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Lupe Álvarez: “Antigüedades recientes en el arte ecuatoriano” (2000)

El ensayo “Antigüedades recientes en el arte ecuatoriano” fue escrito por Lupe Álvarez en agosto del año 2000, y publicado originalmente en Políticas de la diferencia. Arte iberoamericano de fin de siglo (2001), Valencia: Generalitat Valenciana. Este libro corresponde a la exposición homónima curada por Kevin Power y Fernando Castro Flores, organizada por el Consorcio de Museos y la Subsecretaría de Promoción Cultural de la Comunidad Valenciana. 

La presente es la primera publicación del texto en versión digital en Ecuador bajo nuestra línea Paralaje Ediciones (2023). El prólogo, edición y diagramación fueron realizadas por Ana Rosa Valdez. La imagen de portada está basada en un diseño original de Oswaldo Terreros.

Texto disponible en PDF: Antiguedades recientes en el arte ecuatoriano – Lupe Alvarez (Paralaje Ediciones)

Prólogo al ensayo “Antigüedades recientes en el arte ecuatoriano” de Lupe Álvarez: Por una cultura de los antecedentes

El ensayo “Antigüedades recientes en el arte ecuatoriano” de Lupe Álvarez es probablemente el texto crítico más crudo e interpelante que inauguró el nuevo milenio con una actitud incisiva hacia los problemas más complejos y profundos de la escena e institucionalidad cultural en el Ecuador. La autora disecciona las condiciones en que acontece una transformación paulatina en la forma de concebir la creación artística que comienza a definirse a partir de los criterios del arte contemporáneo, dejando atrás y cuestionando de forma persistente las definiciones de arte que constituyeron el paradigma estético moderno en el país a lo largo del siglo XX. Álvarez analiza estructuralmente el funcionamiento de la esfera del arte local, detectando causas que originaron un escenario inicialmente precario y agreste para la emergencia de nuevos criterios capaces de acoger las prácticas artísticas finiseculares. Ahonda en cuestiones relativas a las políticas culturales, los museos, la academia, los salones, la crítica, el coleccionismo y el mercado del arte, desde una perspectiva culturológica que devela la conformación histórica de estas infraestructuras, sus fundamentos ideológicos y modos de operar que, a inicios de los 2000, resultaban insuficientes para albergar lo nuevo. Desbroza metodológicamente la configuración de un “estigma de lo propio”, el apego a lo vernáculo por la vía patrimonialista y el temor a lo foráneo que, en un momento caracterizado por los estudios sobre la globalización y el multiculturalismo en el escenario internacional, impedían reconocer el valor de los referentes de otras latitudes para superar una visión nacionalista del arte y comenzar a hablar “desde lo local”. 

En el acápite “Entrando al baile”, se traza un horizonte de entendimiento de las prácticas artísticas emergentes, refiriéndose a un florecimiento que “emerge de la crisis, del fanguero social y de la falta de credibilidad de las instituciones (las del arte también, por supuesto), del agotamiento de los discursos oficiales, y del derrumbe de antiguas glorias. Se ha esparcido la certeza de que, al no tener nada que perder, hay terreno propicio para asaltar los viejos templos”. Aunque cuando se suscribió este ensayo, en el año 2000, no existía un escenario propicio para las nuevas propuestas, la autora destaca la capacidad de agencia de artistas jóvenes que buscaron a tientas nuevos escenarios para su producción creativa. Por medio de sus obras, abordaron las conflictividades sociales de una manera renovada, más allá de programas ideológicos o posturas militantes, abrazando la capacidad crítica de la ironía, el escepticismo o una actitud distante con respecto a los fenómenos sociales con el propósito de discernir su complejidad. Álvarez refiere con claridad meridiana los signos del arte contemporáneo en ciernes: 

El arte nuevo trata de recuperar su lugar en la vida pública abordando problemas de la agenda social con lenguajes que interpelan de manera más eficiente a la conciencia colectiva. Sus signos son: la apertura hacia morfologías que provienen de la herencia conceptual, puestas en escena con sentido de momento y lugar; ruptura con la tendencia mistificadora e idealizante al enfrentarse a los emblemas de la ecuatorianidad; y, enfrentamiento a la tendencia de fijar contenidos críticos en estéticas predecibles y estilos de autor. Uno de los rasgos de mayor interés en este reverdecimiento de la relación arte-sociedad es la realización de acciones colectivas como un modo de evidenciar la respuesta del gremio artístico ante circunstancias demandantes.

La autora se refiere a ciertos artistas que tienen la “voluntad de tomarse espacios infrecuentes”, y que gana terreno “la noción ampliada del arte que lleva implícita una visión estratégica e instruida del acto creativo, medida en su pertinencia y capacidad de inserción”. Menciona, además, que más allá de una actitud provinciana, “se esparce también la voluntad de participar de los avances del discurso sobre el arte emitido desde América Latina”. Trabajar de manera colectiva y no casarse con un solo medio, sino explorar la interdisciplinariedad, también son rasgos característicos. 

Aunque en este ensayo la teórica del arte esboza un perfil tentativo del arte contemporáneo local en los años noventa, en una entrevista reciente sostiene que este se caracteriza por su falta de definición. Se refiere a las ideas de Nelson Goodman, quien explora el cambio de paradigma del arte con respecto al modernismo y la imposibilidad de responder a la pregunta de “¿qué es el arte?”, la cual sustituye por la interrogante “¿cuándo hay arte?”. Álvarez señala: “Lo situacional empieza a ser la característica fundamental de estas prácticas, que se desentienden de la idea de una producción enclavada en objetos […] Mi aproximación al arte contemporáneo pivota alrededor de las siguientes categorías: situacional, desmaterialización, antiforma, discursividad, performatividad y textualidad” (entrevista personal, enero 2021). Estas coordenadas guiaban su pensamiento sobre el arte contemporáneo cuando llegó al Ecuador en 1995, y comenzó a trabajar como docente e investigadora en el Centro Ecuatoriano de Arte Contemporáneo (CEAC), cuyo equipo forjó un terreno propicio para el reconocimiento, análisis e interpretación de las prácticas del arte que entonces se abría paso a codazos en el medio. “Antigüedades recientes en el arte ecuatoriano” es fruto del trabajo de Álvarez en este espacio, que se enriquecía con la labor colectiva. 

En el texto se encuentran reflexiones sesudas y de avanzada sobre el trabajo de varios artistas —algunos emergentes en ese momento— que en la actualidad constituyen referentes de las prácticas contemporáneas del arte en el Ecuador: Pablo Cardoso, Artes No Decorativas S. A. (integrada por Manuela Ribadeneira y Nelson García), Tomás Ochoa, Ana Fernández, Adrián Washco, Juan Pablo Ordóñez, Miguel Alvear, Patricio Palomeque, José Avilés, Paco Salazar, Patricio Ponce, Lucía Chiriboga, José Luis Celi, Jenny Jaramillo, César Portilla, Wilson Paccha, Jorge Velarde, Vivian Bibliowicz, María Teresa García, Judy Bustamante y María Rosa Jijón. De igual manera, se menciona la importancia de espacios autónomos que permitieron la circulación de nuevas corrientes: El Pobre Diablo y la Galería Madeleine Hollaender.

Este ensayo es capital para la historia del arte contemporáneo en el Ecuador; sin embargo, la presente edición es la primera que se realiza en este país, en versión digital, de manera autogestionada. Lupe Álvarez, quien forma parte de nuestro staff como asesora de contenidos y debates, ha perfilado una de las trayectorias más prolíficas en el campo de la teoría e historia del arte, curaduría, crítica y docencia en el país y la región. A ella debemos uno de los enunciados que guía nuestro trabajo en Paralaje: “Por una cultura de los antecedentes”. El texto que presentamos calibra este horizonte, que trasciende cualquier indicio de consigna para aterrizar en una práctica concreta: editar textos relevantes para la historia del arte en el Ecuador y América Latina, renovando así las interpretaciones que podemos darles en el presente. Agradecemos a la autora por esta contribución a Paralaje Ediciones. 

Ana Rosa Valdez

Directora editorial

Paralaje

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