La intimidad es política: hay más mujeres (y hombres) creando…

  1. Por Rodolfo Kronfle Chambers

El guion se desarrolló de la forma más predecible… y lo predecible en el arte a mí me causa un tremendo bostezo. Pude coincidir en Quito con la pre inauguración de la muestra “La intimidad es política” el jueves 27 de julio por la noche. La penúltima parada del recorrido por el sólido ensayo visual-discursivo conformado por 17 artistas y comisariado por Rosa Martínez fue en la terraza del Centro Cultural Metropolitano: varias integrantes del colectivo activista boliviano Mujeres Creando se encontraban encaramadas en andamios trabajando en el mural titulado –como para que no quede duda del propósito- Milagroso Altar Blasfemo. El halo de luces LED y el telón de cúpulas y demás señas del casco colonial le daban a la escena nocturna una cualidad de chichera bizarría. Una de ellas nos entregó un impreso, parte manifiesto, parte guía iconográfica, cuya función asumo era mantener la interpretación dentro de los parámetros de intención de sus autoras.

Hasta ahí todo fluyó sin aspavientos, después de todo las artistas estaban predicándole al coro: la gente reunida, me dio la impresión, debía estar no solo en sintonía con las claves emancipatorias y de resistencia dispersas por toda la muestra, sino que aparentaban suficiente roce con el arte contemporáneo como para poder inscribir el gesto de Mujeres Creando dentro de esa larguísima tradición –fecunda inclusive en Ecuador- que es el cuestionamiento y deconstrucción del meta-relato de la religión y sus instituciones. Era, como dije, la penúltima obra que visitamos, antes de bajar varios pisos a uno de los patios donde la artista ecuatoriana Saskia Calderón activó la memoria poética de los asistentes con un performance lleno de sutilezas y estímulos.

Al terminar lo único que podía pensar era lo injusto que resultaría lo que iba a ocurrir los días subsiguientes: nadie hablaría de la muestra en sí, de todas las obras interesantes y artistas participantes -incluidos algunos referentes históricos-, sino sólo de la propuesta cuya estrategia visual y simbólica claramente tenía como objetivo ser el centro de un sainete de voces discordantes, peticiones sesgadas y comentarios poco informados en redes y chats (bueno fuera que pudiésemos usar la palabra debate). Intuía ya la ironía de que varias obras potentes y sofisticadas se conviertan apenas en el relleno de la exposición.

Como curador que soy suelo estar atento también a ese tipo de problemas: ¿vale poner en riesgo la visibilidad de un gran grupo de artistas, cuyos trabajos llenos de complejidades brindan más que pensar –y creo yo son más efectivos en ampliar horizontes y abrir entendederas-, por un trabajo cuyos recursos están claramente destinados a bloquear cualquier diálogo? Yo dejo esta pregunta por aquí y creo que da para discutirla. A mí me hubiese gustado acceder al trabajo de Mujeres Creando dentro de una presentación individual o programa paralelo, resaltando su carácter activista muy distante de la mayoría de las obras que, a pesar de sus mensajes, claramente se inscriben y operan dentro de las limitaciones del sistema arte. En fin, un distingo que no empañe y galvanice todo lo bueno que esta exposición pudo lograr.

No descarto la posibilidad de que los organizadores hayan sido burlados, y de ser el caso, ¿cómo juzgaríamos esa falta de transparencia?: es que no haber presentido la reacción, como digo, sería ingenuo. Esa noche especulamos someramente entre algunos asistentes si el día lunes, luego de la inauguración, se armaría el relajo. Como era de esperarse, se armó. Habría que ser bien cándido para esperar otra cosa (como madurez, cultura general, comprensión, empatía, apertura y demás cualidades nobles); lo más predecible son las instituciones y sus mecanismos de acción.

Hay varios artistas incluidos en esta exposición que han acaparado titulares por todo el mundo, que son objeto de discusión en aulas universitarias y de los cuales no estamos hablando: ya la cosa se desvió, incluido el tema del mural, que se encuentra inevitablemente centrada en la gestión municipal o en el cuestionamiento a los varios agentes inmersos en el asunto… inclusive algunos auspiciantes privados se han desmarcado de la polémica (¿quedará alguno que apoye proyectos futuros?)

 

 

Quisiera también tocar otro tema que puede resultar paradójico por lo arriba dicho; se trata de una postura contraria a opiniones que he visto circular: no creo que el Centro de Arte Contemporáneo haya sido el lugar idóneo para ese trabajo, sino justo donde se encuentra. Me explico: a la mañana siguiente visité el CAC y me encontré con un Niño Dios aventajado y con los brazos amputados, obra del artista Julio Mosquera (Doblemente Milagroso, 2017). El gigante pene del protagonista del pesebre dialogaba sin alharaca dentro la museografía, y pues nadie que yo sepa se ha rasgado las vestiduras por el irreverente priapismo. No se trata entonces de circunscribir un gesto como el Altar… al ámbito del espectador iniciado en arte contemporáneo (y al cual probablemente le produzca un bostezo), sino promover su circulación hacia un público más amplio… como el que suele visitar el Centro Cultural Metropolitano. Es justamente ese encuentro el que aspiran los artistas que operan bajo el consabido combo shock-escándalo, y por eso procuran la acupuntura con respecto al lugar escogido. La documentación que les queda a Mujeres Creando, incluido todo el recuento de la polémica, les viene de a perlas, y lo lucirán orgullosamente como señal indiscutible de éxito y protagonismo.

Por todo esto, desde Paralaje, estaremos reseñando las que lamentablemente son ahora las “otras obras” contenidas en “La intimidad es política”, y tal vez proponer como hilo de reflexión -dilema que en mayor o menor medida atraviesa el grueso de los trabajos- la interrelación entre la resolución activista y la elaboración estética.

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