Herencia ITAE sigue viva #artecuador2016

Por Dr. Eduardo Albert Santos

Percibo que, en el arte emergente, la herencia ITAE sigue viva. En la reciente Bienal de Cuenca, varios jóvenes egresados del Instituto o que continúan sus estudios en la Universidad de artes en Guayaquil mostraron su capacidad creadora en la que se conjuga habilidad en el oficio, en el empleo diestro del expandido universo de sus lenguajes y recursos morfológicos e, igualmente, en la articulación de discursos temáticos resultantes de sus respectivos itinerarios individuales de investigación. En este sentido, en las obras mostradas se verifica el criterio de que arte hoy es producción de conocimiento, como recientemente reiterara Xavier Patiño.

Alienta que, en un escenario de producción artístico-visual algo deprimido en Ecuador, anclado en buena medida en formas ya experimentadas de la modernidad, una fuerza nueva irrumpa con soluciones que responden a esa “emergencia y confrontación de modos muy distintos de hacer” que, según Terry Smith, cualifican al arte contemporáneo.  Y que, más allá de prejuicios falsos respecto a este último, se imponga una imprescindible actualización de la visualidad artística con un expandido registro de medios, soportes y materiales, que vehiculen poéticas bien diversas, expresiones de las variadas inquietudes personales o colectivas de sus hacedores.

Curador y artistas participantes con la gestora cultural Madeleine Hollaender

El curador de la exposición, Dr. Albert Santos, junto a obras del artista Jimmy Lara.

Tuve la posibilidad, gracias a la excelente gestión de la amiga Madeleine Hollaender, de realizar la curaduría de una muestra en la Bienal. Se realizó en la Miguel Illescas Galería de Arte y contó con la presencia de nueve artistas. De ellos, ocho pertenecen a esas generaciones inquietas del Instituto (Jimmy Lara, Pedro Gavilanes, Javier Gavilanes, Lisbeth Carvajal, Joshua Jurado, Roger Pincay, Raymundo Valdez, Chay Velazco, también estuvo presente el artista quiteño Patricio Ponce). La exposición, titulada ARTImañas, fue sin dudas un reto por la amplia variedad de piezas y la heterogeneidad de proyecciones personales. Pero, como expresé en las palabras del catálogo, estos creadores lograron constituir un espacio común en el que coincidieran propósitos de manifestar “sus mañas, sus oficios respectivos, su habilidad para articular formas variadas con ciertos aires de provocación a la recepción activa o al deleite inteligente”.

Obra del artista Javier Gavilanes.

Obra de la artista Lisbeth Carvajal

Fue una experiencia enriquecedora para todos. Pero estimo que fue, sobre todo,  una ocasión pertinente de poner a un público diverso ante exigencias poco habituales que se derivan de las principales interrogantes en torno a los que gira el desarrollo del arte en nuestro tiempo. Sin exageraciones, el espectro complejo que supuso pasar de pinturas a objetos e instalaciones, que apuntaban a universos semánticos bien diferentes (desde referencias personales hasta inquietudes sociales actuales) supuso un sugerente recorrido por la compleja cultura actual de la imagen (si bien no se incluía aquí y lamenté la poderosa fuerza de la imagen digital, con su calidad de imagen-tiempo).

Obra del artista Joshua Jurado

Obras de los artistas Joshua Jurado y Raymundo Valdez

 

En otro orden de cosas, tuve igualmente el privilegio de seguir de cerca la inteligente propuesta de Luis Alberto Chenche como invitado a la Bienal de Cuenca y también ex alumno del ITAE, que cursa actualmente la UARTES. El joven creador recibió el premio Paris como merecido reconocimiento a su obra que, con un marcado sentido antropológico y etnográfico, respondía a sus inquietantes hallazgos en curiosos recorridos por los espacios urbanos de zonas periféricas de Guayaquil. En la Casa de los Arcos, se mostraron dos lienzos y varios dibujos en papel de arquitecto, que parten de registros fotográficos y hacían dialogar los lenguajes topográficos con los del trazo tradicional, realizados con grafito y rotulador negro, en consonancia con el espacio expositivo. El interés de Chenche por las superficies y las texturas se conjugan en este caso para evidenciar su interés y deleite por el paisaje otro, distanciado del codificado, legitimado y ofertado oficialmente.

La  minuciosa realización profesional de las obras significó para Chenche un despliegue de quehacer arduo y sostenido, que de cierto modo refutaba la peregrina e insustentada idea de que el arte contemporáneo es puro facilismo y no exige habilidades o destrezas. Connota, por el contrario, el rigor y la disciplina técnica que éste demanda en ocasiones, justo en función de narrar inquietantes problemas de la cotidianeidad, como es el caso de una urbe como Guayaquil.

Dr. Eduardo Albert Santos

El artista Luis Chenche junto a su obra en la XIII Bienal de Cuenca

 

 

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