Doce artistas opinan sobre el Museo Municipal de Guayaquil #6 Daya Ortiz

Por María Gabriela Fabre y Ana Rosa Valdez

Hace algunas semanas el Director de Cultura y Promoción Cívica del Municipio de Guayaquil, Arq. Melvin Hoyos, declaró que a pesar de mantenerse 26 años en el cargo no hay nadie preparado para sucederlo. Presentamos doce entrevistas con artistas que actualmente viven en la urbe para conocer sus opiniones sobre la gestión del Museo Municipal de la ciudad donde su figura ha sido gravitante. Varios de ellos han obtenido premios y reconocimientos en eventos organizados por aquella institución, a más de ser docentes universitarios con experiencia.

Hemos convocado a creadores y creadoras emergentes, de mediana y larga trayectoria, en su mayoría personajes de indiscutible relevancia en la escena local y nacional. Esperamos que estas declaraciones contribuyan a analizar las políticas y programas culturales del gobierno local, y más en específico del Museo Municipal, en un sentido crítico y reflexivo.

Daya Ortiz (1993) es artista visual emergente. Estudio en el Instituto Superior Tecnológico de Artes del Ecuador (ITAE). Forma parte del colectivo postporno DisAmargi. Actualmente cursa sus estudios de licenciatura en la Universidad de las Artes.

¿Qué opinión tienes de la gestión cultural del Museo Municipal de Guayaquil? ¿Piensas que es tiempo de un relevo? ¿Crees que en la ciudad hay personas capacitadas para hacerlo? ¿Qué harías distinto o qué propuestas te gustaría ver implementadas?

Muchos de los ‘dinosaurios’ de nuestro país deben terminar de extinguirse, y darle paso a otras generaciones que no devengan ‘dinosaurias’, que permitan el tránsito de ideas y oxigenen los modos de pensamiento. Toda expresión estética (venga de donde venga, sea cual sea) es consecuencia de una filosofía, de un modo de ver y vivir el mundo.

A pesar de esta administración fascista han surgido manifestaciones culturales independientes, autogestionadas, que ya no esperan nada de las instituciones. Aunque es igual de legítimo seguir intentando porque ése también es un lugar de resistencia.

El tiempo de relevo pasó hace 23 años atrás.

Esta administración -queriéndolo o no- ha trabajado con disciplina cívica por reafirmar su incapacidad para lograr una metamorfosis saludable con los años. Desistió de abrirse a otras posibilidades (dialógicas, interpelativas, críticas, analíticas, creativas, administrativas) de contemplar otras realidades.

Comprendo la intención (no sólo) funcional de tener discípulos de la administración municipal que tiene 26 años de ancianidad. Desde luego, es de esperarse tener descendencia. Pero también me parece un indicador a tomar en cuenta el que nadie haya deseado estar en ese regazo.

Propongo una veeduría civil para rectificar el cumplimiento de la Ley Orgánica de Cultura y Patrimonio, dado que ninguna institución o entidad ha regulado profesionalmente las administraciones en el campo cultural. Propongo un llamado a la ciudadanía, para empoderarnos de los espacios que nos pertenecen. Es necesario que, como colectividad, dejemos de pensar, consentir y sostener, que las dinámicas que constituyen principios como ‘el fin justifica los medios’ son tóxicas, dañinas y peligrosas. Si las buenas intenciones no se reflejan en los hechos, no tenemos por qué aceptarlas.

Conversando con Liliana García, artista visual próxima a licenciarse, despejé algunas ideas sobre lo que sería pertinente proponer. Internacionalizar un premio en Latinoamérica es una de sus ideas, refiriéndose a que dentro de las publicaciones y muestras que realiza el Museo Municipal haya artistas y obras de la región, para alimentarnos de otros contenidos. Yo agregaría que hacerlo en el marco del Salón de Julio sería una opción, porque ver sólo lo que se hace aquí implica un acto de endogamia. De esta manera nuestras realidades artísticas y creativas pueden ser vistas y colectivizadas en otras realidades latinoamericanas, y, por consiguiente, nosotrxs tendríamos acceso a esa información desde otros países. Esto también implicaría una priorización de artistas locales (de Ecuador), dado que, si las bases cambian, más de nuestro trabajo finalmente podría ser compartido allí.

La libertad de creación en cuanto medios artísticos debe ser urgentemente ampliada. Es cierto que los medios tradicionales siguen teniendo mucho que ofrecer dentro de toda práctica creativa y artística, pero es necesario liberar la información que habita conceptual y teóricamente en el campo expandido. Permitir que toque la vida de otras personas. De eso se trata luchar por la diversidad, aceptar que lo que no conocemos y no vemos también existe.

Hasta ahora se sigue priorizando la pintura como medio, principalmente en los salones, descartando propuestas en otro tipo de formatos, plataformas, medios. Las decisiones tomadas por los funcionarios administran el imaginario visual, cultural, histórico y sensible del territorio. Necesitamos intervenirlos cuanto antes, contaminarlos, contagiarlos.

Debo reconocer que nunca aposté por ningún Salón, o por el Festival de Artes al Aire Libre (FAAL). Hace muy poco salí de debajo de una piedra y empecé a exponer y colectivizar mi trabajo. Ahora entiendo la importancia de poner en diálogo las propias ideas para que puedan diseminarse y transformar(se). A pesar de esto, he estado cerca de los procesos que viven amigxs y compañerxs cuando han logrado ganar salones con su obra. El Municipio tarda mucho tiempo en pagar los premios, y, muchas veces, no los dan completos. No estoy segura de que tengan que agradecer, o que estamos de acuerdo con que nadie ha hecho más por el país como Melvin Hoyos.

Pareciera que el Municipio pretende pagar una deuda histórica a punta de monumentos que no representan a nadie. Con esta afirmación quiero decir que verdaderamente replican representaciones que deberían estar obsoletas y que, de fondo, sostienen discursos jerárquicos, falocéntricos, machistas, eurocéntricos, a través de una representación figurativa que responde a formalidades clásicas (dizque griegas).

Indigna, entre los varios motivos, los miles de dólares (que nos pertenecen) desperdiciados, que lxs artistas que trabajan en esas esculturas no son nacionales, y que ni siquiera se propone una convocatoria para realizarlas. Reafirman un modo de ver y pensar no solo la ciudad en sí misma, sino su historia, maquillando escuetamente los valores que, supuestamente, deben representarnos como ciudadanía. Somos nosotrxs, en realidad, quienes hacemos la ciudad, pero estamos despojadxs del poder suficiente para participar en ello. Esto implica para mí un llamado a la intervención, al empoderamiento y la toma de las calles.

Las siete esculturas más recientes, por ejemplo, pretenden materializar, a través de la ‘personificación’ de ‘la mujer’, las virtudes de la ciudad. No sólo es una instrumentalización de la figura femenina para calificarse de conmemoradores de ‘la mujer’ (todas metidas en bolsa común), sino también la imposición de un pensamiento que se esconde en la ‘buena intención’.

No, no significan ningún homenaje. No, no nos sentimos representadas. Está ocurriendo todo lo contrario.

Desde la ‘Hospitalidad Guayaquileña’ representada por unas manos gigantescas de doce metros, hechas de aluminio, a las esculturas de Guayas y Quil, las figuras de resina que representan trabajos históricamente populares en la ciudad, la cabeza de león febres-cordero (escribo su nombre en minúsculas intencionalmente) ubicada sobre la laguna artificial del Malecón 2000, como mirando hacia ella, no es más que una higienización de la historia política, opresora y violenta de Guayaquil.

El niño betunero y la cabeza de febres-cordero son las que más me duelen, porque implica un gesto, por demás, fascista y ofensivo, tomando en cuenta todas las vidas y golpizas, humillaciones, violencias que se ha cobrado para con un sinnúmero de sectores populares de la ciudad. La administración del Municipio se esfuerza en meterse en el imaginario social y cultural, para convencernos de un ‘Guayaquil libre y soberano’ y eso es lo verdaderamente peligroso.

Sí que hay personas capacitadas para tomar el cargo, sería arrogante decir que no (sobre todo, con 26 años de recorrido a cuestas). Pero no estoy segura de los nombres que podría proponer, dado que no soy del todo consciente de las implicaciones que tiene este cargo.

Que los ángeles lesperinos dejen reposar tu alma en pena, Melvin.

Foto de portada: Artículo de Diario El Telégrafo publicado en el 2016

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