«Un guijarro en el cielo», exposición de Dennys Navas en DPM

Presentamos un registro de la exposición “Un guijarro en el cielo” del artista guayaquileño Dennys Navas (1990), inaugurada en la galería DPM el pasado 21 de julio. Junto a las fotografías, que fueron realizadas por Ricardo Bohórquez, compartimos el texto de René Ponce que acompañó la muestra y una reseña de a cargo de Mario Maquilón.

Navas se graduó en el Instituto Superior Tecnológico de Artes del Ecuador “ITAE”, y en la actualidad se encuentra culminando sus estudios en la Universidad de las Artes de Guayaquil. Entre sus exposiciones individuales se encuentran “Cul de sac” (2012) curada por Rodolfo Kronfle Chambers, “El pasado es demasiado pequeño para ser habitado” (2015) curada por Eduardo Albert Santos,  “Estaciones Suspendidas” (2016) en el marco del proyecto 103M de la clase de pintura de Saidel Brito (UArtes), y “Placa de agar” (2017) curada por Ana Rosa Valdez. En el 2015 obtuvo una beca del Premio Nuevo Mariano Aguilera, y el Premio Revelación del Salón de Octubre.

Dennys Navas. Aviarios blancos, peceras turbias, siempre olvido cerrar la puerta. Acuarela sobre papel. 134 x 112 cm. 2018.

El clima de abandono que se respira en la obra de Dennys Navas se transfigura camino a una doble filiación entre la deserción humana y la representación de un diseño arquitectónico que acumula fuerzas mecánicas, tecnológicas, naturales y decorativas. Estas fuerzas obran sin estorbo humano en la naturaleza infinita que propone Navas con sus acuarelas y peceras para edificios, dado que deben corregirse silenciosamente como lo hacen los Guijarros para alcanzar la perfección aguas abajo, o elevándose sobre el agua como refinados solados artísticos.

A través de la estructura de cristal como telón de fondo, Navas edifica el reino terrestre, la acción bien pudiera compararse con la germinación de las semillas que, vista desde lo arquitectónico, supone leyes de crecimiento que empujan sus estructuras fuera del cristal. En una aspiración al cielo que permita, siguiendo las formas irregulares de la naturaleza, alcanzar el canto plano de los Guijarros en el cielo.

René Ponce

Amigo del artista

Dennys Navas. 3 am y un emisario en el desierto, 6 disparos a la luz de la luna. Acuarela sobre papel. 158 x 113 cm. 2018

LA DESNUDEZ DE LA ESTRUCTURA

Por Mario Maquilón

Toda construcción humana es testimonio de nuestra capacidad inherente para diseñar y organizar el espacio a nuestro alrededor. La topografía indomable sobre la que muchas veces se asientan las ciudades ratifica nuestra necesidad de imponer de patrones de organización espacial (los cuales dictaminan el movimiento de los flujos humanos en estos entornos) en circunstancias aparentemente incontrolables. Naturalmente, el ordenamiento estructural del espacio no se limita a las ciudades sino que está presente en todos los lugares en los que la presencia humana encuentra un foco de asentamiento, convirtiéndose así en una de las marcas de identidad de nuestra especie. De este modo, la humanidad se ha embarcado a lo largo de su historia en la construcción de hábitats diseñados a su medida y a sus autoimpuestas necesidades. La obra del artista guayaquileño Dennys Navas (1990), y en especial su quinta y más reciente exposición individual Un guijarro en el cielo, (expuesta en la galería DPM) se inserta en este contexto con una perspectiva artística sobre la estructura y la construcción del espacio. En palabras del autor, esta muestra puede verse como una extensión de Placa de Agar (2017) en la que Navas también explora las relaciones entre lo humano y los entornos artificiales.

Un guijarro en el cielo se vale de una mirada deconstructiva para diseccionar y rearmar el imaginario particular del artista. En las obras de la exposición, elaboradas en acuarela sobre papel, queda evidenciada la intención de eliminar las capas superficiales del proceso creativo para descubrir su esqueleto interno. El cuadro 3 am y un emisario en el desierto, 6 disparos a la luz de la luna por ejemplo, recrea una escena de laboratorio en la que varios personajes anónimos se encuentran en el proceso de elaboración de ambientes que bien podrían ser cualquiera de las otras obras del autor. Estos constructores/científicos no presentan rasgos distintivos: sus figuras no han sido coloreadas o están dispuestos de espaldas, ocultando sus rostros. Estas decisiones técnicas y de composición, relegan la figura humana a un plano secundario y accesorio, la convierten en un instrumento utilitario para la edificación de los espacios, los cuales son los verdaderos protagonistas del trabajo de la muestra.

Dennys Navas. El horror oculto. Acuarela sobre papel. 133 x 113 cm. 2018

Así también, en El horror oculto tiene lugar la predominancia del lugar sobre los actores que en él se desenvuelven y la representación en la que se encuentran envueltos. En esta obra se aprecia un telón detrás del cual son visibles una serie de siluetas disímiles, algunas de las cuales son fácilmente identificables, pero otras entregan un mensaje entre ambiguo e indescifrable. El elemento determinante en este contexto es el telón, al punto de que en la esquina inferior izquierda del cuadro puede apreciarse una simulación en miniatura con la cortina en pleno proceso de apertura. La inclusión de este recurso pone de manifiesto las distintas instancias de una misma escena y la noción de aquello que se encuentra oculto detrás, del mismo modo en que el artista levanta al espectador el telón sobre su propia obra, para que éste último pueda echar una mirada a las etapas previas de la construcción de las escenografías. A través de estos recursos, el artista materializa las distintas temporalidades que conforman la producción de un trabajo creativo.

Por otro lado, en la esquina inferior derecha de la pieza antes referida puede identificarse otro de los elementos que atraviesan transversalmente la obra de Navas: la estructura de condominio. Este concepto, originado en el ámbito legal y luego trasladado al campo de la arquitectura, alude al “dominio de una cosa en común por dos o más personas”. Actualmente el término se emplea también para designar una edificación generalmente horizontal, con varias losas superpuestas que definen los pisos o plantas de la construcción, y con divisiones internas que derivan en cuartos o cubículos. A través del condominio, emerge entonces la noción de distribución y organización espacial, a la cual el artista añade una dimensión expositiva: cada uno de los lugares internos del condominio son oportunidades para mostrar en una sola plataforma un sin número de elementos y realidades, que llegan a convivir sin importar la disparidad de sus puntos de origen. Todo esto es posible gracias a la función integradora de la estructura.    

Dennys Navas. El bazar de los sueños pesados. Acuarela sobre papel. 176 x 104 cm. 2018

Al respecto, el autor destaca el concepto de gabinete de curiosidades o cuarto de maravillas, lugar en el que los coleccionistas de siglos pasados exhibían una amplia variedad de objetos y artefactos, con preferencia elementos considerados raros y extravagantes, provenientes a culturas no occidentales (los gabinetes son los predecesores de los actuales museos). Mediante la selección de objetos que formarían parte de la exhibición, sus propietarios recogían evidencias de realidades desconocidas y ajenas a los observadores y construían también su visión particular del mundo. La obra el El bazar de los sueños pesados propone una reinterpretación de este ejercicio. En cada uno de los compartimientos de la galería, Navas inserta referentes de otras de sus creaciones y también del trabajo de otras y otros artistas. En el condominio son claramente distinguibles elementos que se encuentran presentes en otras de las pinturas de la muestra, con lo que el papel se convierte en el catalizador de todas esas realidades extrínsecas al cuadro, construyendo así una galería metaexpositiva e hipertextual.  Esta distribución da paso a la demarcación de cada uno de los elementos alojados en las recámaras, arrancados de su lugar original para ser emplazados en un proceso de estudio individual. La imagen del laboratorio aparece aquí de la misma forma que en 3 am y un emisario en el desierto, 6 disparos a la luz de la luna. Las paredes internas del condominio funcionan también como murallas que otorgan a cada compartimiento independencia del resto.

Los patrones de distribución del espacio presentes en la pintura de Navas sugieren la intención de delimitar y separar aquello que se encuentra contenido en cada cubículo. A través de esta mirada clasificadora, queda evidenciado uno de los procesos cognitivos más esenciales de la humanidad a través de la forma en que la misma observa y entiende el mundo que habita, estudiándolo y reorganizándolo para que se ajuste a su esquemas de percepción. El ojo humano inevitablemente dibuja esquemas simétricos cuando observa el caos. Se propone un encapsulamiento semántico de cada elemento a partir de su aislamiento en el espacio, recreando el ambiente de laboratorio y estudio individual que marca la exposición. En este punto pueden establecerse paralelismos con la obra de arte, en tanto esta es también una perspectiva que segmenta la realidad a partir de una visión individual.  

Dennys Navas. Carne y piedra #2. Acuarela sobre papel. 178 x 112 cm. 2018

No todas los condominios y galerías estructurales que emplea Dennys Navas están alojando elementos en su interior, ya que algunas de ellas se encuentran vacías. En este punto, el espectador de la obra entra a formar parte de engranaje de sentidos y aporta con sus construcciones individuales llenando los espacios vacíos con sus propias proyecciones. Carne y piedra 1 y 2 abordan de lleno el vacío estructural. En ambos cuadros se distinguen edificaciones de varios pisos con losas superpuestas, pilares y paredes interiores. Estas construcciones destacan vivamente en la composición ya que sus colores y sombras contrastan con la nulidad del ambiente que las rodea, delineado tenuemente con trazos de lápiz apenas distinguibles. La característica que salta inmediatamente a la vista sobre estas piezas arquitectónicas es la ausencia de fachadas o cubiertas exteriores, con lo cual las entrañas de los edificios son claramente visibles. En este sentido, Carne y piedra 2 exhibe un grupo de edificaciones con estas características que dan la impresión de una ciudad abandonada en pleno proceso de construcción. Sin embargo, esta noción se disipa rápidamente en tanto dentro del contexto de la obra de Navas, la estructura se independiza de la presencia humana, y deja de asumir un rol de objeto pasivo (ser habitada) para convertirse en una entidad que domina y habita el espacio en el que se encuentra dispuesta.

La ausencia de exteriores en estos edificios reaviva la intención del autor de inducir en el espectador una mirada exploratoria y transparente hacia el interior del cuadro. Esta propuesta nace de la exploración personal que Navas ha realizado en la ciudad, en la que ponía especial atención a las fachadas de las casas y edificios con los que se encontraba en su camino. Así germinó la noción de la división que estas cubiertas generan entre el espacio exterior y el interior. Y es que son precisamente las fachadas las que marcan las fronteras entre lo público y comunitario y lo íntimo y privado. En Carne y piedra estas separaciones se encuentran ausentes, de modo que la estructura se ofrece florecida y abierta mucho más allá de sus dimensiones físicas. En la obra, se observa la posibilidad del libre tránsito entre el exterior y el interior, los cuales son ahora indivisibles.

Dennys Navas. Los fantasmas siempre vuelven. Acuarela sobre papel. 350 x 142 cm. 2018

Si bien las edificaciones son el punto dominante en la exposición, la apertura estructural de las mismas aporta con la otra cara de la moneda, en tanto el espectador inconscientemente se proyecta y habita las construcciones vacías. La ausencia de marcas directas que establezcan relaciones con alguna funcionalidad o rol arquitectónico particular y la ya mencionada carencia de fachadas, limpian a los edificios de varias de sus capas de sentido y los dejan puros y esenciales. Ante esto, el observante se contagia de la misma inquietud y deseo de indagación que siente una o un infante ante una casa abandonada. Tiene lugar entonces un proceso habitacional ya no físico sino psicológico a través de mecanismos de identificación proyectiva. Una de las obras de la exposición que mejor refleja estas características es Los fantasmas siempre vuelven. Esta pieza está conformada por estructuras en forma de prismas cuadrangulares dentro de las cuales se distinguen líneas entrecortadas que, dependiendo de subjetividad del observador, pueden conformar distintas formas y siluetas, reflejando de este modo, las múltiples posibilidades interpretativas del espacio vacío.

Cabe también un comentario sobre la técnica empleada por Navas en la muestra. La translucidez que envuelve la exposición se acentúa por el uso de acuarela como herramienta para dar color. Su composición acuosa brinda la transparencia necesaria para observar detalles de las capas subyacentes del cuadro, como los bocetos a lápiz, o espacios en los que el color está menos concentrado y el esqueleto de la obra se asoma por ese agujero cromático en la cubierta exterior; este efecto no sería posible con acrílico, material utilizado por el artista en otras propuestas. A través de estos recursos, el autor busca infundir a la muestra con una atmósfera de transitoriedad, de un proceso aún en desarrollo, inacabado.

Dennys Navas. Desdoble. Acuarela sobre papel. 76 x 56 cm. 2018

En este marco, la estructura descubierta cumple una función triple: muestra el interior, clasifica a través de la delimitación e invita a ser habitada; de modo que condensa la propuesta del autor. Es pertinente aquí hacer énfasis en el primero de estos puntos en tanto la exposición Un guijarro en el cielo lleva implícita una invitación a echar una ojeada hacia las profundidades de una obra. Al mostrar todo aquello que se encuentra debajo de las capas más superficiales y visibles del trabajo artístico, Navas cuestiona la noción de un “producto acabado” y define tácitamente a la obra de arte como un proceso en construcción perpetua marcado por la incesante reconstrucción y reorganización de ideas y propuestas.  Mediante el uso de edificios desnudos, el artista atrae la atención hacia el boceto, instancia del oficio creativo que lleva implícita una noción de transitoriedad, de algo que se convertirá en aquello que se considerará como el resultado final. El armazón estructural vacío puede entenderse entonces como el boceto de una edificación. El protagonismo que adquieren estas construcciones “inacabadas” en los trabajos de Navas, legitimiza las instancias intermedias del quehacer artístico y relativiza los criterios bajo los cuales un trabajo se considera finalizado, estableciendo además una equivalencia entre la construcción de espacios arquitectónicos y la edificación de una obra artística.   

La aproximación a las estructuras que realizó Navas en la muestra las colocó en el centro de la reflexión sobre la forma en que hemos resignificado y moldeado el espacio (incluido el metafísico) en el que residimos, y la transitoriedad inherente a dicho proceso en tanto existe siempre la posibilidad de construir sobre viejos cimientos.  La exposición Un guijarro en el cielo se presentó así como una oportunidad para repensar las estructuras y los espacios que habitamos, reconociéndolos como extensiones de nuestra forma de concebir el mundo y así también, como proyecciones tangibles de esa cosmovisión.  

Mario Maquilón

Dennys Navas. In vitro #1. Concreto, poliuretano y agua. 58 x 50 x 120 cm. 2018

Dennys Navas. In vitro #2. Concreto, poliuretano y agua. 30 x 55 x 120 cm. 2018

IMÁGENES DE LA EXPOSICIÓN

Fotografías: Ricardo Bohórquez

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