Carta a Luis Espinosa Goded: ¿Qué representan los guerreros indígenas en la Plaza Indoamérica?

Esta carta abierta de Isabel Mena responde al debate sobre xenofobia, racismo y etnocentrismo que suscitaron las semanas pasadas los tuits y posts en facebook del español Luis Espinosa Goded, profesor de economía de la Universidad San Francisco de Quito. El pasado 6 de junio, tras visitar las instalaciones de la Universidad Central del Ecuador, en donde fue invitado a dar una conferencia, Espinosa Goded publicó un tuit cuestionando la pertinencia de los bustos de la Plaza Indoamérica dentro de la universidad, con el argumento de que las figuras históricas a las éstos que representan no han contribuido al conocimiento. Sus comentarios despertaron una lluvia de insultos y algunas voces defensoras. En El Comercio apareció un artículo titulado “Largate extranjero” que alerta sobre la intolerancia de los ecuatorianos. Ante esto, el 13 de junio, Espinosa Goded publicó una aclaración en su muro de facebook en la que resiente las ofensas que ha recibido y explica su postura. Este texto fue compartido 108 veces, tiene 279 reacciones y 106 comentarios, por no mencionar una buena cantidad de memes, así como comentarios satíricos y críticos que circularon en las redes sociales. Por la cantidad de discusiones suscitadas que tocan temas interesantes acerca de la identidad cultural del país, la historia y relevancia de los monumentos públicos y los prejuicios desde los cuales se enuncian los distintos sujetos, Paralaje.xyz ha decidido publicar esta carta abierta de Isabel Mena, investigadora del Museo Universitario de la Universidad Central “MUCE”, dirigida al profesor Espinosa, a quien invitamos a comentar para enriquecer el debate.

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Comité Editorial

Paralaje.xyz

. Plaza Indoamérica, Universidad Central del Ecuador.

 

CARTA ABIERTA A LUIS ESPINOSA GODED: ¿QUÉ REPRESENTAN LOS GUERREROS INDÍGENAS EN LA PLAZA INDOAMÉRICA? 

Por Isabel Mena

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Estimado Luis,

Lamento sinceramente que hayas sido objeto de insultos, ataques y peticiones de que te expulsen del país por el tuit que publicaste en referencia a los bustos de guerreros indígenas en la Plaza de Indoamérica. Opinas y estás en tu derecho de opinar que la presencia de dichos personajes en la Universidad Central no tiene razón de ser porque no han contribuido al conocimiento. Creo que nada justifica la xenofobia de ciertas respuestas que has recibido, pero también estoy convencida de que, para luchar en contra la intolerancia visceral y poco argumentativa ante ciertos temas, es necesario comprender por qué las personas responden de cierto modo. La aclaración que hiciste en facebook en cuanto al susodicho tuit que tanta indignación causó, me lleva a inferir que, por más conocimientos académicos que demuestres tener sobre el sistema económico y social del Imperio Inca, se te escapan par cosas fundamentales sobre la idiosincrasia de la sociedad dentro de la cual estás opinando. Y no me sorprende que se te escapen. Se trata de una sociedad heterogénea y compleja. Pero, además, supongo que, como hombre blanco europeo y académico, te resulta incómodo abandonar la seguridad de los porcentajes que utilizas para argumentar, así como la certeza que tienes con respecto a lo que debe ser considerado conocimiento y lo que no, y frente a los valores que deben encarnar los monumentos al interior de una universidad pública. Si lo que quieres es permanecer claro e inmóvil en tus opiniones, no te conviene hacerte algunas preguntas que son clave para comprender la llaga en la que has metido el dedo con tu tuit. Cuestionamientos que, en cambio son fundamentales, si lo que buscas es como dices en la aclaración que haces vía facebook fomentar una cultura del debate en el Ecuador, y, de paso por qué no permitir que tu estadía en este país permee tu eurocentrismo inconsciente y te vuelva más autocrítico, abierto y empático ante las diferencias. Te planteo dos interrogaciones: ¿Qué simboliza la presencia de los guerreros indígenas en la Universidad Central del Ecuador? ¿Cómo pudieron causar tanta indignación los 140 caracteres con los que cuestionaste su pertinencia en la ciudad universitaria?

Como bien te han informado, los bustos de  la Plaza Indoamérica —que originalmente se ubicaba fuera de la ciudad universitaria— representan a los héroes de la resistencia indígena de distintos lugares de Latinoamérica y fueron donados por las embajadas de los respectivos países que ahora se asientan sobre el territorio en el que en su día estos hombres libraron sus batallas. “El 24 de mayo de 1961 se colocó la primera escultura en la plaza. Esta  correspondió a la del héroe Rumiñahui. El 12 de octubre de 1974 se instaló la última, que recuerda al cacique Hathuey de Cuba”. Explicas en tu muro del face que el inicial estupor que te causó encontrar estos monumentos que considerabas fuera de lugar en una universidad se mitigó cuando te enteraste del “accidente urbanístico” que reubicó a los  bustos al interior del recinto universitario. Siento decepcionarte y volverte a causar una incómoda extrañeza, pero la verdad es que la Universidad Central no estuvo al margen de la construcción de la Plaza de Indoamérica. El terreno en el que se asentaba la Plaza de Indoamérica antes de su reubicación al interior de la ciudad universitaria, formaba parte de los lotes que el Municipio de Quito entregó a la Universidad Central del Ecuador a mediados de los años cuarenta, a cambio de la antigua Casona Universitaria ubicada en el centro histórico. De hecho, inicialmente, la plaza se denominaba Plaza Universitaria. En 1959, el Dr. Alfredo Pérez Guerrero, entonces rector de la UCE, apoyó el proyecto de construir la Plaza de Indoamérica junto al alcalde de Quito, Carlos Andrade Marín. Ahora, lo que yo me pregunto es por qué te causa tanto asombro que los criterios que motivaron la creación de la plaza sean distintos a los que tienes tú madrileño del siglo XXI que se autodefine como liberal, escohotadista y mccloskusta acerca de los valores que deberían transmitir los monumentos de una ciudad universitaria.

Estoy completamente de acuerdo contigo en que una de las formas de aprender qué se valora en una sociedad es analizar los monumentos y esculturas de los espacios públicos una idea que también puntualizas en tu aclaración. El problema es que has lanzado una opinión sin tomarte la molestia de hacer el análisis que pides. También es muy interesante examinar si estos monumentos son solamente vestigios y documentos de valores y reivindicaciones del pasado o si todavía despiertan pasiones en la coyuntura actual. La cantidad de respuestas que recibió tu tuit me lleva a pensar que los valores representados por los bustos de los guerreros todavía están en disputa y, por lo tanto, vivos.

Pero volvamos a las preguntas que propuse, pues, solo si nos situamos en el lugar y en la época en la que fueron construidos, podemos comprender por qué el hecho de que ESOS guerreros estén en la universidad no está tan fuera de foco como crees, sino que se explica perfectamente dentro de un contexto histórico. Recuerda que nos estamos ubicando en los años sesenta y setenta, es decir, antes de la efervescencia del movimiento indígena y de que en el Ecuador se soñara siquiera con un Estado pluricultural y multinacional. No es plausible, por lo tanto, que la construcción de la Plaza de Indoamérica apunte a una intención de incluir o de reconocer los saberes ancestrales de las culturas indígenas del país. Bien señalas en tu aclaración que los bustos representan a guerreros y no a sabios o estudiosos. Lo que no llegaste a deducir es que las esculturas son más bien un monumento a la resistencia desde América Latina. En el contexto global de la época, se entiende una resistencia al imperialismo norteamericano, a la imposición de un modelo de desarrollo en el que ocupamos un lugar de evidente dependencia económica frente a las potencias mundiales, al espionaje de la CIA, al auspicio norteamericano de dictaduras de derecha que cobraron miles de vida, entre otras cosas. La universidad pública de aquellos años se asumía al menos en discurso como productora de un pensamiento crítico capaz de prestar resistencia a toda clase de imposición y manipulación de poderes externos, nacionales e internacionales. Es complicado (y quizá imposible) imaginar una autonomía absoluta en este sentido, pero esa era la utopía que movía a los intelectuales como Pérez Guerrero.

Las virulentas respuestas que recibió tu tuit me llevan a concluir que todavía hoy, los bustos indígenas representan la resistencia a un pensamiento eurocéntrico colonialista que mira a América Latina como a aquel extraño incomprensible y peligroso salvaje que debe ser civilizado. Parece que ese pensamiento continúa tan arraigado en ti que ni siquiera lo reconoces como tal, y te asombras cuando te lo sacan en cara en redes sociales. Estamos ya en el terreno de la segunda pregunta. Me parece que la mayoría gente que te ha respondido ofendida no se identifica necesariamente con la cultura indígena como deduces, si no que reaccionan de manera visceral ante una ideología según la cual América Latina nunca estará tan cerca de la verdad como Europa por el simple hecho de que es desde un pensamiento eurocéntrico desde donde se imponen los criterios de lo que es verdadero y valioso. Desde esa visión tú reconoces en tu texto aclaratorio el valor de la astronomía, la agricultura o la construcción de las culturas americanas. Te permites, además, reconocerlo en su justa medida y adviertes sobre el peligro de sobrevalorarlo. ¿Cuándo hablas del “avance en civilización” que supuso la Conquista, de qué civilización estás hablando? ¿Quién está midiendo la civilización de quién?

En un segundo tuit, también del 6 de junio, escribes textualmente “pues unos guerreros analfabetos, yo no creo que tengan nada de encomiable, la verdad”, un enunciado que también ocasionó una lluvia de réplicas e insultos. Ofendido, aclaras luego por facebook que el término “analfabeto” es un calificativo sin connotación valorativa alguna. ¿Y si te cuento que hasta 1978 en el Ecuador todavía se exigía saber leer y escribir para poder votar? Esta disposición colonialista impuesta por hombres ecuatorianos blanco-mestizos con un pensamiento tan eurocéntrico como el tuyo excluía, sobre todo, a personas pertenecientes a  los estratos populares, a afrodescendientes, a indígenas y a mujeres ¿Todavía crees que es un calificativo neutral?

Me parece interesante que identifiques un auto-odio en aquellas respuestas que insultan a los conquistadores españoles en tanto ellos forman parte de la ascendencia cultural que tenemos los ecuatorianos. Intuyes que este auto-odio debe ser difícil de sobrellevar. Y, ¿sabes qué?, quizá tengas algo de razón aquí. No me atrevo a hablar de auto-odio, pero creo que el “mestizaje” con todas sus potenciales riquezas no es fácil de sobrellevar para una nación, en parte, porque no se trata de un mezcla homogénea producto de lo que tú llamas “unión entre dos mundos”, sino de algo más parecido a una violación. Cuando lo miras así, ya no resulta tan raro que los hijos e hijas de semejante ultraje se conflictúen al pensar en sus progenitores y desarrollen sentimientos negativos hacia uno de ellos dependiendo de cómo les haya sido contada esta historia y, sobre todo, de cómo haya pesado en su vida.

Tanto los guerreros indígenas de la Plaza de Indoamérica como esta analogía que te planteo como otra forma de mirar lo que tú llamas “Descubrimiento”, son símbolos de la violencia y de la resistencia. Deben ser entendidos como tales para no caer en esencialismos que, en lugar de acercarnos, nos alejan de la comprensión de una idiosincrasia tan heterogénea como la ecuatoriana. En este sentido, cuando hablamos de “mestizaje” también corremos el riesgo de evocar una esencia cultural o nacional que es contraria a la diversidad cultural y étnica que caracteriza a América Latina y al Ecuador.  

Quiero creer que esta diversidad tiene el potencial de acercarnos al “otro” y de permitirnos aprender de la diferencia. Sin embargo, para ello es necesario que tengamos claro que “escuchar es parte constitutiva del discurso”. Volviendo a tu tuit, considero que fue lanzado a ciegas  desde tu trinchera un lugar de enunciación privilegiado que ingenuamente consideras universal. Aclaras que no eres partidario de reescribir la historia, cuando la historia debe ser reescrita justamente para evitar que la violencia sea negada con eufemismos y que palabras como “analfabeto” nos sean vendidas como neutrales. En una sociedad con una historia marcada por el colonialismo y su subsecuente racismo, machismo y clasismo, es fácil despertar odios, resentimientos y complejos muy arraigados. (El beligerante discurso de nuestro ex presidente es un claro ejemplo de esto). Es así que muchas de las respuestas que recibiste se dispararon también desde trincheras en las que los sentimientos viscerales negativos pudieron más que la reflexión. Dudo que atrincherarnos sea la mejor manera de promover una cultura del debate en el Ecuador.

Eso nomás, Luis. Me despido con una cita de Ranahit Guha que espero te resulte tan inspiradora como a mí.

“Escuchar significa estar abierto a algo y existencialmente predispuesto: uno se inclina ligeramente a un lado para escuchar”.

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Atentamente,

Isabel

30 comentarios en “Carta a Luis Espinosa Goded: ¿Qué representan los guerreros indígenas en la Plaza Indoamérica?

  1. Es muy difícil tanto para los europeos como para los latinoamericanos desmontarnos de nuestro pasado vivimos con ellos y cada una le da la valía que le conviene, yo tengo la idea de los Españoles colonizadores , y saqueadores de nuestra riqueza, recordamos 500 años de resistencia indígena, y los mestizos recordamos toda la vida nuestro mezcla. Terminamos unos Odiando a la “Madre Patria España” y Otros amando a la Madre Patria

  2. UNA PENA QUE TODAVIA EXISTA EL RACISMO, EL ODIO Y LO PEOR LA IGNORANCIA DE CIERTOS INDIVIDUOS QUE CREEN QUE ESTAMOS 500 AÑOS ATRAS, FAMOSOS CONQUISTADORES ESPAÑOLES CODICIADOS POR EL ORO DE NUESTRO INDIGENAS.

  3. El comentario de este individuo me ha indignado muchisimo, ofendiendonos en nuestra propia patria, entonces si tanto le molesta nuestra idiosincracia por que el vive en nuestro pais?. Mi hija de apenas 12 anios sabe la crueldad del yugo espanol porque lo ha leido y yo le he contado, ella ha sacado sus propias concluciones acerca de los espanoles y no son positivas y eso que ella no es ecuatoriana, aqui en las ecuelas americanas les ensenan algo de los conquistadores y solo con esa poca informacion ella se ha dado cuenta de la arrogancia espanola.
    Isabel, tu carta es clara y directa me encanto, felicitaciones.

    1. Y Sandra, en esos libros que le das para leer a tu hija, ¿también explica la crueldad del yugo Inca sobre los demás pueblos indígenas?, porque si sólo explica una historia sesgada, con los argumentos que le convienen a una ideología, me temo Sandra que no estás educando a tu hija, la estás adoctrinando.

      1. Jajaja ridículo, como si los peninsulares hubiesen sido unos santos. Se sacan la misma excusa pedorra siempre que se toca el tema de la conquista de “hay, los incas eran unos opresores” o la otra ” los indígenas eran unos salvajes que hacían sacrificios a sus dioses” Digo yo, la Inquisición técnicamente hablando no fue un “sacrificio hacia Dios” ?? El asesinato sistemático de infieles como les decían, una bola de salvajes defendiendo una ideología arcaica y ahora dirás….”no, era otra época, otras circunstancias” pues te digo los mismo sobre la cosmovisión de los pueblos indígenas nativos americanos, tienen, porque por suerte sobrevivieron al genocidio español, tienen otra forma de vida, de gobierno, de pensamiento diferente al occidental. Es tan difícil de entender ?? Los españoles no están adoctrinados ? Pensando que fueron los salvadores de los pueblos salvajes de las Américas, adjuntándose territorios que jamás les pertenecieron, por la fuerza. Amigo, usted también está adoctrinado, durísimo, a usted también le contaron una historia sesgada.

  4. Creo que la carta en general esta bien, expresa el porque esos bustos están dónde están. Sin embargo, me parece que en ciertas partes se enfrasca una vez más en ese cliché de Español conquistador malo e indígena conquistado bueno. La verdad en que ninguno era bueno o malo, hubieron cosas de la conquista muy malas pero negar los beneficios que hemos tenido y que nuestra cultura en ese momento estaba muy atrasada es simplemente quererse tapar los ojos. Uno de los problemas que tenemos como sociedad (los latinos) es que nos enseñan a odiar y resentir, siempre es el español malvado que vino a robarnos y romper nuestra paz (cuando no éramos exactamente pacíficos), el gringo, el pelucón, etc.

  5. Es interesante que el imaginario histórico resulte tan difuso que requiere de la explicaciones. Duele saber que toda esa lucha no tiene sentido cuando seguimos en un mismo colonialismo. ¿qué debemos defender?

  6. Apreciada Sra Mena

    Muchas gracias por su tan oportuna e inteligente misiva. La arrogancia de esta persona refleja también un buena dosis de ignorancia, bastante común en Europa, pero que sorprende de un catedrático universitario. Considero otro desatino de la USFQ tener en sus filas académicas a alguien con estas credenciales, asi como en el pasado abrió sus puertas a Rafael Correa quien con sus ideas y resentimientos, hoy por hoy, tiene tan dividida a la Republica.

  7. Brillante respuesta, realmente brillante, aprendí mucho leyéndola… sobre historia, pero también, sobre cómo conversar

    1. Mal. ¿Aprendió Ud.a contestar TODA crítica indignándose, usando falacias ad hominem y tomando la posición de víctima?

      Mal. Por eso NO progresamos.Otros países se desarrollan en UNA generación (~25 años), acá NOS ENCANTA lloriquear por cosas que pasaron hace 500 años, creyendo que eso justifica nuestra mediocridad.

  8. Acertada la aclaracion de Isabel, felicitaciones porque no se observa ninguna mediocridad y màs aun groseria como lo ha hecho tan “ilustre invitado” que la gloriosa Universidad Central ha creido hacerle tal invitaciòn sin imaginarse que iba a faltar al respeto a sus anfitriones con aquellos comentarios desubicados por decir lo menos.

  9. Lo que complementaría a este artículo es abordar sobre la arrogancia de la intelectualidad y de la academia que en tiempos actuales predomina y con la cual este sujeto se atreve a descalificar a personas que formaron parte de la historia de América Latina.

    1. El autor afirma que la mayoría de indígenas ecuatorianos lucharon del lado de los españoles, EN CONTRA de los invasores incas; como sucedió también en México contra los invasores aztecas. ¿Qué opina Ud.? ¿Cómo se siente haber sido educada con MENTIRAS?

  10. Bien Isabel felicitaciones por lo expresado en la carta….este Señor es un irrespetuoso intolerante con ideas eurocentrista medievales ademas majadero por sus replicas.

  11. Muchas gracias por formular tan concienzudamente todas las tramas que urden este tema. Lo que más me ha parecido certero ha sido: “reaccionan de manera visceral ante una ideología según la cual América Latina nunca estará tan cerca de la verdad como Europa por el simple hecho de que es desde un pensamiento eurocéntrico desde donde se imponen los criterios de lo que es verdadero y valioso.” Verdaderamente, Europa sufre de un provincionalismo muy grave. Y como está en posición cómoda, no siente la necesidad de cuestionarlo. Bueno pues, aquí te viene la crisis de inmigrantes sirios, que es el caldo de cultivo de un nuevo pensamiento. ¡Saludos!

  12. Estimada Isabel:
    En primer lugar quiero agradecer su educada respuesta, es lamentable que tres semanas después, cientos de comentarios, tweets, likes y demás, ésta haya sido la única réplica educada y argumentada que haya recibido, y puesto que mi interés siempre fue fomentar el debate le respondo.
    Sin embargo es curioso que ni usted ni su editor se centren en lo objetivo del debate: cuestionar si los guerreros son admirables, es significativo que en la presentación del artículo hablen de polémica por “xenofobia, racismo y eurocentrismo”; pero no de violencia o cuestionamiento de los valores reflejados en las esculturas públicas. De hecho en toda su larga respuesta no responde a las dos preguntas que yo hice en el ya famoso tuit: “¿Alguno de estos héroes indígenas ha contribuido en algo al conocimiento universitario? ¿entonces qué hacen en la universidad central?”.
    Por desgracia la inmensa mayor parte de su artículo se centra en calificarme (o descalificarme) a mí, pero apenas en responder a lo que yo digo. Evidentemente mucho más educado que aquellos xenófobos que me insultan, cierto, pero sigue siendo un ataque ad hominem, pero no una refutación del argumento. Así no tengo nada que responder a si yo hablo como “hombre, blanco, europeo y académico…” pues evidentemente no tengo nada que decir sobre si usted habla como “mujer” (lo deduzco por su nombre), sea de la raza, etnia, color, o pueblo que sea, algo que la verdad ni lo sé ni me importa, pues el debate ha de basarse en argumentos y no en acusaciones personales, en lo que se dice y no en quién lo dice. Fíjese que lo primero que dice de mí es “el ESPAÑOL Luis Espinosa Goded”, lo que es cierto, pero no creo que sume ni reste nada al debate. Además se da el lujo de seguir calificándome como poco “autocrítico, abierto y empático con las diferencias”; claro, si el debate lo centramos sobre mí tiene mucho menos interés, yo la verdad no sé qué tan auto-crítica es usted, ni empática; pero a juzgar por su artículo poco (al menos poco autocrítica con usted ni empática conmigo), pero insisto, no es sobre eso sobre lo que se construye un debate constructivo.
    Por tanto no es una cuestión de si yo “entiendo la complejidad de la sociedad en la que opino como blanco, académico…”, es una cuestión sobre si sigue habiendo una exaltación del guerrero, y más concretamente del guerrero indígena en contraposición a “lo español”, algo que usted reafirma y defiende en toda su respuesta, dándome la razón explícitamente sobre el fondo del debate. Lo que le agradezco.
    De hecho hace explícito esta asunción de mis juicios de valor, pues cuando yo digo “analfabeto”, algo que usted no niega en su primera acepción del diccionario (y que haciendo una investigación más exhaustiva de todos los bustos representados es cierto de casi todos ellos pero no de todos), pero usted sí sigue diciendo que no es neutral. El término es objetivo en sí mismo, claro, si usted en lugar de refutar lo que se dice, y que objetivamente no niega, usted plantea el debate en función a juzgar si los términos son neutrales por lo que usted dice que debemos entender por neutrales en función de la historia y no por lo que los términos dicen en sí mismos, pues es difícil mantener una conversación, pues la denotación es objetiva, la connotación subjetiva.
    Dice que me resulta incómodo abandonar “la seguridad de los porcentajes”, no sé cómo usted sabe lo que es cómodo o incómodo para mí, pero de hecho doy un porcentaje y muchos datos y hechos históricos, que usted ni refuta ni re-interpreta, pues para usted el objeto del debate no parece importarle, sino el sujeto del debate, esto es, yo.
    Incluso se permite una especie de psicoanálisis sobre los pensamientos profundos que están arraigados en mí pero que yo no reconozco como tales, entre otros que tengo “ un pensamiento eurocéntrico colonialista que mira a América Latina como a aquel extraño incomprensible y peligroso salvaje que debe ser civilizado. Parece que ese pensamiento continúa tan arraigado en ti que ni siquiera lo reconoces como tal” Es que es difícil responder a eso, pues yo ni nada sé sobre su psique y sus ideas ocultas hasta para usted misma (no soy tan engreído como para pensar que tanto sé), ni si tiene un “latinoamericanismo inconsciente”, ni me permito hacerle esos juicios de valor. Y la verdad si usted me dice que son pensamientos que ni yo mismo reconozco, pues tampoco puedo refutarlo diciendo que yo no lo pienso, pues usted parece saber mejor que yo qué pienso en realidad. Pero si me pregunta lo que pienso (si le importa lo que yo pienso y no lo que usted deduce que en el fondo pienso), la verdad yo no veo a América Latina como “un extraño incomprensible” pues no hago juicios por continentes como si toda América Latina fuese solo una y todos los latinoamericanos fuesen iguales (y le aseguro que en esto no todos opinan como usted ni usted habla “en representación” de los latinoamericanos en este debate como yo no lo hago en representación de los europeos).
    De hecho dice que yo hablo “un lugar de enunciación privilegiado que ingenuamente consideras universal”. Dice que es “privilegiado” mi lugar, como si ser europeo, o blanco, o hombre sea un privilegio por sobre ser latinoamericano o mestizo, algo que yo no considero, la verdad. ¿Usted sí lo considera? Pero otra vez insiste en cuestionar desde qué posición hablo yo, y no qué digo yo.
    Entrando en el fondo de la cuestión, lo que importa, me hace usted dos preguntas directas que sí quiero responder. (Por cierto, no cómo usted, que aún no ha respondido a las dos preguntas de mi tweet).
    “¿Qué simboliza la presencia de los guerreros indígenas en la Universidad Central del Ecuador?“
    Usted misma lo responde: “Son símbolos de la violencia y la resistencia” Y yo insisto: no me parece correcto que se homenajee a la violencia en la universidad. Sobre eso parece que usted no tiene nada que objetar. Extraño.
    Dice “El imperialismo norteamericano” y la CIA (¡nunca puede faltar la CIA!). Nombra las dictaduras de derecha pero nada de las de izquierda o las guerrillas que tanto dolor han causado en América Latina, y algunas de ellas explícitamente se inspiraron en esos mismos guerreros que se sigue homenajeando. Curiosa hemiplejia histórica que obvia lo relevante para el caso.
    Pues si esto es lo que representan entonces mi planteamiento tiene todo el sentido, ¿Tiene sentido la construcción de una identidad en base a la confrontación? Pues a mí me parece que es una construcción identitaria en negativo, que solo lleva a lo negativo. E insisto, una construcción identitaria basada en mitos, y que solo lleva a la violencia pues piden revancha de supuestos agravios de “ellos” sobre “nosotros”. Amén de una construcción identitaria bastante extraña pues incluye SOLO a los indígenas que lucharon contra los españoles, no incluye a los indígenas que lucharon CON los españoles (que fueron la mayoría de los autóctonos de lo que ahora es Ecuador), incluye a indígenas de otros países de América Latina, pero no incluye la herencia española. Entonces, si eso es lo que simbolizan, que es lo que usted dice que simbolizan, efectivamente es una simbología frentista, mítica y errada que merece un cuestionamiento.
    De hecho usted sigue con su lenguaje belicista como si esto fuese un enfrentamiento violento “desde tu trinchera”, que no queda nada claro por qué yo hablo desde una “trinchera” y usted no, y tampoco “trinchera” de qué batalla de qué guerra. Como digo yo rechazo la violencia y en ella está incluida los símiles bélicos. Curiosamente usted hace todo el discurso de “acercarse al otro” pero a mí me sitúa “en una trinchera”. Debe ser que yo no debo ser ese “otro” al que hay que acercarse. Que los “eurocéntricos inconscientes” no somos el “otro” que amerita ser “otro al que acercarse”.
    Usted habla de que la universidad central se enorgullece de sus luchas sociales. Yo siempre había pensado que una universidad se debía enorgullecer de sus conocimientos y sus aportes. Por eso hice el cuestionamiento en una universidad.
    Su segunda pregunta es:
    ¿Cómo pudieron causar tanta indignación los 140 caracteres con los que cuestionaste su pertinencia en la ciudad universitaria?
    Pues yo soy el primer sorprendido. Es decir, yo soy un twittero asiduo, que opina sobre diversos temas, y nunca me pude imaginar que éste tema causase tanta polémica.
    En primer lugar veo una exageración y una hipocresía sobre ello. Una exageración pues como digo se quiere construir una identidad por contraposición, y se ha encontrado en mí, que soy lo que muchos detestan o quieren contraponer, a alguien de quien hacer escarnio público sin escuchar lo que dice pues se quiere encontrar a quién contraponerse, no con quien debatir. Y he de reconocer que yo no me amilano ante la controversia, ni me escondo ante las críticas (como ha quedado bien demostrado) y eso supongo que también alienta el debate y la confrontación. De hecho su misma réplica incide en ello, pues habla mucho sobre mí y casi nada sobre lo que expongo.
    Por otro lado una cierta hipocresía, creo que mi tweet no ameritaba ni tanto tiempo dedicado ni tanta polémica, pero muchos dicen defender “los derechos de los indígenas” (por cierto, con un paternalismo curioso como si los indígenas no pudieran defender sus propios derechos, con una simplificación insultante como si “los indígenas” pensasen todos igual y todos tuvieran los mismos intereses, y con una asimilación de “lo indígenas” con “lo inca” obviando lo cañari, otavaleño, mantense de la historia de la conquista), y en lugar de preocuparse por las duras condiciones reales de algunos indígenas a día de hoy intentan reconstruir ese mito del enfrentamiento para justificar su relato.
    Realmente hay mucha gente que vive en el victimismo, y que vive del victimismo, y sentirse “indignados” por mi tweet les ha dado una oportunidad estupenda, de unión de grupo y de auto-justificación de su victimismo. Esa es mi explicación, y creo que su misma carta lo confirma.
    Dice que “he metido un dedo en la llaga con mi tweet”, y la verdad eso me parece un elogio, pues precisamente para fomentar el debate y para enriquecer la conversación este tipo de cuestionamientos son de celebrar en twitter. Pero como su mismo símil dice, si he metido el dedo en la llaga la herida (el problema) no lo tiene quien lo señala con el dedo, sino quien sangra por él y le escuece. Es evidente que estos monumentos a muchos todavía les representan (y sí, aunque usted lo dude si repasa los comentarios de respuesta en mi twitter o en mi Facebook son decenas las personas que utilizan el “nosotros” para referirse a los indígenas de esos bustos, ignorando el hecho de que la mayor parte no son de Ecuador e ignorando el hecho de que la mayor parte de los indígenas ecuatorianos lucharon junto a los españoles); y a mí me sigue pareciendo cuestionante que muchos se sientan representados por ellos. Si en lugar de curar la llaga, usted cuestiona al dedo que hace que duela (por ser “eurocéntrico”), seguirá la herida sangrando por décadas y décadas, pues no es el dedo que ha señalado quien causa el dolor, sino el problema que usted justifica.
    Usted vuelve a darme la razón cuando habla de que para algunos mestizos la “unión entre dos mundos”, y si hay mestizos para los que una parte de su herencia es “conflictual”, la verdad es que lamento muchísimo que se hagan esos conflictos. No hay absolutamente nadie en la historia de la humanidad que no sea descendiente de alguna conquista violenta, o víctima de alguna conquista violenta, la historia de la humanidad es una historia de guerra y conquista, por desgracia. No creo que tenga mucho sentido que algún español a día de hoy se cuestione ahora si se siente más identificado con los celtíberos que la habitaban antes o con los romanos que la conquistaron, o con los godos que la conquistaron después, o con los árabes que la conquistaron después, o con los reinos cristianos que la reconquistaron … eso poniendo someramente algunos hechos del caso de España, que hasta este punto de la historia son también comunes a cualquier latinoamericano pues son también parte de su herencia. Cualquier ciudadano del mundo tendría los mismos conflictos, como lo tendría cualquier ecuatoriano con ascendencia indígena cuestionándose si su etnia pertenecía a los incas o a los conquistados por los incas.
    Si a usted le “conflictúa” lo que ocurrió hace 500 años entre unos de sus ancestros y otros, pero no le conflictúa lo que ocurrió hace, 200, 1000 ó 2000, la verdad tiene usted una miopía para elegir sus “conflictuaciones” bastante extraña. Además lamento decirle que lo que ocurriese hace 500, 1000 ó 2000 años ya no se puede cambiar. No hay nadie a quien “desagraviar” o castigar por aquello que ocurrió hace tanto. Por eso me permito este consejo: déjelo ir, pues de hecho ya pasó, pasó hace 500 años nada más y nada menos, y no hay nada que pueda hacer al respecto, ni nadie, y sólo le hará muy infeliz conflictuarse por una injusticia en su herencia, cuando tiene miles y ninguna es desagraviable. Usted dice “depende de cómo les haya sido contada esta historia” y no me niega nada de todo lo que digo en mi post sobre cómo la historia oficial (y la que hay en la Plaza Indoaméricana quiere corresponderse con esa historia oficial, pues es lo impuesto por las autoridades, con los bustos elegidos por las embajadas de los gobiernos oficiales de los distintos países). También dice “y como les haya pesado en sus vidas”, pues ahí ya sí me parece que volvemos al tema de la pura lógica vital, pues me parece enfermizo que a alguien le “pese” en su vida actual lo que un antepasado suyo hiciera hace 500 años, y no le “pese” lo que otro hiciera hace 580, ó 1000 ó 200 ó 2000… Usted habla de “hijos e hijas de semejante ultraje se conflictúen al pensar en sus progenitores”; pero supongo que estará usando una figura retórica, pues estaríamos hablando de los trastaranietos de los trastaranietos en cualquier caso, no de los “hijos e hijas”.
    Usted cuestiona el “avance en civilización” como si no hubiese una civilización más avanzada que otra, y ahí sí le respondo con rotundidad: LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL es la más avanzada, que es a la que pertenezco yo, a la que pertenece usted (me escribe por Facebook, una empresa norteamericana, en español, trabajando en una universidad, una institución constitutivamente occidental…). La civilización occidental avanzó radicalmente con el descubrimiento de América (y sí, es el descubrimiento como se conoce habitualmente, no como “yo lo llamo”). Y ese es precisamente mi lamento, que en lugar de entender que el intercambio y el mestizaje dio como fruto la mayor y mejor civilización de la historia de la humanidad, medida en términos de número de seres humanos vivos, calidad de vida, avance científico, esperanza de vida, oportunidades de vida; (porque además la civilización occidental es global y no solo incluye a occidente, donde sí se incluye Latinoamérica); en lugar de celebrar esa unión de civilizaciones usted lo llama “violación”. Lo que es estrictamente falso (sin negar que hubo violencia, abusos y violaciones en la historia de la conquista latinoamericana), pero la inmensa mayor parte de las uniones entre conquistadores e indígenas fue por mutuo acuerdo (lo de las “uniones de amor” era poco frecuente en cualquier caso en la época). Usted sigue alimentando un conflicto que le sitúa fuera de la civilización a la que usted pertenece (como yo); yo celebro que se haya formado esta civilización tan maravillosa a la que ambos pertenecemos. Serán visiones del mundo distintas.
    Usted dice cosas como: “América Latina nunca estará tan cerca de la verdad como Europa por el simple hecho de que es desde un pensamiento eurocéntrico desde donde se imponen los criterios de lo que es verdadero y valioso”, lo cual es bastante absurdo y especialmente para decirse desde una universidad. En primer lugar lo verdadero existe y es objetivo y universal, no se “impone” un criterio de qué es verdadero, algo es o no es verdadero. Ni América Latina está más cerca o lejos de la verdad en su conjunto, ni la historia determina el acercarse o no a la verdad. Da exactamente igual quien la diga, sea de América Latina o Europa, la verdad es objetiva, (“la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”), pero es que si no se cree que existe la verdad entonces no tiene ningún sentido ni esta conversación ni ninguna carrera de la universidad.
    Usted primero hace una simplificación brutal “Europa” versus “América Latina”, luego hace un relativismo en el cual ya no existe “la verdad” sino “la verdad de América latina” y “la verdad en Europa” (no sé qué tan distintas son las ecuaciones de segundo grado que se enseñan en las universidades de América Latina de las que se enseñan en las de Europa o qué tan distinto es el virus de la sífilis que tanta importancia tuvo en la historia de la conquista, por poner dos ejemplos) para luego caer en un victimismo patológico (según usted “nosotros los latinoamericanos” nunca podremos estar al nivel de la verdad) algo que yo nunca he dicho ni planteado, además diciendo que yo “impongo” los valores de verdad, que la verdad tengo muy poca capacidad ni intención de imponer nada a nadie, como está quedando perfectamente demostrado (tampoco me queda claro por qué cuando yo hablo “impongo” mi verdad y cuando usted me refuta no “impone”) y por último desde ese victimismo se permite justificar que “la gente” ha reaccionado de manera “visceral” ante mi planteamiento. Es toda una pirueta que pretende negar la misma lógica para crear una supuesta “imposición” que justifique la agresión.
    En segundo lugar lo que es “valioso” no lo determina ni “Europa” (que no se sabe qué quiere decir eso como si Europa fuese una unidad y no millones de seres humanos muy heterogéneos y muy plurales), Lo “valioso” lo determina cada uno en su vida particular, aquello a lo que dota de valor, o cada comunidad, cultura, o cada persona. De hecho este es uno de los temas más importantes en este debate, a qué dotamos de valor. Usted insiste en que se debe seguir dotando de valor a la “resistencia violenta” y por ello amerita seguir homenajeando a esos guerreros, yo (y otros muchos ecuatorianos que me han apoyado en esto) consideramos que no, que a eso no se le debe dotar de valor. Aquí no hay imposición alguna, salvo la de las autoridades que decidieron (im)poner esas esculturas en el espacio público.
    En definitiva, agradezco mucho su réplica, que obviando todo aquello que no era una réplica a lo que dije sino una calificación sobre mí, no hace sino darme la razón, según usted (y la suya no es la única posición al respecto), los bustos están ahí pues representan “la lucha de resistencia al imperialismo” de los 60-70. Bueno, pues creo que no es algo muy elogioso ni admirable, y mi cuestionamiento sigue en pie. Pues según usted no están en representación del movimiento indigenista, que aún no había nacido –es interesante la re-interpretación de la simbología, lo que yo mismo propongo pero ahora para cuestionarla-, sino para representar la “resistencia de América Latina” alimentando el mito del continente oprimido, en lugar de celebrar al continente colorido unido, diverso, mestizo y creativo.
    Dice “los valores representados por esos guerreros están todavía vivos” lo que pregunto es qué valores son esos. Y si esos valores merecen ser tales valores, La violencia, el enfrentamiento. Usted nunca se parece cuestionarlo
    Al final del argumento usted termina dándome la razón explícitamente: “son símbolos de la violencia y de la resistencia”, y con ello concluyo, pues nunca entró en el tema: ¿ameritan los símbolos de la violencia un lugar en una universidad? Pues en mi opinión, incido sobre ello: NO. En la suya parece que sí. Y lo lamentable es que si seguimos admirando los símbolos de la violencia difícilmente nos desharemos de ella. Y si en lugar de cuestionarnos éstos símbolos cuestionamos a quien los cuestiona, pues poco cuestionamiento se plantea.

    1. No le critiquen a su majestad Luis el respetuoso. Toda crítica será considerada por él, mediante decreto real, un ataque infundado que solo generará más violencia, un intento de desestimar la invitación al debate, carente en este pueblo ignorante que honra a violentos guerreros indígenas.

  13. He venido leyendo ambas “posiciones” continuamente y debo decir que esta carta solo le da la razón a Luis. Él propone que generemos debate, pero un debate no debe irse para otros lados. Como he visto en la carta y he leído en la respuesta de Luis, no se ha respondido lo que “ha generado el conflicto”. La pregunta es excelente y es simple ¿qué hacen esos monumentos en un ambiente universitario? Que chévere la historia de la Plaza Indoamérica y todo lo que he aprendido en la explicaciones de Isabel y en los comentarios de Facebook. Como yo lo veo es que el punto que se propone es que tener como inspiración a estas personas porque “resistieron” y que se vuelven en símbolos violentos, no es algo que se debería promover en una universidad. No se está cuestionando a estos indígenas en sí, (no se ataca a los indígenas) sino a la razón detrás de la construcción de los monumentos en un ambiente universitario. Si lees esto Luis, me gustaría que me aclararas si te he entendido bien.

    Lo que veo también es que defienden mucho al indígena y confrontan mucho al español conquistador. Es verdad lo que dice Luis, incluso muchos indígenas apoyaron a los españoles. También es conocido que entre indígenas se conquistaron. Y si algún ancestro de un mestizo fue violado por otro de los pueblos de los indígenas, y de esta violación nace su ascendencia ¿debería odiar a su otro “progenitor” que también es indígena? o que tal que uno de sus ancestros fue un español bondadoso que trató bien a los indígenas ¿se debería tener vergüenza de ese “progenitor”, tachándolo de español sanguinario? ¿Se puede afirmar que alguno de mis “progenitores” fue bueno o malo?

    Para mí la respuesta sería otra pregunta. ¡¿Qué importa?! Eso no define a la perfección el tipo de personas que son ahora (Aclaro que eso no significa que no influya). Es bueno saber la historia, pero el problema se encuentra cuando se tiene identidad en algo incierto. Yo solo veo que Luis no es un “eurocentrista” (desde mi punto de vista, desde lo que he observado) y que yo (y hablo por mí y no por otros) no soy indígena oprimido. Yo no viví en esos tiempos y tampoco puedo juzgar a los españoles de ahora por los actos de hace tantos años. Tengo una parte indígena es verdad, pero también el mestizaje provocó lo que soy ahora. Si tanto se odia la parte española opresora. Si se tiene vergüenza de “la parte que violó a la otra” ¿por qué aceptamos tanto su cultura? Como dice Luis, muchos de nosotros también somos parte de la Civilización Occidental y se ha creado algo extraordinario. Y, duela a quien le duela, somos así por nuestra parte “opresora” también. (Quiero aclarar que no estoy de acuerdo con los actos violentos que sí sé que hubieron)

    Por último, analfabeto es lo que es y punto. Si es que alguien está resentido con esa palabra por lo que pasó hace mucho tiempo, que pena, eso no es culpa de quién use esa palabra sino de quien le da un significado erróneo. Y lo que es peor, se le da una definición con sentimentalismo.

    Gracias Luis, porque incluso yo me di cuenta que tenía mucho favoritismo en mi interior a base de nada. Debemos debatir y no pensar que siempre tenemos la razón. No pensar que el otro no puede tener argumentos buenos por que es esto o es lo otro. La verdad es absoluta y como decía Sócrates, se consigue a través del diálogo. Es responsabilidad nuestra hablar con otras personas y enriquecernos de varios puntos de vista para ir agrandando nuestra “verdad temporal o subjetiva”. El problema está cuando el debate y el diálogo se toma como personal, y empieza una discusión con insultos, con juicios y con mala actitud. Entendí que mi problema era que me aferraba mucho a un pensamiento, hacía todo por defenderlo y me molestaba mucho con quien “tratara de corregirme”. Ahora entiendo que debo tener más conocimiento, para estar más cerca a la verdad y que al dialogar con alguien más, yo pueda expresar mis argumentos de forma consistente. Y si es que alguien tiene un argumento que contraste a mi pensamiento, ya no me enoja, me alegra demasiado porque tengo la oportunidad de aprender más.

    Espero Luis que si no eres tú el que tiene razón, llegue alguien que aclare todas tus dudas. Y si es que existe esa persona, por favor hazme saber su respuesta.

    Por otro lado, muchas gracias Isabel también, pues he aprendido mucho leyendo su carta. Se nota que sabe mucho y me gustaría seguir empapándome de sus conocimientos.

  14. “¿ALGUNO DE ESTOS HÉROES INDÍGENAS HA CONTRIBUIDO EN ALGO AL CONOCIMIENTO UNIVERSITARIO? ¿ENTONCES QUÉ HACEN EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL?” ¡Hace la pregunta, supone que existe una ÚNICA respuesta y se contesta a sí mismo!
    Vamos ver:
    1. Empiezo por definir la palabra “conocimiento”: Conocer es reflejar en la mente toda la complejidad de un sistema o subsistema existente en el mundo real, con todos sus componentes, las relaciones entre ellos y las de su subsistema con el todo al cual este pertenece. Conocer es pasar de las apariencias (lo que se presenta a los sentidos) o sea el fenómeno, a la compleja realidad que lo produjo, o sea a la esencia del mismo, desentrañando todas las relaciones inmediatas y mediatas, directas e indirectas de la red de causalidad objetiva. Pero claro, todo conocimiento es relativo, ninguno es absoluto y, sin duda hay conocimientos completos y otros incompletos.
    Entonces, los luchadores por la liberación de sus pueblos de la dominación externa o de cualquier tipo de dominación, ¿contribuyen o han contribuido al conocimiento? Si triunfaron, se puede suponer que sí, puesto que conocieron todas sus propias limitaciones y potencialidades, y las de sus pueblos, así como las de sus oponentes y, al vencerlos, produjeron conocimientos sobre cómo hay que desarrollar las luchas por la libertad de los seres humanos. Lo cual no es poco, sino una de las contribuciones más importantes para la humanidad.
    Pongo un ejemplo: la principal virtud de Napoleón, al menos en mi criterio, no fue que conquistó Europa, sino que tuvo la suficiente inteligencia para, conociendo sus limitaciones y potencialidades, así como las de sus oponentes, ganó todas las batallas (excepto una). El Napoleón estratega contribuyó al conocimiento de la guerra, y los principales generales de los ejércitos del mundo tuvieron como principal tarea estudiar con mucha prolijidad sus conocimientos. Napoleón contribuyó al conocimiento humano, además, al llevar a toda una pléyade de científicos en su expedición a Egipto; con lo cual se rescató la inmensa cultura egipcia para la humanidad. De manera que si alguien ve en el monumento a Napoleón al guerrero, al sanguinario, al estadista, al vanidoso, al bobo o al inteligente, esas diversas visiones no dependen de la realidad del sujeto sino de las limitaciones conceptuales de los espectadores.
    Otro ejemplo: Darwin y Wallace: ¿Cuál fe la contribución más importante de estos dos científicos a la humanidad, la Teoría de la Evolución de las Especies o su lucha encarnizada para, imponiéndose al oscurantismo de su época, lograr que su teoría sobreviva, sea el hilo conductor de toda la investigación científica a partir de entonces y llegue hasta nosotros? No sé. Ante un monumento a uno de estos dos brillantes científicos yo veo sus dos cualidades, si alguien ve una sola de ellas, no depende de los sujetos representados, sino de las limitaciones mentales de los espectadores.
    ¿Cuál fue la más importante contribución que hizo Lutero a la humanidad, su pensamiento o su lucha? Si yo veo un monumento a Lutero recuerdo más su lucha que sus reclamos a la iglesia y su traducción de la Biblia al alemán; aunque reflexiono en todas sus virtudes.
    Y eso ocurre con todos los monumentos del mundo, los seres humanos son muy complejos y la interpretación que se haga de su acción está sometida a la limitación del pensamiento de quien los juzga; a su amplitud o precariedad de miras.
    Los más grandes y mejores conocimientos de la historia de la humanidad solamente fueron posibles por varias luchas, algunas sangrientas (y sus luchadores terminaron en la hoguera), como la lucha contra la ignorancia, contra los mitos y supersticiones, contra el miedo, para superar el oscurantismo, contra el monopolio de la educación por parte de la iglesia y exclusivamente para los varones de las clases aristocráticas, la lucha por la libertad de expresión, por la difusión de la imprenta, la lucha para que la educación sea universal y gratuita etc., etc. El conocimiento sólo avanza a la retaguardia de la lucha, los luchadores desbrozan el camino y si su lucha logra el triunfo es porque ellos piensan, porque CONOCEN, porque reflexionan.
    Además, la lucha también es un método de enseñanza y de producción de conocimientos, y tal vez el mejor de todos porque es una enseñanza que se la adquiere en la práctica. O, acaso, en medio de la lucha, ¿cada luchador no conoce objetivamente sus límites y potencialidades mentales, morales, éticas y físicas; y las transmite a los demás con su ejemplo y, acaso, no ese su legado trascendente, incluso más que su misma lucha?
    Por último, una de las frases más motivadoras de Juan Montalvo fue: “¡Desgraciado aquel pueblo en el que su juventud no haga temblar al mundo!” Y, para suscitar, para ejemplificar y para motivar a la juventud universitaria, ¿qué mejor que poner monumentos a aquellos que hicieron temblar al mundo? O, acaso, ¿se piensa que la universidad solamente está para reproducir conocimientos neutros, como si aquellos existieran?
    En la plaza del mercado de la ciudad universitaria de Gotinga existe un monumento, una fuente de bronce de la ansarera, con la siguiente inscripción: “No estáis aquí para rendir culto al conocimiento sino para ponerlo en tela de juicio”. ¿Será que en las universidades hay que rendir culto exclusivamente a los supuestos productores de conocimientos y no a los luchadores; tales como los antes mencionados?
    ¿Será que en la universidad en que DICTA clases el autor de las dos preguntas que se comenta, se rinde culto a sus conocimientos?
    Ahora bien, ¿es que acaso existe el conocimiento ABSOLUTO? ¿Acaso alguien puede afirmar: “esto es conocimiento y esto no”? Voy a poner un ejemplo: Supongamos que yo soy un profesor universitario y, conociendo (relativamente) mis limitaciones y potencialidades, así como las exigencias de las universidades de mi país y la escasez de plazas de profesor debido a los recortes presupuestarios producidos por un gobierno que ofreció hacer justamente lo contrario de lo que hizo, y desmanteló el Estado de Bienestar (Favor leer los escritos de Vicenç Navarro) lo que condujo a que en mi propio país no pueda encontrar empleo; en conocimiento de que en otro país hay demanda de profesores extranjeros (por el solo hecho de serlo), decido abordar un avión y obtener un contrato en aquel. Lo hago con el conocimiento (relativo) de que, al igual que mis antepasados de hace 500 años solamente tengo que ir y engatusar nativos. Pero, nada más expresar mis criterios me encuentro con que los nativos, luego de los 500 años transcurridos, ya no son tan ingenuos y me salieron respondones. Si me sorprendo de aquello, revelo que mis conocimientos fueron extremadamente precarios, limitados y relativos. En consecuencia, ¿puedo afirmar, muy suelto de lengua, que poseo conocimientos más profundos que aquellos indígenas a los que les han levantado monumentos en la universidad de esos nativos?

    2. Junto o luego de formular las dos preguntas que encabezan este comentario, se ha dicho que esos aborígenes fueron analfabetos y que, por tanto, no pudieron contribuir al conocimiento y sus monumentos no deben tener lugar en el interior de una universidad.
    Proclamar afirmaciones revela vanidad, así como creer que se posee el conocimiento absoluto y se es dueño de la verdad. La afirmación mencionada en el párrafo anterior revela una falta espantosa de CONOCIMIENTO. Veamos: Se desconoce que la primera y una de las más importantes revoluciones científicas de la historia de la humanidad, la Revolución Neolítica, fue producida por analfabetos. En efecto, esa revolución se produjo hace más de 9.000 años, y el primer alfabeto conocido a la fecha, el sumerio, apenas parece tener 4.000 años de antigüedad. De manera que el gigantesco caudal de conocimientos científicos que implica la domesticación de animales y plantas fue producido por analfabetos. ¿Será una aberración que en alguna universidad del mundo se erija monumentos a los primeros cazadores y recolectores del mundo porque fueron analfabetos?

    3. Una distinguida señora responde a los criterios del autor de las preguntas diciendo que ha enseñado a su hija las barbaridades cometidas por los españoles en América. Y un ciudadano le responde preguntándole si también le enseñó las barbaridades cometidas por los Incas. Este “diálogo” es muy parecido a la pelea entre dos jóvenes alterados, que termina cuando uno de ellos lanza un insulto y el otro le responde: “pero tú más”. Es muy similar a lo que ocurría hace poco cuando los ciudadanos españoles, ante las acusaciones de corrupción que se lanzaban mutuamente los del Partido Popular contra los del Partido Socialista, se cansaron y exigieron que cesen de responder: “pero tú más”. O sea que no era correcto que la pobre señora enseñe a su niñita las barbaridades cometidas por los españoles en América si es que además no le enseñaba todas y cada una de las barbaridades cometidas por todos los seres humanos en la historia de la humanidad, desde la pelea entre Caín y Abel. Por supuesto no debía pasar por alto las barbaridades cometidas por los españoles en Marruecos, ni aquellas cometidas entre ellos mismos en su guerra civil. ¡Pobre mamá! ¡Que respuesta más “inteligente” recibió!¡Menuda tarea le asignaba esa persona al responderle! Para facilitarle la tarea tal vez yo debería recomendarle que nada más le pida a su niñita que lea la novela LA SANGRE DE LOS INOCENTES, de Julia Navarro.

    4. He leído que el autor de las preguntas que encabezan este comentario sigue utilizando dos muletillas gastadas y degradadas hasta el cansancio: DESCUBRIMIENTO y CONQUISTA.
    Vamos a ver, empecemos por DESCUBRIMIENTO: si yo voy caminando por la calle y me tropiezo con un anillo de oro, no voy a proclamar ante todo el mundo que DESCUBRÍ EL ORO, ¿no es cierto?. Me tropecé con él. Y el pobre Cristóbal Colón no DESCUBRIÓ NADA, se lanzó al mar a tontas y a locas y se tropezó con un pedazo de tierra que nunca esperó encontrar; y hasta su muerte no supo qué mismo había ENCONCONTRADO. No fue sino hasta que Américo Vespucio y otros navegantes BUSCARAN, INVESTIGARAN navegando y DESCUBRIERAN, que el mundo supo que se trataba de un continente hasta entonces desconocido. Para descubrir algo hay que buscar a conciencia previa la formulación de una hipótesis plausible, investigar, sólo entonces se puede descubrir (quitar el velo a algo que antes estaba cubierto); pero si se tropieza con algo inadvertidamente, es una mera CASUALIDAD.
    Ahora comentemos la muletilla CONQUISTA. Los españoles no conquistaron América, la INVADIERON y provocaron un genocidio. No es lo mismo conquistar una mujer que violarla. En cambio la invasión Inca en su mayor parte sí fue una operación de conquista, porque la mayoría de adición de territorios a su imperio fue producto de alianzas matrimoniales y engatusamientos, sin negar que algunas fueron, como la española, una invasión sangrienta. Valdría leer el funcionamiento del imperio Inca producto de la conformación de un tejido multiétnico de alianzas, dones y contra-dones, el ayni: “AYNI es una palabra quechua que significa cooperación y solidaridad reciproca. Más que palabra, es una forma de vida de los pueblos originarios; Americanos en general y Andinos en particular, que se manifiesta como relaciones sociales basadas en la ayuda mutua y reciprocidad”) y redes de solidaridad; más, mucho más que sangrientas invasiones.

    Muchas Gracias. Leonardo Miño Garcés. 2017-06-26.

  15. En cualquier caso, debería recriminar a los “padres y madres” de los ecuatorianos que no cumpliesen con las Leyes de Burgos, y que se responsabilicen de los desmanes tras la independencia. Y, por supuesto, buscar la solución en Ecuador, no culpando a España, como nosotro no culpamos de nuestra situación a Italia, Siria, Francia, Suecia…

  16. Magnífica respuesta don Luis. Ya va siendo hora que Hispanoamérica deje de lado a los representantes del victimismo y de la leyenda negra.

  17. Ayer puse un análisis muy minucioso, prolijo y, sobre todo, muy respetuoso sobre este tema, y no ha sido publicado. ¿Podrían decirme con qué criterios ustedes discriminan los comentarios? Deberían explicitarlos muy claramente, de ese modo no nos molestaríamos en comentar y sabríamos qué discriminaciones emplean ustedes. En lo que a mí respecta cancelasuscripción a su espacio porque me han demostrado su falta absoluta de espíritu de,ocrático y su sectarismo.
    Atentamente,
    Leonardo Miño Garcés
    CI 1701619874

  18. Decidí dirigirle una carta pública al profesor Espinosa porque pienso que sus tuits, y las respuestas y aclaraciones que suscitaron, ilustran debates muy actuales y de interés general acerca de la construcción de identidades, la perspectiva desde las cual se enuncian los sujetos, los privilegios inconscientes y el simbolismo que encarnan los monumentos públicos. Para no caer en un diálogo de sordos, me he tomado el tiempo de escribir un listado de aclaraciones generales sobre mi postura frente a estos temas en cuanto pienso que ha sido malinterpretada y tergiversada por mi interlocutor.

    1. Mi carta a Espinosa Goded no debe ser entendida como un ataque ad hominem. De ninguna manera soy partidaria de invalidar argumentos en razón del género, la nacionalidad, la etnicidad y/o el estrato socioeconómico de quien los enuncia. Los tiros no van por ahí. (Siento reincidir en el uso de metáforas bélicas, pero estoy convencida de que los lectores son perfectamente capaces de distinguir el lenguaje figurado del literal, a menos que se encuentren empeñados en tergiversar el sentido de mi argumento). Mi crítica va dirigida al pensamiento eurocéntrico sin importar el lugar de procedencia de quien lo profese. En la carta solamente me he permitido suponer que a los hombres blancos europeos y letrados les puede resultar más incómodo abandonar esta manera de ver el mundo en la medida en que es a ellos a quienes les ha beneficiado a lo largo de la historia. Reconocer y cuestionar los propios privilegios no es una tarea fácil ni placentera, pero es fundamental si aspiramos a tener una visión más amplia de la historia y a construir una cultura de debate aliada del cambio social.
    2. La historia de la humanidad ciertamente no comienza con la Conquista de América. Es obvio que existen incontables historias de esclavitud, violencia, mestizaje, intercambios, choques y encuentros culturales a ambos lados del Atlántico que son anteriores a este acontecimiento. Sin embargo, sí estoy convencida de que se trata de un evento de una magnitud sin precedentes en la medida en que significó un choque radical con la “otredad”, a partir del cual se repensaron y reconfiguraron las identidades culturales y las fuerzas de poder en ambos continentes y en el mundo entero. Gracias a la colonización -una conquista territorial con asentamiento estable, dominación directa, imposición religiosa y un régimen de trabajo compulsivo que terminó con toda organización estatal, estructura económica social y política anterior en el continente americano- Europa logró sacar una enorme ventaja comparativa frente a otras regiones y finalmente financiar e imponer su proyecto de modernidad – una modernidad que enfatiza la racionalidad, la civilización y el humanismo, pero cuya expansión se cimienta paradójicamente en una colonización salvaje y esclavista. En la larga duración, la Conquista significó el inicio de la globalización, así como el principio de una hegemonía europea en términos políticos, económicos y culturales y, por lo tanto, de la irrigación del pensamiento eurocéntrico alrededor del mundo.
    A partir de la Conquista, el eurocentrismo impuso su mirada como único punto de vista válido -negando, inivisibilizando y objetivando las cosmovisiones de otros sujetos históricos. Esta mirada nada empática con la diferencia -justificada por la religión y la escolástica primero, y por la Ilustración y la razón instrumental después-es la misma que utilizó (y que muchas veces continúa utilizando) el Estado nación para reproducir una sociedad jerárquica y excluyente. Puesto que hemos sido educados y socializados dentro de esta lógica eurocéntrica, debemos realizar un esfuerzo deconstructivo para entenderla como tal y no como el punto de vista objetivo de la realidad. Deconstruir una historia oficial eurocéntrica y patriarcal es un ejercicio que demanda autocrítica y empatía. Para reescribir la(s) historia(s) con un horizonte màs amplio, es necesario tener en cuenta la cosmovisión y la capacidad de agencia de la multiplicidad de actores que la constituyen, particularmente de aquellos que han sido ignorados por las prácticas historiográficas eurocéntricas y por el uso de fuentes generalmente producidas por los vencedores del conflicto. Pero, además, reconocer que la objetividad sólo existe en términos relativos, nos obliga a evidenciar el lugar desde el cual enunciamos nuestra perspectiva.

    3. Mi carta no pone en duda la existencia de “la verdad” en tanto a evento ocurrido. La llegada de los españoles a América no es cuestionada por nadie, ni tampoco la alianza estratégica entre conquistadores y nacionalidades indígenas enemigas del despótico Imperio Inca. (Repito: los tiros no van por ahí). Sin embargo, solo podemos aproximarnos a los hechos a través de una perspectiva. Si bien ésta nunca puede ser completamente objetiva, sí podemos aspirar a ampliar nuestra mirada al observar lo ocurrido desde distintos ángulos, al contrastar versiones y al leer entre líneas los intereses detrás éstas. “La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”, dice Luis. “De acuerdo”, respondo yo, “pero la contarán de una manera y desde un punto de vista muy diferente”. Si Agamenón logra imponer su versión de la historia como la única y nos convence de prestar oídos sordos a la de su porquero, no lograremos tener una visión muy redondeada de lo ocurrido. Si formamos parte del reino del monarca griego y nunca en la vida hemos cruzado palabra con su porquero, debemos evidenciar nuestra relación con ambos personajes y reconocer nuestras limitaciones y condicionamientos al dar nuestra versión de los hechos.
    4. Tampoco está en duda que dos más dos son cuatro aquí, en Europa y en la Conchinchina. Sin embargo, no se puede pensar el conocimiento científico “duro” fuera de los ámbitos sociales que lo producen, lo transmiten y lo consumen. Si bien las ecuaciones de segundo grado que se enseñan en las universidades de América Latina no pueden ser muy diferentes a las que se enseñan en Europa, en África o Asia, sí están enmarcadas por planes de estudio distintos detrás de los cuales se esconden cosmovisiones, prioridades, condicionamientos y concepciones políticas diversas. ¿Qué puede hacer una universidad para formar a profesionales amplios, abiertos y tolerantes? Renunciar a la versión objetiva de la verdad, evidenciar su lugar de enunciación y las políticas con las cuales se alinea, y exponer a sus estudiantes a puntos de vista distintos y hasta contradictorios entre sí.
    5. Así como es imposible pensar al conocimiento fuera del contexto social en el que se produce, tampoco se puede pensar a las palabras fuera del tiempo y del espacio en los que son pronunciadas. Es así que una misma expresión puede tener connotaciones diferentes en Argentina, España y Ecuador según el desarrollo que haya tenido su aplicación en cada lugar. Los términos simplemente no significan nada en sí mismos. También el diccionario se sujeta a una perspectiva, a un lugar y a unos intereses . Es así, que aquí y ahora y debido a la historia que arrastramos, la palabra “analfabeto” tiene una connotación excluyente y peyorativa, “descubrimiento” es un término eurocéntrico por más que sea utilizado por una mayoría, y “mestizaje” dentro de algunos debates difícilmente puede escaparse al aura homogeneizante e indigenistas con la cual fue investido por ciertos proyectos políticos latinoamericanos que intentaban forjar una identidad nacional.
    6. La desigualdad económica, el racismo y el machismo son realidades tan innegables en la América Latina actual, como la llegada de los españoles en 1492. No se trata de achacar todos nuestros males a un evento ocurrido hace más 500 años, sino de comprendernos mejor al tener en cuenta el pasado colonial que seguimos arrastrando. Las llagas no dejan de doler porque se las tape y cuando se mete el dedo sin tener cuidado, corren el riesgo de infectarse. No se puede curar una herida que continúa sangrando si se niega su existencia. Hablar de un “continente unido” es cerrar los ojos ante conflictos a los que debemos enfrentarnos. No llamar por su nombre a la violencia del pasado y del presente es condenarse a perpetuarla. “¿Tiene sentido la construcción de una identidad en base a la confrontación?”, pregunta Luis. Y yo le respondo que la identidad generalmente se construye a partir del conflicto. Tenemos el reto de canalizar las confrontaciones hacia debates enriquecedores en lugar de atrincherarnos y comenzar una balacera que limita la comprensión de nuestra identidad al invisibilizar parte de las memorias colectivas cruciales que la componen.
    7. Luis me reclama no haber respondido a las dos preguntas que planteó en sus tuits: “¿Alguno de estos héroes indígenas ha contribuido en algo al conocimiento universitario? ¿entonces qué hacen en la universidad central?”
    Aquí mi respuesta: los héroes indígenas representados en la Plaza Indoamérica no han contribuido al conocimiento universitario, pero aún así están muy bien donde están. Evidencian, en un plano simbólico, el lugar desde el cual la Universidad Central se pensaba a sí misma en los años sesenta y setenta: un lugar de resistencia (¡no de violencia!) y de pensamiento crítico desde América Latina. En mi opinión este ideal debe rescatarse y promoverse. Al fin y al cabo, el pensamiento crítico representa uno de los pilares de las universidades occidentales y, como periferia de Occidente, América Latina es capaz de engendrar una perspectiva autocrítica única. Creo, además, que es importante tener en cuenta el significado que los monumentos públicos tienen para la ciudadanía. Algunas de las respuestas a los tutis de Luis, hablaban, por ejemplo, de la necesidad de incluir los saberes ancestrales indígenas dentro de la universidad. Opino que son interpretaciones válidas y muy pertinentes en un país que se enuncia como plurinacional y multicultural. Si bien es innegable que la Universidad Central habla desde la cultura occidental, sí puede abrir sus puertas y enriquecerse con perspectivas, conocimientos y prácticas de otras culturas.

    8. Los parámetros que Luis utiliza para afirmar que la civilización occidental es la más avanzada -cantidad de seres humanos vivos, avance científico, esperanza y oportunidades de vida- son claramente eurocéntricos. De hecho, el afán por medir, clasificar y jerarquizar el mundo y a sus habitantes es una práctica que deviene de una lógica enciclopédica ilustrada que parte de la premisa de que el hombre blanco europeo es la cúspide del desarrollo humano. Reconocer esto no implica negar el potencial de la cultura occidental – cultura dentro de la cual me reconozco y me enuncio como mujer latinoamericana universitaria. Lo que he intentado hacer con mi “Carta abierta a Luis” y con estos apuntes es posicionarme a favor de una visión autocrítica que permita pensar un mundo menos violento y una humanidad capaz de reconocerse y comprenderse mejor a partir del diálogo entre distintas perspectivas.

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