpretativa individual, que se cargará de los contenidos que todos arrastramos sobre nuestro entendimiento del mundo.

Michel Maffesoli, pensador clave para acercarnos a una sociología de la vida cotidiana, previene que lo común y corriente del diario no debe asociarse siempre con el tedio o la frivolidad de lo trivial. Por el contrario, sostiene que lo banal asegura la supervivencia del individuo y su inserción grupal. Se trata de los momentos en que no se le debe la vida a nadie, pudiendo así enfocar los pequeños rituales diarios y las actividades inofensivas como generadoras de una “socialidad” en que se basa la voluntad del “estar juntos”, necesaria en un entorno de creciente individualismo: aquel componente lúdico -de “fantasías y fantasmas…que involucra los afectos, las emociones, las pasiones”- que desborda lo racional. Bajo esta perspectiva bien podemos entender estos momentos de la obra de Cardoso como una experiencia plenamente complementaria al compromiso intelectual y activista que se desprende de varias de sus “otras” creaciones, un repliegue casa adentro del cual parte también la necesidad de compromiso con el colectivo.

 

“¡Qué desasosiego me provoca el nuevo mundo!”, dice Carlos Boyero.

Este día merece una obra negra, pero sin la pesadez

psicológica del negro. Es sólo un negro que marca la irrealidad-realidad

de los momentos. Un negro sin negrura, que quiere ser negro porque

junta todo, y traviesamente ningún color se salva de su desorden colórico.

Negro-verdeapenas.

Negro-azulapenas.

Negro-amarillo nápoles apenas.

Anotaciones en el diario, 19 de mayo de 2017

Guayaquil, 10 de octubre de 2017

Diarios de Pablo Cardoso, 2017.

Diarios de Pablo Cardoso, 2017.

Vista general de la exposición. Fotografía: Rodolfo Kronfle Chambers.

Vista general de la exposición. Fotografía: Rodolfo Kronfle Chambers.

Vista general de la exposición. Fotografía: Rodolfo Kronfle Chambers.

Vista general de la exposición. Fotografía: Pablo Cardoso.

Vista general de la exposición. Fotografía: Pablo Cardoso.

Vista general de la exposición. Fotografía: Pablo Cardoso.

Vista general de la exposición. Fotografía: Pablo Cardoso.

Vista general de la exposición. Fotografía: Pablo Cardoso.

Vista general de la exposición. Fotografía: Pablo Cardoso.

Vista general de la exposición. Fotografía: Pablo Cardoso.

Vista general de la exposición. Fotografía: Pablo Cardoso.

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