Rehabitar la residencia universitaria, un ejercicio de memoria social.

Por Patricia Moreno

Comunicadora social

Desde que el Museo Universitario, MUCE, de la Universidad Central del Ecuador se convirtiera en noticia oficial cuando el rector Fernando Sempértegui anunció su apertura en diciembre del 2016, durante las Jornadas de Museología Educativa[1], varias interrogantes surgieron sobre lo que sería tener un museo: ¿un lugar para ver pinturas?, ¿un sitio donde las facultades muestren lo que tienen en sus bodegas y laboratorios?, ¿un espacio silencioso donde ver documentos antiguos? Aquellas preguntas apuntaban a entender cuál sería la finalidad del museo universitario. Susan Rocha[2], actual directora del MUCE, dio una respuesta clara: la razón de ser del museo no sería el objeto coleccionado, sino el ser humano, la comunidad ubicada en el territorio[3].

¿Quiénes forman parte de esa comunidad? Ciertamente quienes la habitan: estudiantes, personal administrativo, docentes, trabajadores e incluso la vecindad de la casona universitaria. Hoy, a diez meses de inaugurado y con tres exposiciones temporales[4], el museo vuelve a proponer el ejercicio de reinscribir significados y repensar los procesos históricos de la Universidad Central a través de la memoria social y sus actores. En tal sentido, desde mayo del presente año la exposición Voces y bullas de la Central: tu nombre sonará, que contó con recorridos guiados y los denominados Portafolios Subversivos (mesas de debate sobre música, memoria colectiva y género), se convirtió en un punto de encuentro de experiencias, anécdotas y percepciones compartidas. El Capítulo final de Voces y bullas[5] no fue la excepción.

Mediación en espacios históricos de la Universidad Central del Ecuador (a cargo de Isabel Mena)

La residencia universitaria fue el espacio escogido para la realización de la jornada de clausura de Voces y bullas. Son varias las generaciones que hemos visto el edificio simplemente como un espacio deshabitado, incluso para los estudiantes que recién ingresan a la universidad este edificio que se alza diagonal al Centro de Información Integral tiene otro nombre: el Hospital del Día. Que en los tres primeros pisos actualmente funciona el hospital es cierto, pero es más cierto aún que en todos los pisos de esa construcción, décadas atrás, se encontraba el hogar de más de doscientos estudiantes ecuatorianos y extranjeros. Este artículo trata de aquello que acertadamente propone el MUCE: producir memoria.

Hablar de la residencia universitaria es entender este espacio como un lugar físico y simbólico que devela en la temporalidad el carácter del Alma Mater, no solo como institución generadora de saberes sino como un espacio donde se gestaron prácticas sociales y políticas propias de los ambientes donde coexisten sujetos y realidades  diversas. Quizá es muy poco lo que sabemos sobre la residencia quienes transitamos la universidad actualmente, poco e insuficiente si al escuchar testimonios de ex residentes comprendemos lo que significó vivir en ese sitio.

Intervenciones artísticas gestionadas por el MUCE

Intervenciones artísticas gestionadas por el MUCE

 

Pensemos las veces que la Universidad Central fue clausurada[6]. Imaginemos la intervención de la universidad en 1963 por parte de la dictadura militar que derrocó al presidente Carlos Julio Arosemena Monroy. Luego de la intervención, la clausura. Aquella vez la Universidad Central cerró sus puertas nuevamente. Las aulas quedaron vacías y la residencia también. Que todos los estudiantes que vivían en la residencia, hombres y mujeres por igual, hayan tenido que abandonar sus habitaciones con la ropa que llevaban puesta la noche del 25 de marzo de 1966, cuando los militares ingresaron a los predios universitarios violando la autonomía universitaria, no es un hecho que se pueda ignorar. No, porque con cada intromisión, con cada cierre, no solo se buscaba que la universidad deje de impartir clases, sino que los estudiantes se dispersen, que la cotidianidad y el espacio, en tanto generador de vínculos, deje de funcionar como tal.

Paracaidistas armados, bayonetas en ristre, cubierta la retaguardia con ametralladoras, arrastraron de los cabellos a señoritas y jóvenes estudiantes, ametrallaron puertas y en sus puestos de trabajo golpearon salvajemente a decanos, profesores y alumnos”, manifestaba el Consejo Universitario[7].

Tal fue la represión que ante el correteo de los estudiantes y sus escabullidas a media noche, los vecinos de Miraflores y La Gasca les abrieron la puerta de sus casas para acogerles. La anécdota cuenta lo que muchos no imaginamos: nuevamente la comunidad es el eje de los recorridos de la Central entre la agitación política, las demandas universitarias y la reacción estatal de aquellos años.

Cuando varias generaciones se interponen entre el estudiantado centralino del presente y el de 1960, no solo hay un salto temporal sino también discursivo, otros contextos, otras perspectivas educativas e importantes omisiones históricas como las de la experiencia sensible. Pero pienso también que los testimonios no bastan cuando queremos conocer un poco más de la historia de la Central. Lejana a la nostalgia está la interrogación crítica, necesaria para problematizar el por qué tenemos un espacio que pese a ser notorio e importante en términos de memoria social luce ahora como un lugar que no nos es propio y al que le somos indiferentes.

Intervenciones de arte contemporáneo gestionadas por el MUCE

Capítulo final clausuró una exposición, pero propició el repensar los supuestos naturalizados que sostienen una idea incompleta sobre lo que fue la Universidad Central en los años más álgidos de la política nacional en la segunda mitad del siglo XX. Recorrer los pasillos y habitaciones de la residencia universitaria facilitó el ejercicio: “partido político, enfrentamiento, protesta” son términos que pasan a segundo plano cuando ex estudiantes concuerdan en que la residencia fue un lugar de compañerismo y no una guarida de insurgentes[8].

¿En dónde nació ese compañerismo si no en la realidad compartida por sus habitantes: jóvenes que querían estudiar en la Central? Del deseo de formarse en Quito al hacerlo realidad. Del anhelo a la pertenencia, gracias a un espacio que vinculó subjetividades.

De no ser porque el arte “redistribuye las relaciones entre los cuerpos, las imágenes, los espacios y los tiempos”[9] el diálogo entre quienes vemos el edificio desde afuera y quienes lo habitaron a lo largo de sus veinticinco años de funcionamiento[10] seguiría pendiente y ajeno, y la responsabilidad dividida: entre la voluntad política de autoridades y el interés de toda la comunidad. Valga la jornada para que haya quedado claro que las voces de la Central no han callado totalmente. Hay estudiantes conscientes de su espacio, la realidad y sus capacidades[11]. Ellas, ellos, hoy habitan el museo y la Central.

Notas

[1] Realizada el 14 de diciembre de 2016 en el Centro de Formación Integral de la Universidad Central.

[2] Curadora, investigadora, docente universitaria.

[3] Ponencia: El Museo Universitario como laboratorio de investigación. http://www.paralaje.xyz/el-museo-universitario-de-la-uce-como-laboratorio-de-investigacion/

[4] Máquinas del tiempo (enero – marzo) y Voces y bullas de la Central (mayo-octubre), Primera Bienal de la pequeña estampa de Latinoamérica y el Caribe (octubre-noviembre).

[5] Evento de clausura de la exposición Voces y bullas: tu nombre sonará, realizado el 11 de octubre. Charlas artísticas, performance, música, proyecciones y recorridos por el campus universitario fueron parte de la programación.

[6] La Universidad Central registra cierres desde 1869 cuando el entonces presidente Gabriel García Moreno decretara su clausura considerando que la educación impartida era caduca y, sobre todo, que la universidad se había convertido en un espacio de insurrección. Argumentos similares rondaban las clausuras posteriores: 1934 y 1935 en los gobiernos de José María Velasco Ibarra y Federico Páez y en 1970, nuevamente en la presidencia de Velasco Ibarra.

[7] Se puede revisar más sobre este tema en Barreto, Dimitri. 2015. La autonomía universitaria en el Ecuador en ANALES de la Universidad Central del Ecuador. Vol. 1, No. 373. Quito.

[8] Testimonios recogidos en Camaradería, resistencia y escombros: residencia universitaria. Documental realizado por el equipo de comunicación del MUCE y coordinado por Isabel Mena, investigadora del museo. El documental compila entrevistas a ex residentes, así como material fotográfico de la Universidad Central

[9] Rancière, Jacques, “Políticas de la estética”, en El malestar de la estética: 33. Buenos Aires: Capital Intelectual, 2011.

[10] De 1963 a 1988. Uno de los motivos por los que la residencia dejó de funcionar fue el terremoto de 1987 que provocó la pérdida de estabilidad del edificio.

[11] Colectivos artísticos, agrupaciones políticas, individualidades que ante la desmovilización activan proyectos sociales y culturales que siguen haciendo de la Central y sus aulas, espacios de compañerismo.

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