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Repensando la idea de lo nacional: perspectivas de un debate sobre museos

Por Isabel Mena

Desde noviembre de 2015, cuando cerró el Museo Nacional, los gestores culturales han resaltado la importancia de abrir el debate sobre la construcción del nuevo guión museológico y museográfico y de considerar el fundamento constitucional de la pluriculturalidad y la multietnicidad frente a los derechos culturales. Durante la Mesa de Diálogo: Los efectos de la Ley de Cultura en la gestión de los museos, organizada por el Museo Universitario de la Universidad Central del Ecuador “MUCE” el pasado viernes 3 de febrero, el Viceministro de Cultura y Patrimonio Juan Martín Cueva aseguró que no ha habido ley más discutida y socializada que ésta. No obstante, no supo dar una respuesta clara frente a las preguntas acerca de los mecanismos formales de participación en la construcción del reglamento. Tampoco pudo disipar el escepticismo que genera el hecho de que el Museo Nacional -todavía cerrado- funcione como órgano encargado de presidir la red de museos que comprende la ley. Durante el debate quedó claro que quienes defienden la ley no comparten, con quienes la cuestionan, la misma idea de lo que implica “repensar la idea de lo nacional” en pos de políticas culturales verdaderamente plurales.

En un Estado que se proclama pluricultural y multiétnico, tener un Museo Nacional que presida a los demás museos resulta contradictorio. A criterio de Ana Rosa Valdez, curadora y gestora cultural, habría que pensar de una manera menos centralista y plantear la posibilidad, por ejemplo, de que cada museo conforme su propio comité directivo. Para Susan Rocha, actual directora del MUCE, el Museo Nacional, ahora a cargo del Ministerio de Cultura, está en crisis desde que pertenecía al Banco Central, pues “respondía a una noción de identidad única y además hegemónica” (El Comercio, 7-2-2017). En la actualidad los discursos sobre el triunfo del progreso y la modernidad ya no son un norte para la construcción de un Museo Nacional. A diferencia de lo que se hacía en el siglo XVIII, sostiene Rocha, el museo ya no es el constructor del conocimiento enciclopédico ni de las verdades universales. Tampoco puede expresar las verdades positivas que fundamentaban al museo del siglo XIX, ni sumarse a las narrativas que abrieron el siglo XX, que contaban la historia del triunfo del arte, hacían soliloquios autorreferenciales y buscaban construir una nación inclusionista homogeneizante que excluía cualquier intento de verdadera polifonía (Jornadas de Museología Educativa).[1] Tras exponer la falta de apoyo del MCYP en el proceso de conceptualización y construcción del Museo Arqueológico y Centro Cultural de Orellana “MACCO”, Milagros Aguirre concluyó que no cree en las leyes de cultura ni en el centralismo, pues son las iniciativas locales las que producen cultura. Las leyes deberían facilitar esta producción, en lugar de trabarla.

Ante estos cuestionamientos, el Viceministro Juan Martín Cueva aseguró que desde el Ministerio están abiertos a recibir insumos, aportes del sector cultural, y se refirió al conflicto como una vía para construir institucionalidad. “Menos mal somos un país que se construye en conflicto”, puntualizó. En este argumento resonó la ponencia de la historiadora Valeria Coronel, actual Subdirectora de FLACSO Ecuador, quien antes de la intervención de Cueva había defendido la construcción de “lo nacional” si se repiensa este concepto como memoria de la conflictividad en todos los géneros de representación. Para Coronel, en el Ecuador la idea de diversidad no desplazó al concepto de “lo nacional” ni se puede pensar lo nacional como un arcaísmo. Argumentó que el reclamo global por la diversidad cultural que se dio en los ochenta, fue muy particular en el Ecuador, en tanto reactivó la idea de construir un pacto popular y funcionó como plataforma de agregación de otras conflictividades sociales. “El movimiento indígena en el Ecuador, que fue un actor clave en la década de los ochenta, noventa y preconstituyente […] no reclamó un lugar desde la diversidad en la desconexión, sino la hegemonía sobre el campo popular y constituyó el campo popular”, explicó Coronel. “Es una etnicidad que apunta a la universalidad y no apunta a la particularidad”. Para la historiadora, es importante visibilizar la producción cultural desde las distintas territorialidades sin descartar la genealogía de lo nacional. Según esta perspectiva, lo ideal sería reconocer la potencialidad de lo particular de universalizarse y mirarlo en su interconexión con lo nacional.

Panel integrado por (de derecha a izquierda): Edgar Vega (docente de la Universidad Andina Simón Bolívar), Juan Martín Cueva (Viceministro de Cultura y Patrimonio), Giada Lusardi (historiadora del arte, docente de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador), María Fernanda Riofrío (educadora, directora de Inteligentarium), Pedro Cagigal (artista y gestor cultural), Valeria Coronel (historiadora, subdirectora de FLACSO Ecuador), Verónica Morales (abogada y antropóloga, miembro de Salasaka-Lab), Susan Rocha (Directora del MUCE) y Ana Rosa Valdez (Moderadora del evento). Crédito de la fotografía: Museo Universitario de la Universidad Central del Ecuador MUCE. 

Sin duda, es interesante analizar la manera en que los discursos locales y particulares han respondido, dialogando o participando en el discurso nacional que se ha construido desde lo Estatal. Esto podría ayudar a deconstruir aquel discurso homogeneizante sobre la identidad cultural que es directamente opuesto a las proclamas de pluriculturalidad de la Constitución. Sin embargo, es improbable que los museos puedan incurrir en este tipo de prácticas críticas y verdaderamente polifónicas, cuando la red que constituirán, según dispone la ley, contará con la presidencia del Museo Nacional, institución que aparentemente resolverá la necesidad de “regulación, control y evaluación” a la que se refirió el Viceministro frente a lo que considera, en ocasiones, una gestión muy individual y clientelista de los museos. Cuando Coronel habla de “universalizar lo particular” reduce la premisa de “repensar lo nacional” a actualizar los antiguos discursos homogeneizantes y centralistas bajo una lógica perversa que aparentemente garantiza los derechos constitucionales, pero que en el fondo vacía de contenido el potencial pluralista de la Constitución.

Para Pedro Cagigal, artista y gestor, está claro que los museos necesitan independencia para trabajar sin restricciones con sus comunidades y otras instituciones culturales, “pero hay que cuidarse de una autonomía que facilite prácticas clientelares y de amiguismos, y proyectos personales en base a las “libertades” de propuesta y creación que tiene el museo”. Remarcó la necesidad de que las propuestas museales se alineen con las políticas generales basadas en los principios constitucionales. “Ya tenemos un horizonte común explicado clarito en blanco y negro: plurinacionalidad, derechos culturales, buen vivir, libertad de creación, soberanía cultural, descentralización, disfrute de bienes culturales públicos, derecho al espacio público, protección de bienes y saberes ancestrales y varios otros”. Cagigal puntualizó que “estos ejes centrales no están concebidos para interferir con las políticas particulares de cada museo, sino para dar un eje de acción común a la red de museos”. No obstante, cabe preguntarse hasta qué punto estos principios, por cuya institucionalización lucharon los movimientos sociales, corren el riesgo de perder su sentido emancipador si son convertidos en supuestas garantías de que “el horizonte común” es un hecho y “está clarito”, por lo que el conflicto es una cosa del pasado.

Si se repiensa la memoria de la conflictividad en todos los géneros de representación bajo el concepto de “lo nacional” se cae nuevamente en lo que Ranahit Guha ha denominado “estatismo” -una perspectiva que permite que “los valores dominantes del estado determinen el criterio de lo que es histórico”.[2] Por lo tanto, construir desde el conflicto y la pluralidad no puede reducirse a enviar insumos para que estos sean considerados por el MCYP al momento de elaborar el Reglamento General de la Ley Orgánica de Cultura. Si bien, según el Viceministro, este documento implica un proceso más técnico que no puede tener la misma forma de participación que antecedió a la aprobación de dicha ley, gestores culturales como Verónica Morales, miembro del colectivo Salasaka-Lab, opinaron que el momento cúspide de participación debería ser precisamente el de concretar el reglamento y demás normativas institucionales.

Garantizar los derechos de la Constitución implicaría un proceso de escritura colectiva y una ley que fomente prácticas locales y plurales. Una red de museos que vaya acorde con los preceptos de pluriculturalidad debería funcionar de manera descentralizada, y ser capaz de visibilizar tanto el conflicto que ha caracterizado la construcción de “lo nacional” como el disenso actual bajo el que se piensa dicho conflicto. El Viceministro afirmó que luego, al conformar la red, sí se buscará participación. Lastimosamente, luego de conformar la red, las voces de los sujetos subalternos –utilizando los términos de Guha[3]– si bien no estarán al margen del Estado, tendrán que regirse a un protocolo alineado con esta voz que establece los parámetros de lo que se debe oír y lo que no.

Notas

[1]  Las Jornadas de Museología Educativa organizadas por el MUCE tuvieron lugar el 14 de diciembre de 2016 en la Universidad Central con el propósito de reflexionar sobre los desafíos del Museo Universitario en la actualidad. El diálogo con diversos gestores culturales, así como con académicos, docentes, autoridades y alumnos de la institución permitió pensar colectivamente en las líneas de trabajo, los procesos museales, educativos y comunitarios que desarrollará  el recién inaugurado museo.

[2] Ranahit Guha , “Las voces de la historia”, en Las voces de la historia y otros estudios subalternos, Barcelona, Crítica, 2002, 17.

[3] Ídem.

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